Opinión

Y al final, ganó Trump

La noche del 8 al 9 de noviembre fue una de las más apasionantes, desde el punto de vista politológico, cuando algunos perdimos sueño para poder conocer cómo transcurrían los resultados de las elecciones presidenciales en los EEUU. Al final el candidato republicano se impuso a la demócrata por 276 a 218, dentro de unas elecciones que habían provocado las reacciones más virulentas y las expectativas más grandes y apasionadas de las últimas décadas.

La noche del 8 al 9 de noviembre fue una de las más apasionantes, desde el punto de vista politológico, cuando algunos perdimos sueño para poder conocer cómo transcurrían los resultados de las elecciones presidenciales en los EEUU.

Al final el candidato republicano se impuso a la demócrata por 276 a 218, dentro de unas elecciones que habían provocado las reacciones más virulentas y las expectativas más grandes y apasionadas de las últimas décadas. Ganaron los republicanos en el Senado y en la Cámara de los representantes por 51 a 47 y 236 a 191, respectivamente.

Si observamos el mapa electoral de los resultados en los EEUU, parece que no hay duda de los distintos caladeros de votos de cada partido, significando que además de los Estados del Sur, Trump ganó en otros como Wisconsin, Michigan y Pensilvania; Estados que se tenían como seguros para los demócratas.

Es evidente que ha habido un cambio significativo en el voto del estadounidense y para variar, las encuestas se han vuelto a equivocar, así como muchos de los comentaristas y expertos que inundan los medios de comunicación, todos ellos transmitiendo más su visión de la realidad que la realidad misma… y ya van muchas veces, aunque otros expertos menos mediáticos dejan sus previsiones y análisis para aquellos que quieran leerlos.

La opinión pública en general pocas veces se molesta en informarse por variadas y diversas fuentes de lo que ocurre con determinado fenómeno, y bien se deja llevar por lo que otros le dicen, máxime cuando lo que le están contando coincide con su propia visión particular de los hechos, que a su vez fue condicionada por otras variables antecedentes también sesgadas. Ha sido un poco ridícula, cuasi infantil, la visión de los hechos que se ha ofrecido.

Pero la realidad se ha impuesto una vez más, y Donald Trump, el magnate de madre inmigrante escocesa y de abuelos paternos inmigrantes alemanes, que ha desarrollado su carrera en torno a los negocios inmobiliarios, en consonancia con su formación en la Escuela de Negocios de Wharton, Pensilvania, donde cursó estudios relacionados con el sector inmobiliario, es el nuevo presidente de EEUU.

Polémico desde el comienzo de sus andaduras en política, conocidas fueron sus acusaciones y dudas sobre la nacionalidad del expresidente Obama y su expediente académico, además del pulso que mantuvo con dirigentes del Partido Republicano; su discurso se centró en denunciar muchas cosas utilizando argumentos que están en la mente de muchos useños y que él los ha dicho públicamente en unas elecciones, combatiendo dialécticamente con la candidata demócrata con dureza, como duro y zafio se quiso convertir el debate, más propio de países menos evolucionados políticamente. En EEUU afortunadamente existen un número considerable de medios de comunicación y canales de información, donde lo “políticamente correcto” convive con lo “políticamente incorrecto”, y el resto queda en manos del elector, sin duda, reflejo de una democracia fuerte.

Por ejemplo, habla de conspiraciones y engaños, cuestiona verdades oficiales, plantea dudas sobre el establishment, cuando no pretende revisar el panorama geopolítico y geoeconómico, al que por otra parte estamos dócilmente acostumbrados. Todo este planteamiento le ha llevado a enfrentarse con los principales lobby, en un país donde tanto poder  e influencia directa tienen, además de proponer medidas drásticas ante problemas como la inmigración ilegal y la frontera Sur de los EEUU, donde muchos de los que opinan en contra, sobre todo si no viven allí, deberían informarse con más interés de lo que ocurre en esas latitudes, sobre todo en lo referente al tráfico ilegal de personas con fines de explotación laboral y sexual, tráfico de armas, drogas y órganos, por no citar más. A ello se añaden los profundos problemas raciales y de convivencia que existen en ese país, donde coexisten ciudades multiculturales y pretendidamente multiculturales, con otras que conservan la identidad profunda de los pioneros colonos americanos.

El prestigioso director de cine Oliver Stone preguntaba hace poco tiempo: “¿Quién ha dicho que Hillary Clinton no es peligrosa?”, debido a ser una figura clave de ese establishment norteamericano y del mundo de las finanzas de Wall Street, así como el comportamiento que demostró a la hora de intervenir exteriormente para derrocar a ciertos líderes.

De las políticas iniciadas por Obama y que pretendía continuar Hillary; tales como la facilidad para la compra de armas particulares, el levantamiento definitivo del embargo a Cuba, las medidas de regularización de inmigrantes irregulares,  y el asunto de los impuestos progresivos, entre otras, Trump, en principio y digo en principio, las dejará en el congelador.

El llamamiento a la unidad del nuevo 45º presidente, el discurso identitario, y el amago de cierto nuevo aislacionismo de EEUU mediante “acuerdos justos” han provocado hundimientos de bolsa y vaivenes financieros, precisamente de todo lo incluido en ese establishment económico; pero Trump sabe que no podrá actuar al margen del resto del mundo, tal vez lo que está pretendiendo, al igual que muchos de sus votantes, es redefinir el papel que deberá jugar EEUU en el nuevo contexto mundial, así como revisar las causas para transformar los efectos.