Opinión

El acueducto del río Jalón y las esclusas del Canal Imperial (VI)

Como ya se comentó en otros artículos, algunos de los elementos arquitectónicos más significativos del Canal Imperial son, sin duda, el acueducto del río Jalón y las esclusas del Canal Imperial que permitieron la navegación de los barcos y el transporte de viajeros y mercancías.
José Garrido Palacios

Como ya se comentó en otros artículos, algunos de los elementos arquitectónicos más significativos del Canal Imperial son, sin duda, el acueducto del río Jalón y las esclusas del Canal Imperial que permitieron la navegación de los barcos y el transporte de viajeros y mercancías.

Pues bien, en principio recordemos que la construcción del acueducto fue la más compleja del trazado fluvial, toda vez que, en el siglo XVI, fracasó el sifón a presión instalado por Gil de Morlanes el Joven por debajo de las aguas del Jalón en la antigua Acequia Imperial. Por ello, Ramón Pignatelli, en el XVIII, decidió construir un magno acueducto de sillería con roca caliza que salvara el desnivel del terreno por encima de dichas aguas.

La longitud de las murallas del acueducto asciende a 1.400 m, que alberga cuatro arcos de medio punto de 8,30 m de luz cada uno y bóvedas reforzadas con tajamares y estribos semicirculares y apuntados, que aportan gran robustez al conjunto. En la parte superior, el Canal tiene una anchura de 9,50 m flanqueado por dos caminos de sirga con 2,50 m.

A esta zona se puede acceder desde el nivel del suelo por tres sitios: un torreón octogonal que contiene una escalera de caracol que da nombre al paraje de ‘El Caracol’; otra escalera exterior situada junto a la almenara de San Martín –dotada de dos bocas y una gradería con treinta peldaños–, que cumple la función de regular el caudal del Canal y aliviar el agua sobrante; y, en tercer lugar, por un camino ascendente y suave que tiene su origen al oeste del torreón, a una distancia de 1.500 m.

Como elementos singulares del entorno, destacamos la solidez del propio acueducto, la encrucijada de dos notables humedales –el Canal Imperial y el río Jalón–, la Casa de Paradas, donde antaño se alojaron los trabajadores del Canal, la espectacular cascada de la almenara y el soto del río. Este soto es estrecho por la sustitución de la vegetación primitiva por otras de cultivo, si bien permite observar bellos paisajes que nos brinda la naturaleza con su diversidad de especies de flora y fauna.  

En lo que atañe a las esclusas, comentamos días atrás que había tres grupos de esclusas en el término municipal de Zaragoza: Casablanca, Valdegurriana y Torrecilla de Valmadrid. Los tres grupos tenían la misión de permitir la navegación por la vía fluvial hasta el mar Mediterráneo, mas eso no pudo realizarse por cuestiones técnicas y económicas. En los tres casos, las esclusas tienen una morfología oval y están construidas con sillares; y todas contribuyen a salvar el desnivel de 30 m de la orografía zaragozana. Al respecto, traemos a la memoria que el desnivel total del Canal Imperial es de 125 m, con una pendiente media del 0,08% que facilita navegar por ella en ambos sentidos.

Las esclusas –nombradas ‘inclusas’ en el siglo XVIII– eran «de mucha utilidad al comercio, y conveniencia á los vecinos de esta Capital», según el conde de Sástago en la obra ‘Descripción de los Canales Imperial de Aragón y Real de Tauste’ (Zaragoza,1796). Añadía igualmente que «A poca distancia del Canal en la parte inferior se halla una Casa llamada de San Carlos, vulgarmente la Casa Blanca que sirvió de almacén y alojamiento á los Dependientes, y en el día está arrendada, y sirve de Posada á los Pasageros: hay Capilla separada baxo la invocación de Nuestra Sra. del Pilar, y á corta distancia junto al camino Real un Pilón, ó Fuente llamada de los Incredulos con dos caños».  

Las esclusas de Casablanca, ubicadas en el km 81 del Canal y con una diferencia de altitud de 6,50 m, pertenecían al puerto de Casablanca compuesto por la Casa Blanca –que alude al color de su fachada– con los servicios apuntados arriba, un molino harinero con cinco muelas y un batán con ocho pilas. Todo ello con sus caballerizas y rodeado de una nutrida vegetación, colmada de sotos y alamedas que lo hacían muy atractivo.

En segundo lugar, al este de la capital zaragozana se encuentran las cuatro esclusas de Valdegurriana, emplazadas en el monte de Torrero, con un salto total de 13 m y las mismas características físicas que las anteriores. Además, a la entrada tiene la almenara de San Bernardo. Todo en buen estado de conservación. Por último, las tres esclusas de Torrecilla de Valmadrid se encuentran en el km 91 del Canal a una altura de 9,75 m. Su estado actual es ruinoso.

Me gustaría terminar este artículo con una mención al puerto de Miraflores ubicado en el monte de Torrero, el cual integraba la iglesia de San Fernando, almacenes, talleres, bodegas, graneros, hornos, caballerizas y una fábrica de aguardiente, entre otros edificios. Aparte, de acuerdo con el conde de Sástago, ‘hubo un varadero para secar los barcos (…) con habitación para los constructores, y a continuación un espacio arbolado para componer’. Este puerto fue inaugurado en 1786, coetáneo del citado arriba de Casablanca.