Opinión

Peter, el musical

Finalmente ha llegado a Zaragoza, al palacio de Exposiciones y Congresos de la Expo, el espectáculo ‘Peter, el musical’, que ha triunfado en toda España: Alicante, Avilés, Albacete, Soria, Vitoria, Bilbao, Logroño, San Sebastián y, por supuesto, Valencia, donde se estrenó, así como Sevilla, Madrid y Barcelona.
Francisco Javier Aguirre
photo_camera Francisco Javier Aguirre

Finalmente ha llegado a Zaragoza, al palacio de Exposiciones y Congresos de la Expo, el espectáculo ‘Peter, el musical’, que ha triunfado en toda España: Alicante, Avilés, Albacete, Soria, Vitoria, Bilbao, Logroño, San Sebastián y, por supuesto, Valencia, donde se estrenó, así como Sevilla, Madrid y Barcelona. Aún volverá a Valencia y a Madrid en los próximos meses de enero y febrero, tras finalizar las representaciones en nuestra ciudad de la fantástica y fantasiosa historia de Peter Pan. 

La razón de tan amplio despliegue es evidente para quien haya podido contemplar el montaje. La actriz y coreógrafa Silvia Villaú da vida al famoso personaje que no quiere crecer. Sobre ella pesa además la responsabilidad artística y la composición del libreto. A su lado, y bajo la dirección de Tomás Padilla, con música de Pablo Pinilla ilustrando los cuadros escénicos, intervienen catorce actores representando más de una treintena de personajes que aparecen como cantantes, bailarines, acróbatas y especialistas.

El país de Nunca Jamás y la famosa historia de Peter Pan recobran vida en esta superproducción española de Theatre Properties que ha contado con las sorprendentes y minuciosas construcciones del Grupo Eventix. Desde la recreación de una ideal casa londinense donde Wendy, John y Michael conocen por primera vez a Peter Pan hasta el proceloso ‘Jolly Roger’, el barco pirata del temido capitán Garfio con su tripulación a bordo. La escenografía, las coreografías y la música se han creado expresamente para este espectáculo.

También sorprende la recreación del campamento de los revoltosos Niños Perdidos, con sus instrumentos y atracciones, así como el fondo del océano, donde habitan las sirenas, y el poblado de los indios guardando sus secretos y mostrando sus habilidades en las danzas rituales. Precisamente este es uno de los episodios de mayor fuerza expresiva a lo largo de la obra. Y destaca sobre todos los demás, junto a la breve pero impactante escena en la que los tres protagonistas clave, Peter, Wendy y sus hermanos, se desplazan en un sorprendente y milimétrico vuelo aéreo.

La mecánica del montaje es también sorprendente. Sirva como ejemplo la primera de las estructuras que aparece en escena, la casa de la familia londinense, de 12 metros de anchura y 5 de altura, con automatismos para moverse sigilosamente por el escenario. Es también llamativo el fondo paisajístico ‘animado’, con vuelo de aves y chimeneas humeantes, que envuelve muchos de los episodios.

En conjunto, la representación va de menos a más e incluye al final la implicación de los espectadores, mediante presencias puntuales en escena e invitaciones generales al canto y al movimiento acompasado con la acción. Todo ello dirigido no solo a los niños, sino también a padres y acompañantes, porque el espectáculo es de los que pueden caracterizarse objetivamente ‘para todos los públicos’. Es acertada la transición entre los sucesivos cuadros escénicos que realiza uno de los personajes adultos de la obra.

La obra representada en el teatro por primera vez en 1904, tuvo su primera versión cinematográfica veinte años después, pronto hará un siglo. A partir de ese momento han sido muchas las versiones realizadas, la última de ellas estrenada en España el mes de abril de este mismo año 2023.