Opinión

La magia de Víctor Fernández

Está a punto de terminar la temporada –una temporada con más pena que gloria –y nuestro Real Zaragoza no solo sigue en segunda división, sino que, a falta de cinco jornadas para el final, todavía no tiene asegurada su salvación matemática.
Ariño

Está a punto de terminar la temporada –una temporada con más pena que gloria –y nuestro Real Zaragoza no solo sigue en segunda división, sino que, a falta de cinco jornadas para el final, todavía no tiene asegurada su salvación matemática. Ya son once años en el pozo de Segunda y esta última está siendo una de las más decepcionantes. Después de un inicio explosivo, con cinco victorias consecutivas, el equipo ha ido perdiendo fuelle y se encuentra todavía en el pelotón de la categoría. Es una pena, la verdad.  A la vista de esta situación, las preguntas de los aficionados son directas, muestran preocupación y se orientan hacia la reflexión y la crítica. Porque esta afición – una de las mejores de España– no se merece el espectáculo que ha dado el equipo jornada tras jornada. Y no se trata de achacarlo todo a la mala suerte, a las lesiones o al factor psicológico. Se trata, sobre todo, de actitud, de compenetración, de buena preparación física y de acierto en los fichajes. Lo que está claro es que, a pesar de cambiar de director deportivo y de ser el cuarto club con más presupuesto de la categoría de plata, su rendimiento ha defraudado a los aficionados.

Ni Fran Escribá ni Julio Velázquez han sido capaces de reflotar una nave a la deriva desde el segundo mes de competición. Ha tenido que ser un aragonés, un zaragocista, un entrenador con experiencia al frente de numerosos equipos el que, por cuarta vez, ha cogido el timón de la nave y, de momento, ha sacado del pozo a un equipo que iba de cabeza a Primera Federación. Víctor Fernández, que inició su andadura como entrenador del Real Zaragoza en la temporada 1990-91, y que salvó al equipo de descender a segunda en la famosa eliminatoria, ha vuelto al frente de la plantilla, en esta ocasión con más experiencia y con gran amor a sus colores. Su concepción del fútbol es muy distinta a la de los anteriores entrenadores y se caracteriza por reforzar las zonas de ataque, con una buena defensa y, sobre todo, una buena posición de los jugadores en el campo.   

En este sentido hay que valorar positivamente, no solo la mejora del juego del equipo, sino la incorporación de jugadores de la cantera que están debutando últimamente en la primera plantilla. Adrián Liso y Pablo Cortés han sido los últimos en aprovechar los minutos que les ha concedido Víctor y demostrar que pueden tener un hueco en la plantilla, sobre todo de cara a la próxima temporada. Porque esta temporada, lamentablemente, ya está amortizada. Solo falta alcanzar los 50 puntos que marcan la línea de salvación para dar fin, una vez más, a diez meses de sufrimiento e incertidumbre. La confianza de la directiva y de los aficionados en Víctor y en su equipo técnico es total. Pero, de cara a la temporada 2024-25, quedan varios interrogantes por resolver: ¿Se repetirá el desacierto en los fichajes al igual que en temporadas anteriores? ¿Habrá una renovación total o parcial de la plantilla? ¿Se venderá a alguno de los jugadores importantes, como Alejandro Francés?   

De momento, esta es la triste realidad. Y lo peor de todo es que ya nos vamos acostumbrando a ver al Real Zaragoza en Segunda División. Las glorias y alegrías del pasado quedan ya muy lejanas. Y es una pena que los aficionados más jóvenes solo puedan revivir esos momentos gloriosos a través de la pantalla.