Opinión

El Puente del Pilar o de Hierro en Zaragoza (II)

Al este del Puente de Piedra de Zaragoza se construyó el del Pilar o de Nuestra Señora del Pilar –nombre oficial–, si bien es más conocido como el Puente de Hierro merced a su construcción con ese material a finales del siglo XIX, con modificaciones posteriores. Veamos, pues, ahora sus antecedentes.
José Garrido Palacios
photo_camera José Garrido Palacios

Al este del Puente de Piedra de Zaragoza se construyó el del Pilar o de Nuestra Señora del Pilar –nombre oficial–, si bien es más conocido como el Puente de Hierro merced a su construcción con ese material a finales del siglo XIX, con modificaciones posteriores. Veamos, pues, ahora sus antecedentes.

Todo parte de la destrucción del Puente de Piedra en 1643 a causa de una riada y, en consecuencia, la necesidad de levantar otro paso para cruzar la vía fluvial. Al año siguiente se erigió aguas abajo del anterior un Puente de Tablas, inaugurado por Felipe IV el 25 de noviembre de 1644.

Un incendio acaecido en 1713 arruinó dicho puente y solo quedó el de Piedra planeado por el francés Felipe Busiñac a mediados del siglo XVII. No obstante, pronto se elevó otro nuevo en el mismo lugar que perduró hasta el 16 de julio de 1801, destrozado por la crecida del río. En ese tiempo la ciudad se quedó con un solo paso del Ebro y, por ende, requería abrir otro en la zona oriental de Zaragoza.

Corrían las últimas décadas del siglo XIX, etapa histórica de notables cambios arquitectónicos. Uno de ellos era, sin duda, la del empleo del hierro en varias capitales europeas, en obras tan significativas como la Torre Eiffel en París (1889), la estación de Delicias en Madrid (1880-1969) y el Mercado Central en Zaragoza (diseñado en 1895 por Félix Navarro, arquitecto aragonés). 
El primer proyecto para erigir un nuevo puente en Zaragoza se aprobó en enero de 1887, presentado por el ingeniero Antonio Fernández de Navarrete y adjudicado a la empresa ‘La Maquinista Terrestre y Marítima’. El nuevo emplazamiento elegido se encontraba a 420 m al este del de Piedra, y cercano a la antigua Puerta del Sol y a la plaza de las Tenerías. Los comienzos del proyecto fueron difíciles por diversos factores y, de hecho, la dirección facultativa pasó a otros de la misma empresa: el ingeniero Salvador Pérez Laborda y Vicente Gasca.     

El Puente de Nuestra Señora del Pilar se inauguró el 18 de octubre de 1895, con unas dimensiones de 237,5 m de largo y 11,8 m de ancho, lo que se antojaba muy limitado a los zaragozanos. Decían que era estrecho para el paso de vehículos y viandantes, y con escasa visión de futuro por la creciente motorización urbana. A la vez, el material empleado obligaba a un mantenimiento costoso y al pintado frecuente de la infraestructura.  

La circulación de vehículos se fue incrementando con el devenir de los años y los atascos eran habituales, de modo que se pensó en repartir el tráfico para cruzar el río Ebro. El Consistorio decidió en 1938 que la entrada a la ciudad de norte a sur se realizara por el Puente de Piedra, mientras que la salida lo fuera por el de Hierro. Todo muy ordenado, salvo el tranvía eléctrico n.º 12, ‘Barrio Jesús’, que, tras su inauguración el día 3 de mayo de 1943, efectuaba su recorrido en ambos sentidos por el primero, con la ruta Avenida de Cataluña-Plaza de España.  

Otro inconveniente surgió a mediados del siglo XX por cuanto se detectó debilidad funcional de la obra hidráulica, lo que obligó a realizar su restauración. Después de muchos debates, al final se optó por mantener la obra primitiva para el paso de peatones y añadir dos plataformas curvas de hormigón pretensado para el tránsito de los vehículos. Con todo, el nuevo Puente del Pilar se inauguró el 5 de mayo de 1991.

Los nuevos pilares, alineados con los antiguos, y las dos plataformas que convergen con las entradas a la calzada principal, dan al conjunto un gran atractivo, muy favorecido por la combinación de los colores azul y blanco –elegidos por los ciudadanos–, y la conservación de los estilos antiguo y moderno.

A modo de resumen, traemos a la memoria que la zarzuela ‘Gigantes y cabezudos’ –obra de Manuel Fernández Caballero– se estrenó en el teatro Principal de Zaragoza en 1898; y un siglo después, en 1999, se volvió a cantar desde el citado puente con vistas al río Ebro, al Puente de Piedra y a la basílica del Pilar.

Unos versos de la obra musical nos recordarán siempre el Puente del Pilar o de Hierro. Rezan así: 
«Por fin te miro, / Ebro famoso, / hoy es más ancho, / y es más hermoso. / ¡Cuánta belleza!, / ¡cuánta alegría!, / ¡cuánto he pensado si te vería!».