Opinión

Delitos desconocidos

Estoy seguro de que a lo largo de la vida me he tropezado con personas que han cometido delitos punibles, y que incluso habré tratado con ellas sin saberlo. Delitos que hubieran merecido condenas a penas de prisión si se hubieran conocido y juzgado.
Francisco Javier Aguirre

Estoy seguro de que a lo largo de la vida me he tropezado con personas que han cometido delitos punibles, y que incluso habré tratado con ellas sin saberlo. Delitos que hubieran merecido condenas a penas de prisión si se hubieran conocido y juzgado.

A contrario sensu, en los 15 años que he dedicado parte de mi tiempo a trabajar en las cárceles aragonesas –no puedo obviar mi libro, aparecido el pasado otoño, Quince años en la cárcel, publicado por Muñoz Moya Editores en Sarrión (Teruel)– apoyando las tareas de reinserción que llevan a cabo los meritorios funcionarios de las mismas, así como voluntarios de diferentes organizaciones solidarias, por ejemplo Cruz Roja, en la que sigo involucrado, me he encontrado con internos que tal vez fueran inocentes, una condición que puedo asegurar en tres de ellos con quienes traté, y cuya vida pude conocer a fondo, hasta concluir que habían sido condenados injustamente, o al menos de manera excesiva e irregular.

Por discreción, debo omitir los nombres de dos de ellos, uno todavía vivo y ya excarcelado, siendo el otro públicamente conocido por haber saltado a la prensa su nombre, el marroquí Tohuami Hamdaoui, que optó por una muerte voluntaria en el hospital Padre Polanco, de Teruel, a consecuencia de dos huelgas de hambre consecutivas en 2011. 

La desventura de Juan V., condenado por asesinato y profanación de cadáver (solo era culpable de lo segundo, y para defender a la mujer responsable de la situación, a quien decidió encubrir), ha dado lugar a la novela testimonial Pasión entre rejas, aparecida el pasado 23 de abril en el zaragozano Paseo de la Independencia, coincidiendo con la Fiesta del Libro, publicada por Ònix Editor en Barcelona, y ya disponible en las librerías.

Me ha supuesto un trabajo intenso y riguroso, aunque a veces penoso por la índole del tema, pero del que estoy muy satisfecho. En el trasfondo de la espinosa trama subyace la idea de que las relaciones sentimentales mal enfocadas, así como la pérdida del control del estímulo sexual, inherente a todos los seres vivos,  son un vehículo, en la especie humana, que en muchas ocasiones conduce a un precipicio emocional que incluso puede llegar a provocar la muerte física.