Opinión

Cuarenta años de cultura

Tengo entre mis manos el último número de la revista cultural TURIA, que acaba de celebrar recientemente sus cuarenta años de historia. Aquella publicación que vio la luz en el ya lejano 1983, de la mano de Raúl Carlos Maícas, un joven inquieto turolense, sigue gozando de buena salud y continúa a la cabeza de las publicaciones literarias actuales.

Tengo entre mis manos el último número de la revista cultural TURIA, que acaba de celebrar recientemente sus cuarenta años de historia. Aquella publicación que vio la luz en el ya lejano 1983, de la mano de Raúl Carlos Maícas, un joven inquieto turolense, sigue gozando de buena salud y continúa a la cabeza de las publicaciones literarias actuales. Esta revista de periodicidad cuatrimestral se ha convertido, además, en un referente para los lectores más exigentes, publicando textos inéditos y ambiciosos monográficos, como el dedicado al poeta aragonés Ángel Guinda, fallecido en 2022. Se ha convertido, además, en una de las revistas culturales de referencia, gracias a su difusión nacional e internacional. Tal como afirma Luis Landero en una entrevista, “Turia es la revista literaria más grande del país y se hace en la capital más pequeña, Teruel”. Se acaban de celebrar también los 75 años del Instituto de Estudios Turolenses, editor de esta revista, que cuenta también con el apoyo de la Caja Rural de Teruel, el Ayuntamiento de la capital y el Gobierno de Aragón. Su último ejemplar se presentó el pasado mes de noviembre en Teruel y en la sede central del Instituto Cervantes, en Madrid. Desde el año 2013, TURIA cuenta también con una versión digital.

Muchos lectores quizás no conozcan el origen del nombre de esta publicación turolense. Tal como afirma el escritor y periodista Juan Domínguez Lasierra –esposo de Ana María Navales, que fue codirectora de TURIA durante sus primeros años– “tomó su nombre en recuerdo de la vieja Revista del Turia (1881-1888) y un poco de su espíritu. Fundada por Joaquín Guimbao, se constituyó en portavoz de la inquietud intelectual y literaria del Teruel de finales del siglo XIX”. Fue una revista ambiciosa, aunque de vida efímera, que se hizo eco, dentro de la corriente regeneracionista, de aspectos socioeconómicos de Aragón y, sobre todo, de Teruel, como el problema –todavía sin resolver– de las comunicaciones por ferrocarril con otras provincias cercanas. Destacaban, además, las publicaciones científicas y literarias. En la revista actual predomina lo literario, con una selección de artículos de los escritores más prestigiosos, con talleres de prosa y de poesía, monográficos y conversaciones, con una sección dedicada a Aragón y a Teruel y con las reseñas bajo el epígrafe La Torre de Babel, en la que tengo el honor de colaborar desde hace más de veinte años. No hay que olvidar las reflexiones del director de la revista, que plasma sus vivencias cotidianas y retrata el pulso de la Ciudad de los Amantes con una mentalidad abierta, tolerante y cosmopolita.

Raúl Carlos Maícas ya prepara su primer número de 2024, que tendrá un monográfico dedicado a Franz Kafka. La publicación sigue teniendo como seña de identidad el rigor, la calidad y la independencia. Desde el número 0 al 148, ha ido creciendo en cantidad y calidad y se ha mantenido fiel a esa proyección universal, a ese mestizaje cultural y a ese afán creativo con el sello de la originalidad. Hay que valorar también la calidad de sus portadas, cada una con distinto color, y las ilustraciones que encabezan cada una de sus secciones. Ha habido incluso personas que la han bautizado como la Revista de Occidente de Aragón, un elogio que se corresponde con la realidad. Es una suerte poder contar con esta publicación cada tres meses y leerla como si fuera un ensayo plural, con un lenguaje cuidado y un estilo sugerente. Larga vida a esta revista que llega a miles de lectores y manifiesta su amor a la cultura y su aliento renovador y vanguardista.