Opinión

El Puente de Santiago en Zaragoza (IV)

El Puente de Santiago nace de la necesidad de comunicar ambas orillas del río Ebro con un viaducto ancho para circular por varios carriles, emplazado en el centro urbano, y que permitiera la fácil conexión con las carreteras que se dirigían al norte (Huesca y el Pirineo Central), al este (Cataluña), al oeste (Navarra y La Rioja) y al sur (Teruel y el Levante español). 
José Garrido Palacios

El Puente de Santiago nace de la necesidad de comunicar ambas orillas del río Ebro con un viaducto ancho para circular por varios carriles, emplazado en el centro urbano, y que permitiera la fácil conexión con las carreteras que se dirigían al norte (Huesca y el Pirineo Central), al este (Cataluña), al oeste (Navarra y La Rioja) y al sur (Teruel y el Levante español). 

Ese era el objetivo de la población y del Consistorio zaragozano cuando mediaba el siglo XX. Recordemos al respecto que en aquel tiempo se estaba generalizando el uso del automóvil rodado, Zaragoza y Aragón se estaban industrializando y se desarrollaban a gran velocidad, y la afluencia de ciudadanos a la capital para trabajar procedentes del medio rural era cada vez más intensa.

A la vez, las comunicaciones que ofrecía Zaragoza para el paso del Ebro no eran otras que los puentes de Piedra (con 12 m de ancho) y del Pilar (con problemas en los cimientos), ambos estrechos, con deterioros frecuentes por las riadas y las infraestructuras. Todavía quedaba una pasarela para viandantes situada a la altura de las ruinas de la muralla romana y el Torreón de la Zuda, antiguo palacio musulmán; mas era muy limitada y le quedaban pocos años.

Esas fueron las necesidades que reclamaban los ciudadanos y la situación urbana que se encontró el alcalde Luis Gómez Laguna, durante su gestión en los años 1954-1966. Pues bien, casi en el mismo sitio de la pasarela se levantó el puente denominado Santiago, diseñado por el Ministerio de Obras Públicas y el Ayuntamiento de Zaragoza, y ejecutado por la constructora Dragados y Construcciones S.A., con la dirección facultativa del ingeniero Tomás Mur Villaseca. Las obras se iniciaron el año 1961 y concluyeron seis años más tarde.

Las dimensiones del Puente de Santiago son espectaculares, pues tiene una longitud de 187 metros y una anchura de 32, por lo que fue llamado entonces como el ‘más ancho de España’. Dispone de seis carriles, tres en cada sentido, y aceras en los lados de 4,5 metros de ancho. Además, desde la óptica de las características del viaducto, tiene una gran originalidad, dado que dispone de dos amplios arcos de 65 metros de luz cada uno en el centro del cauce del Ebro y dos arcos menores en las orillas, de modo que tiene un número par de arcos, algo inusual en esas edificaciones, lo que obligó a colocar un machón en el centro del cauce, la parte más profunda del río, que comportaba complicaciones en su fábrica. Pese a las opiniones opuestas de muchas personas, el ingeniero mantuvo su idea y la obra se llevó a cabo.

El Puente de Santiago fue inaugurado el 13 de marzo de 1967 con gran alegría de los zaragozanos, puesto que aportaba muchas ventajas a la circulación viaria y a los peatones. Permitía una conexión rápida hacia el norte, este y oeste, si bien la comunicación hacia el mediodía no tuvo un resultado óptimo, pues en la margen derecha del Ebro estaban las ruinas romanas, el Mercado Central y la avenida de Valencia que conducía a Teruel y Sagunto. Ese acceso era angosto y generaba el ‘efecto embudo’ al paso de vehículos, tanto para entrar como para salir de la ciudad. Hubo varios debates en el Consistorio y muchas críticas de la gente en general; pero, al final, se decidió mantener dichos monumentos en su lugar primigenio y procurar minimizar las servidumbres de la estrechez del paso.

Un hecho muy curioso tuvo lugar el 10 de mayo de 1970 con motivo del llamado ‘Día del Ebro’. Un encuentro en Zaragoza de representantes de todas las provincias españolas que lindaban con las orillas del Ebro, desde su nacimiento hasta la desembocadura. Una jornada festiva de satisfacción y amistad entre los ribereños del ‘Padre Ebro’ que permitió compartir la alegría del acontecimiento y la unión y amistad entre los distintos pueblos. Sin embargo, la idea inicial de repetir dicho acto con frecuencia por parte de las autoridades no pudo llevarse a cabo por distintos motivos. Nunca más se ha celebrado otro encuentro similar. Una pena.  

Desde el año 2011 circula el Tranvía eléctrico por el Puente de Santiago (solo por este paso) con la línea Calle El Mago de Oz (barrio de Valdespartera)–Avenida de la Academia, lo que permite una comunicación rápida entre el norte y sur de Zaragoza, el transporte de un número elevado de viajeros de un lugar a otro en pocos minutos, vertebrar la ciudad y reducir vehículos particulares en el interior de la urbe.