Opinión

Guerras carlistas

El pasado 2 de junio tuve el placer de presentar mi nuevo libro “Las guerras carlistas y los marqueses de Valde-Espina” en la biblioteca de Aragón, en un recorrido que estamos efectuando por las principales capitales españolas y en diferentes foros.

El pasado 2 de junio tuve el placer de presentar mi nuevo libro “Las guerras carlistas y los marqueses de Valde-Espina” en la biblioteca de Aragón, en un recorrido que estamos efectuando por las principales capitales españolas y en diferentes foros. Para mí resulta gratificante percibir el interés del diferente público que acude a las presentaciones, así como sus preguntas, opiniones y las ganas de adquirir un libro.

Todo esto es lo que nutre a los escritores y conferenciantes, las muestras de apoyo que alimentan las ganas de continuar investigando y aportando luces a las sombras y penumbras; sin embargo, y como ya va siendo habitual, una característica común de los grupos de personas que acuden es su mediana o avanzada edad.

Es un hecho relevante, puesto que aquellos que en su día vivieron una parte de la historia o bien recibieron las enseñanzas convenientes, gustan de recordar episodios, aportar vivencias, conocimientos o bien aclarar dudas que han mantenido en sus vidas sobre el qué y cómo ocurrieron determinados hechos.

Se trata de un libro de historia que aclara y presenta las claves de lo que ocurrió en España a principios del siglo XIX y que la marcaría para siempre transformándola de la potencia que era, también espiritual, a lo que es hoy en día. Temas como el valor, el compromiso, la defensa de unos ideales y lealtades a costa de los patrimonios personales, el valor de la fe y de la Tradición, girando todo ello entorno a las familias, tan importantes en aquellas épocas para la vida de las personas y que actualmente han sido reinventadas y reprogramadas.

Es decepcionante que la enseñanza no sesgada de la historia se haya refugiado en las iniciativas de particulares, fundaciones y grupos de difusión al margen de directivas que encorsetan cuando no desfiguran los hechos acaecidos en anteriores siglos, donde la cosmovisión era muy distinta a la actual, si bien, aquellos poderes que intentan desplazar al ser humano del conocimiento de la verdad ya ejercían sus actividades con toda su virulencia.

Una de las formas más fáciles de cosificar al ser humano es alejarlo del conocimiento real de sí mismo y de sus esencias; ocultarle sus orígenes y programarlo para que se desentienda del conocimiento del pasado. Sin referencias históricas y sociales el individuo se hace más fácilmente vulnerable a los intentos de reducirle a un mero bípedo sin capacidad de crítica.

Las guerras carlistas, que han sido objeto de pregunta de examen en la prueba de selectividad de alguna Comunidad Autónoma, buscando la sorpresa, por un lado, y su posicionamiento, por otro, del examinando; nos dan las claves de por qué nuestra historia ha discurrido por un camino y no por otros, por qué tras ocurrir lo que sucedió padecimos cuatro guerras civiles, precedidas por la del Trienio Liberal y con la sombra, por qué no, de la de Sucesión.

Busquemos siempre la verdad de los hechos, aunque no se ajusten a nuestros filtros mentales.