Opinión

Una explosión de color

El 27 de septiembre tuve la oportunidad de asistir a la inauguración de la exposición Broto. El viaje 1994-2022 en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza.

El 27 de septiembre tuve la oportunidad de asistir a la inauguración de la exposición Broto. El viaje 1994-2022 en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza. El pintor zaragozano expone en las salas Saura y Goya una muestra selecta de lo que ha creado durante los últimos treinta años. De todos modos, su trayectoria artística es más dilatada y ha evolucionado positivamente desde sus primeros años en Zaragoza y su estancia en Barcelona desde 1972 hasta 1985, año en el que se trasladó a París. Fue precisamente en Barcelona cuando lo conocí en persona. En noviembre de 1982 me acerqué a entrevistarlo al barrio de la Ciudad Condal donde vivía para publicar sus impresiones y proyectos en una sección del Diario de Teruel titulada Aragoneses en Barcelona. Me causó una grata impresión: una persona sencilla, agradable en el trato y sin que la aureola de la fama se le haya subido a la cabeza. Fue precisamente en Barcelona donde lideró la fundación de la revista de pintura Trama, con el apoyo de Antoni Tapies y de otros artistas.

El recorrido por las salas, donde permanecerán sus obras hasta mediados de febrero de 2024, invita a detenerse delante de cada cuadro y dejarse invadir por el aliento expresivo de sus trazos y la riqueza de sus colores. Unos colores que manifiestan contraste, armonía, y que despiertan los sentidos y la imaginación. Así habla Broto de su intención al crear este mundo cromático que hechiza al amante del arte abstracto: “El color es protagonista y es estructural. Intento usar colores que sean brillantes y a veces lo que quiero es hacer armonías un poco difíciles, como poner dos colores que se sabe que realmente no armonizan bien, pero trato de forzar eso hasta que se vea que la lucha queda en paz o la gano yo”.

Hay muchas maneras de interpretar cada una de las creaciones de Broto, ya que la pintura abstracta no invita precisamente a una visión realista de lo cotidiano. En el caso de los cuadros del pintor –la mayoría de grandes dimensiones– lo que importa es descubrir el aliento optimista de muchos de los colores vivos y expresivos, el eco de vivencias alegres y esperanzadas más o menos sugeridas y el contacto con una nueva naturaleza, tan viva como la que podemos descubrir en los paisajes otoñales o primaverales. En este momento, José Manuel Broto está en plena madurez artística y creativa. Reconoce que la pintura es lo que le da vida día tras día y que se ha vuelto más contemplativo. El regreso a su ciudad natal y la exposición de algunos de sus cuadros en el emblemático edificio universitario consagran al pintor aragonés como uno de los más relevantes de finales del siglo XX y principios del XXI. A lo largo de su andadura creativa ha recibido numerosos premios y reconocimientos como el Premio Nacional de Artes Plásticas, en 1995 o el Premio Aragón Goya de Grabado, en 2003. Además, sus obras están presentes en diversos museos y colecciones de España, Francia, Japón, Alemania, Holanda y Suiza.

Después de la inauguración, intercambié unas palabras con José Manuel y mostró la misma sencillez, atención y afabilidad que hace más de cuarenta años en su pequeño estudio de Barcelona.