Opinión

La jota, Patrimonio Cultural

La pianista, escritora y docente universitaria Marta Vela acaba de publicar un nuevo ensayo sobre la jota aragonesa
Ariño
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La pianista, escritora y docente universitaria Marta Vela acaba de publicar un nuevo ensayo sobre la jota aragonesa. Después de la publicación de La jota, aragonesa y cosmopolita (Pregunta ediciones, 2022), acaba de salir de la imprenta La jota, aragonesa y liberal, una nueva obra que continúa la línea de la anterior y que es fruto de una ardua tarea de investigación y de una selecta documentación sobre la historia de la jota aragonesa durante el siglo XIX. Tal como afirma Carmelo Artiaga en el prefacio, “Este libro se revela fundamental para conocer la historia de la jota aragonesa que es, en suma, la historia de Aragón y de España, pero también de Europa y del mundo”. Hace hincapié, además, en el papel de la jota como expresión de la lucha por las libertades y derechos al inicio del siglo XIX. En esta misma línea incide Miguel Ángel Yusta en el prólogo, destacando la expansión de la jota en Europa y su universalidad y cosmopolitismo.

A punto de ser declarada por la UNESCO Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, el libro de Marta Vela es una nueva e importante aportación a los estudios sobre la jota y su influencia en la sociedad, en la política y en la literatura. La autora sigue las huellas del compositor y organista de Alagón, Florencio Lahoz, y del compositor vasco Sebastián de Iradier para situar al lector en el epicentro de las guerras carlistas –hay una detallada referencia al 5 de marzo de 1838 en Zaragoza– e iniciar un recorrido por los vaivenes políticos y sociales del siglo XIX, desde el fallecimiento de Fernando VII hasta la Revolución de 1868 y el exilio de Isabel II. Florencio Lahoz, con el éxito de su Nueva jota aragonesa, en 1841, abre el camino a una manifestación popular que se transformará progresivamente en una aliada en la lucha por las libertades y en un soporte de la incipiente democracia liberal decimonónica.

Son muchos los representantes sociales, culturales y literarios que intervienen en este entramado musical que convive y se codea con la ópera. A ello contribuye el éxito popular de las coplas de Sebastián de Iradier y la presencia en España de Paulina Viardot-García, cantante de ópera y compositora francesa. Su correspondencia con la escritora George Sand afianza la relación entre España y Francia y abre el camino al binomio arte y libertad y a la propagación de los viajes exóticos culturales y literarios. Todo ello será un sedimento que influirá en el joven Florencio Lahoz, que en el Madrid de 1840 conocerá la importancia de la jota como defensora del ideario liberal, con la aparición de la comedia La Pata de cabra del francés Juan de Grimaldi, en la que los músicos interpretan dos coplas de una jota aragonesa, y con la Jota de las avellanas de Iradier. Una de las manifestaciones musicales posteriores, la Jota de los estudiantes, del compositor ruso Mijail Glinka, así como la Rapsodia Española del austríaco Franz Listz, podrían estar influenciadas por las composiciones de Florencio Lahoz. Lo que está claro es que este abanico de manifestaciones musicales populares se va enriqueciendo y llega hasta París e incluso hasta Moscú.      

A lo largo del siglo XIX, tal como refleja el libro de Marta Vela, la jota se convierte en una manifestación relevante de la canción popular española de la que se hacen eco escritores como Benito Pérez Galdós o compositores como el violinista Pablo Sarasate o Manuel de Falla, ya en los albores del siglo XX. La jota llega incluso hasta Londres, de la mano de Sebastián Iradier, con La jota de los toreros, y se convierte incluso en entretenimiento de la acomodada sociedad burguesa. Eso sí, sin perder su aliento popular, traspasa nuestras fronteras y, ya en pleno siglo XXI, sigue gozando de buena salud. Porque la jota no solo se interpreta en acontecimientos puntuales, sino que es un sustrato cultural que, gracias a los investigadores, llega a todas las capas sociales y sigue su andadura por el mundo en busca de un merecido reconocimiento internacional.