Opinión

Un poeta llamado Rosendo Tello

Al acercarse el Día del Libro, los que tengo organizados en mis estanterías han sentido un leve estremecimiento que no me ha pasado desapercibido.
Francisco Javier Aguirre

Al acercarse el Día del Libro, los que tengo organizados en mis estanterías han sentido un leve estremecimiento que no me ha pasado desapercibido. He mirado con afecto a estos compañeros de viaje que apenas reclaman otra cosa que orden y atención. A ambos requerimientos he atendido lo mejor posible a lo largo de mi trayectoria profesional como bibliotecario, y lo mismo hago ahora a título particular. Conservo libros emblemáticos desde mi época de estudiante, y algunas obras notables por diferentes conceptos.

No sintiéndome muy capacitado para la lírica, es sin embargo un género que aprecio mucho. Admiro a los poetas cuando son capaces de condensar en pocas palabras vivencias de gran calado, se refieran a su órbita personal o a la social. Uno de los elementos que más valoro en la poesía es el ritmo, influido sin duda por mi honda afición musical. Hay metáforas audaces que engalanan la realidad, y expresiones que despiertan sentimientos de otra forma difíciles de aquilatar.

Recorriendo los libros de poemas en las estanterías, he encontrado dos especialmente significativos. El primero es una Antología de César Vallejo, publicada en Cuba en 1962, de la que se imprimieron cien mil ejemplares. Repito la tirada en guarismos para confirmar la cifra: 100.000. Así lo certifican los datos legales en la página de créditos. Es el volumen 114 de mi biblioteca y, según mi Ex Libris, ingresó en ella el 1 de octubre de 1969. Contiene un poema, MASA, que me ha causado siempre un enorme impacto por diferentes motivos. De hecho, con su recitado finaliza mi novela La dama del Matarraña, publicada en 2009. Posteriormente ha tenido una nueva edición, e incluso ha sido traducida al catalán de Aragón en 2022.

El segundo libro al que quiero referirme es otra Antología, esta vez de un poeta aragonés a quien siempre he estimado mucho como escritor y como persona: Rosendo Tello. Su obra y sus méritos son ampliamente conocidos y reconocidos, por lo que estas líneas solo pretenden sumarse con ocasión de la Fiesta del Libro a la celebración de la obra de un poeta especialmente querido y valorado por quienes aman la literatura.

Rosendo camina hacia los 94 años. Es el decano de los escritores aragoneses, no solo por su edad sino fundamentalmente por su excelencia literaria y su calidad personal. Podría descender a detalles que me atañen, pero no lo hago por discreción. En cualquier caso, los libros de mi domicilio se sienten honrados por la proximidad de la Antología poética de Rosendo, titulada El vigilante y su fábula, un volumen de casi 750 páginas que tengo cariñosamente dedicado por su autor en 2005.