Opinión

Vida a La Romareda, muerte a La Romareda, ¿habrá una nueva Romareda…?

Zaragoza siempre me ha parecido una ciudad que, por su historia, prestigio, calidad humana y ambiental y una serie de cualidades más, no se merece a los políticos que se presentan a vivir de ella con sus más que sustanciosos sueldos y otras cosillas aquí y allá

Zaragoza siempre me ha parecido una ciudad que, por su historia, prestigio, calidad humana y ambiental y una serie de cualidades más, no se merece a los políticos que se presentan a vivir de ella con sus más que sustanciosos sueldos y otras cosillas aquí y allá, ya que lo que siempre veo es que por unos o por otros,  siempre dependiendo si están gobernando o en la oposición, en cualquier proyecto de gran envergadura que se intente abrir paso en la ciudad, en vez de afrontar el tema de una manera clara y concisa que lleve al engrandecimiento y lustre de la ciudad gracias a crear y dar luz a un proyecto, lo único que hacen es lanzarse piedras, lastrar y hundir las iniciativas del de enfrente, crear problemas, lanzar proclamas, poner todas las trabas inimaginables, que si te denuncio por aquí, te pongo una querella por allá, presento informes de esto y lo otro, te insulto, orino encima de ti y así hasta el infinito, mientras los ciudadanos permanecemos como espectadores al eterno bochorno que nos intentan presentar como “una defensa de los derechos de los ciudadanos que bla bla, espera un momento que hacemos una comisión, cobramos, ahora vuelvo, venga, seguimos con mas bla bla ¿ha quedado todo claro, ciudadano? pues eso, que por mis santos…. no tienes campo nuevo ¿has visto qué chulo y guapo soy?”. Siempre es igual, busques el proyecto que busques donde haya cualquier tipo de iniciativa que pueda redundar de alguna forma –o a veces no, muchas veces no- en beneficio de los ciudadanos de esta bendita ciudad de Zaragoza, sea el campo de fútbol o cualquier otro tipo de proyecto adecuado que, vuelvo a decir, no se merece esta ciudad los políticos que en suerte nos tocan para votarles cada cuatro años, que realmente es para lo único que les interesamos.

Y es que digo esto porque aparte de lo que llevo viendo y viviendo desde hace décadas en Zaragoza, el colmo fue cuando el otro día, un amigo que vive en otra ciudad, al estar junto a La Romareda tomándonos una cervecita bien fría me dijo: “Fran, creo que ya podíais cambiar esta ruina de estadio que tenéis ¿no? Si es que creo que hasta al Zaragoza le da vergüenza subir a primera para no mostrar por ahí su campo”. Al oír aquello, lejos de darme vergüenza ajena, porque las vergüenzas ajenas dejo que cada cual, sus culpables, las sufran en sus carnes y yo paso de ellas, no son mías ni me hago responsable, aunque sí me dolió más lo de que nuestro equipo siga en segunda todavía, intenté explicarle por encima, solo para no aburrirle, cómo en esta ciudad siempre han ido cayendo uno tras otro todos los proyectos de la creación de un nuevo estadio; por ejemplo en Valdespartera, en San José, en el Actur o en el mismo lugar donde se ubica La Romareda, aparte de otros lugares y situaciones que para que contar, y que cada una de las propuestas, gracias a los eternos enfrentamientos políticos, aparte de conllevar gastos de dinero, de tiempo y de una enorme, vacía, absurda e inútil palabrería con la que no ganas para paracetamol del dolor de cabeza que te provocan, siempre nos han llevado a lo mismo, que no tenemos un campo de fútbol en condiciones como se merece Zaragoza, cuando luego ves que ciudades como bien pueden ser Pamplona, Bilbao, San Sebastián y otras más tienen campos nuevos, mientras que en otras ciudades se han acometido y se están acometiendo grandes obras que remodelaran total o parcialmente los estadios para adecuarlos a siglo XXI en el que estamos… y eso, aquí, en Zaragoza, como bien sabemos y gracias a quienes sabemos, es una decisión difícil, porque ellos siempre “luchan por el ciudadano” y por ello, ya de paso, como nos quieren tanto, hemos perdido el tren de ser una posible sede de un hipotético Mundial que pudiera celebrarse en nuestro país, aparte de no ser nunca candidatos a ninguna final de ninguna competición que se precie por el estado de nuestra querida, amada pero envejecida y desastrosa Romareda.

Por supuesto, para terminar el discurso que al pobre le había metido sobre ello de la mejor manera posible, le conté igualmente los dimes y diretes de todo lo que no se cuenta en público y se sabe en privado sobre el tema del campo de fútbol y otras cosillas, y así por lo menos se zanjó la idiotez de conversación con unas sonrisas, algunas sonoras risas y buenas caras antes de pedirnos otra cervecita y saludando al estadio decirle “¡Vida a La Romareda, muerte a La Romareda, ¿habrá una nueva Romareda…?  

Supongo que algún día llegará, tarde o temprano, igual que dije aun no siendo muy futbolero hace años que antes de morir pudiera ver a España campeona mundial de fútbol, y la vi. Así que claro que llegará, porque todos sabemos que hay esto, aquello y lo de más allá en lo que se llaman cosas más necesarias como claman los puristas y bla bla, pero ahora hablamos de esto y no de lo otro, porque la ciudad, la afición, su masa social y el equipo tienen que tener el estadio que merecen, un estadio digno de su categoría y que pueda mostrar con orgullo, aunque mientras tanto estemos en manos de políticos que parece –no lo parece, lo es- que como siempre solo miran sus particulares intereses y mientras tanto solo quieren el estadio para celebrar algún evento musical o cosas así… o que quizás todo termine como ya sabemos otras muchas veces finalizan estas cosas, sí, de esa forma que estás pensado, no te has equivocado, has acertado de pleno.