Opinión

Democracia es lo que digo yo

La democracia contemporánea es un sistema que, tratando de desterrar los caudillismos -modo tradicional de gobierno de las sociedades humanas, basado en el capricho y arbitrio del líder y guía de la tribu-, se funda en la ley como vértice del sistema

La democracia contemporánea es un sistema que, tratando de desterrar los caudillismos -modo tradicional de gobierno de las sociedades humanas, basado en el capricho y arbitrio del líder y guía de la tribu-, se funda en la ley como vértice del sistema; ley que, salvo unos pocos casos, sujeta a todo miembro de dicha sociedad y que cuanto más consensuada sea, mejor, para que de ese modo más ciudadanos se identifiquen con ella y mayor grado de paz social a medio-largo plazo pueda existir.

Cualquier sistema democrático moderno disfruta, básicamente, de dos planos: el formal y el material. En el formal se incluirían todas las normas procedimentales que regulan los procesos electorales; el material radicaría en la Constitución, resto de leyes y normas que ordenan y regulan nuestros comportamientos y acciones sociales y, por último, en una cuestión todavía más importante y que es la que aglutina y da forma y sentido a todo: la ética o cultura democrática de un país, los comportamientos aceptados como correctos por la mayoría en un país, algo que, evidentemente, se refleja en sus políticos.

En este país dominamos muy bien la democracia formal. Pocos países en el mundo realizan y ejecutan comicios electorales de modo tan impecable como España. En esto, somos de 10.

Otra cosa es la cultura democrática de nuestra sociedad, donde somos algo primitivos (hubo otras épocas en que fuimos pioneros). Las luchas de poder estatal/regional/estatal-regional (algo anacrónico y muy propio y característico de España) se enfocan y entienden como una especie de guerra dirigida a detener, aplastar o denigrar al contrario. No se acepta bien que gobierne el otro y se hace todo lo posible por despellejarle y mostrarlo como alguien indeseable.

En ese proceso de aplastamiento del oponente, en España, hoy, valen muchas actitudes y comentarios impropios en sociedades maduras, racionales, tranquilas y respetuosas con la ley, habiéndose llegado al punto de que un Presidente de España se ha tomado cinco días de reflexión para ver si le merecía la pena seguir adelante por la cantidad de noticias falsas que hay y ha habido desde hace 10 años alrededor suyo y de su familia.

Al respecto, ¿existen mecanismos en nuestro sistema legal para que cualquier ciudadano pueda defenderse de noticias insidiosas, injuriosas o falsas sobre su persona o familia que puedan aparecer en los medios de comunicación? Los hay, y se llaman leyes y tribunales. Pues bien, pese a existir unos remedios legales y tasados para combatir los ataques ilegales que el Presidente manifiesta que ha recibido, Sánchez se ha saltado cualquier ética democrática y ha buscado -como se realiza en los estados donde no rige una ley elegida en un parlamento plural sino donde la ley es la voluntad y capricho de un caudillo y sus secuaces (partidos, sindicatos y cualquiera que apoya o vive del poder)-, acudir a procedimientos apartados de la ley, que exploran una adhesión sentimental y afectiva de la población a ese líder o caudillo para usarlos como fuerza fáctica contra aquellos ataques, acusaciones y denuncias que puede recibir. En definitiva, nuestro Presidente ha utilizado una estrategia que, sin estar prohibida, está fuera de lo que marca la ley como la manera apropiada y civilizada de llevarlo a cabo. Es, en cuanto a cultura democrática, una actuación reprochable la de nuestro Presidente. Ha acudido a recursos propios de sociedades donde el poder se elige en base a movimientos populares, no democráticas materialmente (y formalmente, si no hay elecciones periódicas). Y esto es lo grave y lo decepcionante, que estamos entrando en una senda indeseable, con movimientos y reacciones poco ortodoxos y estrambóticos, que nos acerca a países y culturas políticas de los que hay que huir.

En cualquier caso, y a pesar del escaso apoyo popular, que es lo que buscaba (y a lo mejor también por eso), nuestro Presidente, siguiendo el guion previsto, ha decidido seguir (hasta que sus socios le dejen caer, una vez que le chupen la sangre a España, que a ver si se puede revertir la herida en próximos años).

AVE PEDRO.