Opinión

Infraestructuras del Canal Imperial de Aragón (IV)

La construcción del Canal Imperial de Aragón está inspirada, de alguna manera, en otros canales europeos, especialmente el de Languedoc o del Mediodía, por razones ya expuestas en artículos anteriores
José Garrido Palacios

La construcción del Canal Imperial de Aragón está inspirada, de alguna manera, en otros canales europeos, especialmente el de Languedoc o del Mediodía, por razones ya expuestas en artículos anteriores; si bien el conde de Sástago deja claro en su obra ‘Descripción de los Canales Imperial de Aragón y Real de Tauste’ (Zaragoza,1796), que el nuestro supera al francés en los usos y características técnicas de la obra.

Recordemos en ese sentido que, por ejemplo, los usos del Canal aragonés fueron los de riego y navegación, mientras que el canal galo solo estaba destinado al desplazamiento de buques por la vía fluvial. Por su parte, en cuanto a las infraestructuras, el conde de Sástago, en la citada obra, nos dice respecto al Canal Imperial que: «su profundidad generalmente de 9 pies de París (1 pie de Rey o París= 30,48 cm) desde la superficie de las aguas, en la qual tiene 64 pies de latitud, cuyo ancho vá disminuyendo hasta el plan, ó solera por medio del escarpe correspondiente. Esta latitud es mayor que la del célebre Canal de Langüedoc, que solo tiene 60 pies, y lo mismo la altura, 6 de profundidad, en la que el Imperial excede á aquel en tres pies». Así, pues, están claras algunas diferencias técnicas entre ambos canales.

Son cuantiosos los elementos arquitectónicos que alberga el Canal Imperial de Aragón, por lo que, con el ánimo de no ser exhaustivo, me centraré en los que considero esenciales, tales como las principales obras realizadas en El Bocal, origen de la vía fluvial, algunos puentes y almenaras, el acueducto sobre el río Jalón y las tres esclusas, aunque solo funciona una.

La longitud del Canal es de 108 km, desde Fontellas (Navarra) hasta el este de Zaragoza, con una anchura máxima de 24 m en superficie en el origen y 15 al final; mientras que en la solera (fondo del canal) la media es de 12 m. Esto infiere el perfil trapezoidal del Canal con terraplenes en los costados de tierra compactada. Ese material terroso predominaba en toda la vía fluvial salvo en los primeros 600 m, pues en ellos y en otros puntos débiles del recorrido disponían de sillares en los lados para protegerlos.

En el paraje del Bocal de Fontellas se encuentra el azud o presa de Pignatelli, lugar de derivación de las aguas del río Ebro al Canal Imperial, con una longitud de 232 m en la corona, 34 de ancha y 4,60 de alta. Todo ello de hormigón y sillares, entre otros materiales; muy recia y consistente para aguantar los embates de las corrientes fluviales. Así y todo, en 1873, con motivo de una intensa riada, se produjo la rotura de la presa y ocasionó graves daños en ella y en edificios anexos, por lo que el conjunto tuvo que ser reformado en profundidad.

Una de sus fábricas afectadas fue la Casa de Compuertas, erigida en el extremo occidental de la presa con once bocas rectangulares de 1,67x2,22 m y sus compuertas correspondientes. En la reforma de la Casa tras la crecida se mejoró la obra completa en general y se levantó una torre de ladrillo con un depósito de agua en su interior.

Las aguas provenientes del Ebro pasaban por las bocas de la Casa de Compuertas y se incorporaban al Canal Imperial hasta llegar –medio km aguas abajo– a la presa de Carlos V, inicio de la Acequia Imperial construida en 1530 por el arquitecto Gil de Morlanes el Joven. Aunque ahora está derruida en gran medida, fue modelo en algunos aspectos para levantar la obra de Pignatelli. A decir verdad, durante la instalación de la nueva presa se pensó en retirar todos los restos de la vieja, pero no se hizo. Por fortuna, se dejaron y han contribuido a que la presión del agua sea menor sobre las nuevas infraestructuras; reduciendo, por consiguiente, el riesgo de roturas.

Nos queda en dicho enclave el palacio de Carlos V, levantado por el mismo arquitecto y coetáneo de la presa homónima. Más tarde, fue modificado tras la gran avenida de agua acaecida en el último tercio del siglo XIX, como se ha dicho, con la dirección del Canal a cargo de Manuel Royo Uriarte. En tal ocasión, se construyó una nueva fachada del palacio con porche en planta baja y galería acristalada, que ha permitido proteger el escudo del emperador Carlos V, de alabastro y esculpido por el propio Morlanes el Joven.