Opinión

"Sí se puede"

Tanto decirlo, tanto gritarlo, tanto chicharlo y proclamarlo, y al final se puede lograr, se puede conseguir, se puede "poder"…, y el Zaragoza, ahora reconvertido a equipo peleón y sufridor, está en condiciones de salvar la categoría, y de consumar así, para regocijo zaragocista y aplauso general, una remontada histórica donde las haya.

Tanto decirlo, tanto gritarlo, tanto chicharlo y proclamarlo, y al final se puede lograr, se puede conseguir, se puede “poder”…,  y el Zaragoza, ahora reconvertido a equipo peleón y sufridor, está en condiciones de salvar la categoría, y de consumar así, para regocijo zaragocista y aplauso general, una remontada histórica donde las haya.

Es cierto que nos queda el último escalón, el último repecho que dirían los montañeros, y nos podemos resbalar, o dar el mal de altura y no alcanzar la cima, pero  aunque la cima es importante, aún lo es más el esfuerzo, la lucha y la entrega de entrenador y plantilla, así como la comunión entre ellos y la afición.

El Zaragoza de la segunda vuelta, el del honrado y piadoso Jiménez, que tomó el AVE el día de Jueves Santo para participar como costalero en la procesión de su pueblo, y al contrario de la parábola evangélica, cogió el único talento que le concedió su escondido presidente, lo desenterró, y lo ha exprimido hasta el máximo. Creo que la admiración general a Guardiola tiene fundamento, pero debe pasar la reválida de entrenar a un equipo dotado de muchos menos jugadores talentosos de los que ha tenido estos años. 

El señor Jiménez sí que ha demostrado ya sobradamente su categoría, ya que cogió un equipo desanimado, humillado y sonado, y ha conseguido reanimarles, sacar orgullo y casta, dar lo mejor de sí mismos, y además obtener resultados. Y por si fuera poco, este señor transparente y corajudo, ha conseguido algo casi imposible hasta hace bien poco; ha resucitado a una afición cabreada y abatida, que ha experimentado una comunión con los jugadores y el entrenador que hacía muchos años que no se había vivido. A mí personalmente me ha dado siempre mucha envidia ver a otras aficiones animar incansablemente a sus colores, a pesar de la derrota, y el día del Barcelona, y pese a lo injusto del resultado, me llevé muy buen sabor de boca al ver como la afición, animó todavía más al equipo después del tercer y cuarto gol catalán.

Y a eso me refiero, deseo como todo Zaragocista que el domingo gane el Zaragoza, y alcance la cima de esta increíble ascensión contrarreloj, pero creo que el aplauso a la entrega, coraje y raza de futbolistas, entrenador y afición, y a la comunidad entre todos, debe ser enorme y desde ya, y sobre todo, y lo digo con mayúsculas, debe servir para APRENDER. Aprender cuáles son los ingredientes para saber cómo se hacen las cosas, y cómo el esfuerzo colectivo y generoso, y el liderazgo transparente y aguerrido, es la base sobre la que debe cimentarse cualquier empresa humana. Y extiendo el aplauso no sólo al plano deportivo, sino a la tremenda denuncia social del affaire “Agapito”, que esperemos que acabe con este señor fuera del Zaragoza a la mayor rapidez posible. Y si además sirve para que tire de la manta, mejor que mejor.

Esperemos que haya éxito, claro que lo esperamos, pero sobre todo espero que el futuro del Zaragoza a partir de la temporada que viene, que ojalá sea la del post– agapitismo, se cimiente en los valores que le han hecho renacer en los tres últimos meses.

Y de paso y para acabar: gobernantes y gobernados…, también se puede; digo salir de la crisis, pero habrá que echarle inteligencia, esfuerzo y generosidad a toneladas, y como decimos en Aragón: mucha rasmia.