Opinión

Malos tiempos para la cultura

La cultura en Aragón no pasa por su mejor momento. Ese momento dulce de la cultura aragonesa que se palpaba en el ambiente en enero de 2023, después de la concesión de los premios Goya al mejor documental de Gaizka Urresti y Paula Labordeta, Labordeta un hombre sin más, y el merecido homenaje al recientemente fallecido Carlos Saura, se han ido diluyendo paulatinamente con ingredientes agridulces y con frecuentes trabas que dificultan la expansión cultural y su manifestación en libertad en todos los ámbitos
Ariño

La cultura en Aragón no pasa por su mejor momento. Ese momento dulce de la cultura aragonesa que se palpaba en el ambiente en enero de 2023, después de la concesión de los premios Goya al mejor documental de Gaizka Urresti y Paula Labordeta, Labordeta un hombre sin más, y el merecido homenaje al recientemente fallecido Carlos Saura, se han ido diluyendo paulatinamente con ingredientes agridulces y con frecuentes trabas que dificultan la expansión cultural y su manifestación en libertad en todos los ámbitos. Porque, lamentablemente, en los últimos meses ha cambiado el panorama cultural. Aunque puedan parecer hechos aislados y sin demasiada relevancia, la realidad es otra. Son episodios, fruto de unas decisiones políticas polémicas y discutibles, que han convertido a la cultura en el punto de mira.   

Porque es una pena que el cambio de color político afecte de manera directa e indirecta a manifestaciones culturales, a ámbitos culturales y salpique incluso a personas que desempeñan su responsabilidad de manera ejemplar. Todo empezó el pasado mes de diciembre. con la eliminación del festival Periferias de Huesca, una manifestación cultural multidisciplinar y vanguardista que ya había arraigado en la capital del Alto Aragón. Poco después, ya en febrero, el Ayuntamiento de Zaragoza, presionado por su socio de gobierno, canceló la programación cultural de Etopia, el Centro de Arte y Tecnología de la capital del Ebro.

Pero todo no queda ahí. También las decisiones políticas de este gobierno de derechas han conseguido rebajar –o degradar– la categoría e identidad de las lenguas de la Comunidad, considerando al aragonés y al catalán –lenguas que se hablan en Aragón desde su inicio como reino– simplemente como “variedades lingüísticas” y anulando su rango de cooficialidad con el castellano. Otro atentado contra la cultura, otra influencia de la política en los vaivenes culturales, otro paso atrás que deja a la cultura como un paisaje yermo y baldío.

No sé si es casualidad, pero en estos últimos meses hemos asistido sorprendidos a dos ceses de personas relevantes en el ámbito cultural y en los medios de comunicación. A finales de enero saltó a los medios de comunicación la noticia del cese fulminante de Chema López Juderías como director del Diario de Teruel. Aunque se adujeron motivos económicos, parece ser que hay un trasfondo político en esta polémica destitución. También sorprendió la noticia del cese del catedrático de Historia en la Universidad de Zaragoza, Alberto Sabio, como director del Instituto de Estudios Altoaragoneses. Una decisión que deja muchos interrogantes en el aire, ya que se interrumpe una trayectoria ejemplar de cuatro años impulsando la cultura, las artes y la literatura en la capital oscense.

De todos modos, hay que decir, en honor a la verdad, que la cultura todavía goza de buena salud en Aragón. Pero estas muescas, estas trabas, estos palos en las ruedas son un toque de atención y un freno a iniciativas que iban por un buen camino y que no deberían haberse visto afectadas por el rodillo de la política. Porque la cultura merece un hueco y una consideración como soplo de libertad y creatividad, gobierne quien gobierne.