Opinión

El chup chup veraniego de un festival de cine

Quizás debería haber titulado este artículo “El chup chup veraniego del director de un festival de cine”. Lo sé, lo sé. Quedarse en agosto en Zaragoza ha sido duro este año. No obstante, el “cocimiento” general se sobrellevaba mejor de 7 a 10 de la mañana, horas en las que un fenómeno, ya bastante común, se repetía en nuestra ciudad un verano más.
Javier Mesa
photo_camera Javier Mesa

Quizás debería haber titulado este artículo “El chup chup veraniego del director de un festival de cine”. Lo sé, lo sé. Quedarse en agosto en Zaragoza ha sido duro este año. No obstante, el “cocimiento” general se sobrellevaba mejor de 7 a 10 de la mañana, horas en las que un fenómeno, ya bastante común, se repetía en nuestra ciudad un verano más. Una variedad de paseantes nos lanzábamos a las calles a disfrutar de una Zaragoza fresca, silenciosa y bella en su despertar.

Sin embargo, lo mejor de estos paseos siempre han sido los encuentros sorpresa, por inesperadas callejuelas, con amigos con los que hace muchos años has perdido el contacto. Y es que este verano ha sido especialmente generoso conmigo. Nada menos que, quizás mi primer amigo de la más tierna infancia cuando ambos contábamos con 3 ó 4 años de edad, y actualmente abogado zaragozano,  Juan Manuel Piazuelo, a quien permitidme abrazar nuevamente a través de estas líneas. Y en esa Zaragoza temprana y canicular, entre abrazo y abrazo, repetíamos nuestra verdad: “¡Pero si estás igual!”.

En fin, basta ya de añoranzas. Y qué puedo decir del chup chup de nuestro Festival de Cine de Daroca. Veréis. Septiembre es un mes en el que a los organizadores de algunos de los Festivales de Cine de Aragón se nos enciende el piloto de “Alerta” ante la inminencia de los mismos.

Y es que tras el descanso veraniego en el que casi todo el mundo está, afortunadamente, a otra cosa, resulta “muy cuesta arriba” volver a ponerse en marcha y comenzar a tirar de móvil y de emails molestando a quienes todavía tienen frescos en la memoria sus recuerdos estivales.

En mi caso, como organizador del Festival Internacional Online de Cine de Daroca es peor aún, ya que mi piloto de “Alerta” se enciende y se pone de todas las tonalidades cromáticas posibles ya a finales de agosto, que es cuando debemos comprobar, los informáticos y yo, que “las tripas” de la web del festival se encuentran libres de virus y en perfecto estado.

También es entonces cuando me pongo en contacto con los directores de los cortometrajes seleccionados y les comunico la buena nueva. Y esto sí es un gustazo para mí e imagino que para todos los directores de festivales de cine. La mayoría contestan dando las gracias con un entusiasmo contagioso. Es un momento especial en el que percibes el enorme esfuerzo e ilusión con el que se realiza un cortometraje y la auténtica dimensión de nuestro festival, acogiendo obras de todo tipo y fecha de realización.

Historias de vidas ajenas que, al igual que nuestros recuerdos, jamás envejecen y que merecen ser exhibidas, degustadas, estimadas.

Apreciemos sus obras y démosles, pues, un fuerte, entusiasta y veraniego abrazo de amigo.