Opinión

Al borde de la extinción: el caso del urogallo en Aragón

El ser humano es un formidable, avezado e implacable depredador de recursos del planeta, principal causante del calentamiento global y del cambio climático, así como en factores explicativos de extinción de monumentos, de especies y biodiversidad incluida potencialmente su propia extinción dado el arsenal nuclear existente.

El ser humano es un formidable, avezado e implacable depredador de recursos del planeta, principal causante del calentamiento global y del cambio climático, así como en factores explicativos de extinción de monumentos, de especies y biodiversidad incluida potencialmente su propia extinción dado el arsenal nuclear existente. Crónica de una extinción anunciada es la del bucardo, magnífica subespecie de cabra ibérica que cito en mi novela histórica “Misterios y magia de Aruej” situada en el Valle del Aragón en el siglo XI. El último ejemplar de bucardo se llamaba Laña y murió por causas naturales en enero de 2000 en el Parque Nacional de Ordesa.

Actualmente existe una excelente joya ornitológica, emparentada con la perdiz nival y más lejanamente con las gallinas, denominada urogallo que está también en grave peligro de extinción, según el catálogo del MITECO. También tiene un Plan de Conservación que se demuestra poco eficaz, como también en el caso del bucardo, ya que en 1990 teníamos en Aragón 154 machos, mientras que en el último censo de 2017 ya sólo quedan 40.

Son muy diversas las causas del declive y peligro de extinción del urogallo pero especialmente conviene tomar nota de factores relacionados con la actividad humana por lo referido al deterioro de hábitats por el cambio climático, aspectos relacionados con el turismo y otras actividades tal y como señalan diversos informes científicos, destacando los de la organización internacional SEO BirdLife.

Economía y Ecología no deberían ser incompatibles sino complementarias, en este caso entre otros aspectos mediante el turismo ornitológico. Esperemos que no tengamos que lamentarnos y que el urogallo no sea en próximos años sólo un bonito recuerdo, como el bucardo o la iglesia románica de San Vicente Mártir en Aruej. La ambición humana y la desidia en ocasiones parecen no tener límites.