Opinión

Diplomacia española contemporánea

No soy diplomático ni conozco mucho de tan noble arte, pero tengo una cosa clara: cualquier decisión que adopte un gobierno en política internacional, primero, debe ser una decisión “de país”, adoptada con todas las fuerzas políticas del Estado

No soy diplomático ni conozco mucho de tan noble arte, pero tengo una cosa clara: cualquier decisión que adopte un gobierno en política internacional, primero, debe ser una decisión “de país”, adoptada con todas las fuerzas políticas del Estado, sobre todo cuando hay evidentes y públicas discrepancias; segundo, debe ser educada, proporcionada, medida, oportuna y no generar conflictos y tensiones innecesarias que puedan provocar que otro país (y/o sus aliados) adopte medidas de represalia; y tercero, debe ser útil y beneficiosa para el país.

Pues bien, partiendo de esas premisas, de las últimas decisiones relevantes que ha adoptado España en política internacional, ¿en cuántas se cumplen una sola de ellas? Me atrevo a decir que en ninguna. En todas ellas (Sahara, Argentina, Palestina) se cumple el mismo patrón: se adoptan por el gobierno de modo unilateral, sin hablar ni consensuar con la oposición esa posición “de país” (de hecho, creo que disfrutan sabiendo que no va a gustar), generan de modo gratuito conflicto y tensiones con otros países y no se obtiene beneficio alguno de ellas para todo el país -en todo caso consigue alguna ventaja el gobierno, en especial, el partido mayoritario y el presidente.

No comparto esta nueva manera chusca, inútil y partidista de hacer política internacional, la cual solo nos puede traer problemas que, en condiciones normales, no deberían suceder. Urge que la racionalidad y la ilustración regrese a nuestros gobernantes, también en política exterior.

PD. De la tremenda humillación que conlleva para la nación la amnistía y de la única utilidad personalista que lleva aparejada, que no abandone el poder el presidente de la mitad de los españoles, ya hablamos otro día con más calma.