Opinión

El Canal Imperial de Aragón en el contexto europeo (II)

En el artículo anterior dijimos que el Canal Imperial de Aragón se realizó entre 1776 y 1790, aunque dos décadas atrás, en tiempos del aragonés conde de Aranda, se inició el proyecto de su construcción. Pues bien, este y otros canales se erigieron en la misma etapa de nuestra Historia de España, que corresponde, como sabemos, a la Ilustración, periodo de la etapa borbónica (1714-1808) caracterizado por el conocimiento, el desarrollo económico, las ciencias, la razón y la búsqueda de la felicidad.
José Garrido Palacios

En el artículo anterior dijimos que el Canal Imperial de Aragón se realizó entre 1776 y 1790, aunque dos décadas atrás, en tiempos del aragonés conde de Aranda, se inició el proyecto de su construcción. Pues bien, este y otros canales se erigieron en la misma etapa de nuestra Historia de España, que corresponde, como sabemos, a la Ilustración, periodo de la etapa borbónica (1714-1808) caracterizado por el conocimiento, el desarrollo económico, las ciencias, la razón y la búsqueda de la felicidad.

Ese movimiento facilitó en muchos países el impulso de las actividades agrícolas y las comunicaciones, entre otros aspectos, que, más tarde, dieron lugar a la Revolución Industrial en la segunda mitad del siglo XVIII. En ese contexto hay que entender el interés de algunos ilustrados por la mejora de la agricultura, el transporte y el intercambio de mercancías.

En España, el desarrollo económico se inició a mediados de dicho siglo con el riojano Zenón de Somodevilla, marqués de la Ensenada, quien mejoró la navegación del río Ebro hasta Tortosa e impulsó los canales para el riego de los cultivos. También fueron notables las iniciativas del asturiano Pedro Rodríguez de Campomanes y del irlandés Bernardo Ward, al servicio del rey español Fernando VI, con proyectos de canales y caminos que sirvieran para comunicar toda la península ibérica con vías fluviales de riego y navegación conectadas entre sí, y estas con las aguas costeras. Todo ello con el fin de facilitar el rendimiento de la tierra laborable y el comercio.

Un ejemplo de lo anterior tuvo lugar en Aragón, pues, junto al Protector del Canal, el aragonés Ramón Pignatelli, el ilustrado gijonés Gaspar Melchor de Jovellanos dejó clara su opinión al respecto en el apartado ‘Por agua’ del ‘Informe sobre la ley agraria’ (1784), en donde dice: «¿Qué si el Ebro, tocando por una parte en Los Alfaques y por otra en Laredo, comunicase al Levante las producciones del Norte y uniese nuestro Océano Cantábrico con el Mediterráneo?».

En el territorio español, el Canal de Castilla fue el más antiguo, iniciado en 1753 con 207 km de longitud, el cual discurre por las provincias de Palencia, Valladolid y Burgos. Tuvo su época dorada en el ecuador del siglo XIX, momento en el que llegaron a navegar 400 barcazas de 27 y 42 toneladas; y, a la par, pretendía unir el mar Cantábrico con Segovia y Madrid. No obstante, con la llegada del ferrocarril a España, el tráfico fluvial de personas y mercancías declinó de manera notable, con su cese a partir de 1849. Actualmente cumple funciones de abastecimiento a núcleos, riego y ocio.

Recordamos asimismo los canales de Manzanares y Guadarrama. El primero comenzó su construcción en 1770, época de Carlos III, a pesar de que el deseo inicial (en tiempos de Felipe II) era su navegabilidad desde Lisboa a través del río Tajo, luego remontaría el río Jarama y llegaría a Madrid. Pero ciertamente solo se construyeron 16 km, hasta la décima esclusa, al sur de la capital. Después se clausuró por motivos económicos.

El canal de Guadarrama, en segundo término, se proyectó con el fin de unir Madrid con el río Guadalquivir en Sevilla y desembocar en el océano Atlántico a la altura de Sanlúcar de Barrameda. Los 667 km de trazado se consideraban muy ambiciosos, aunque se intentó su construcción en 1787, mas su vigencia fue muy corta, toda vez que las precipitaciones torrenciales del año 1799 destruyeron la presa de Las Rozas y la obra se abandonó sine die.

En el ámbito europeo traemos a la memoria otros canales que, en parte, sirvieron de modelo a los españoles. Uno de ellos es el francés del Midi o del Mediodía, llamado Real del Languedoc antes de la Revolución Francesa de 1789, el cual unía el río Ródano en Toulouse con el mar Mediterráneo en Sète. Se construyó en el siglo XVII (1665-1692) –el más antiguo de Europa–, y dos siglos después (1835-1856), se prolongó hasta el océano Atlántico, cerca de Burdeos, conformando el denominado canal de los Dos Mares. Hoy los canales se utilizan para el turismo, ocio y vivienda.

Interesante fue también el canal de Bridgewater, en el noroeste de Inglaterra, que conectaba las minas de Worsley con Manchester y comenzó a funcionar en 1761, si bien después se alargó hasta Leigh y Runcorn, respectivamente. Es considerado como el más viejo del país y modelo de otros hasta la llegada del ferrocarril Liverpool-Manchester (1830).

En suma, queremos dejar constancia de que el Canal Imperial de Aragón fue una gran empresa realizada a iniciativa de ilustrados aragoneses como Aranda y Pignatelli –amén de otros eruditos y en línea con la corriente europea–, que intentaban conseguir una vieja aspiración del Reino de Aragón: lograr una salida al mar que permitiera exportar sus productos, especialmente los agrícolas.