Opinión

... Que no nos representan

Con ocasión de las últimas elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo surgió en toda España el conocidísimo movimiento de base popular denominado 15M, donde confluyeron distintos planteamientos de crítica general a la situación política y económica actual. Desde la actuación de los bancos a la injusta ley electoral, pasando por la negación de la representatividad de los representantes políticos en las distintas instituciones, que se concretó en el eslogan tan repetido en las manifestaciones celebradas de “...que no, que no nos representan”.

Con ocasión de las últimas elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo surgió en toda España el conocidísimo movimiento de base popular denominado 15M, donde confluyeron distintos planteamientos de crítica general a la situación política y económica actual. Desde la actuación de los bancos a la injusta ley electoral, pasando por la negación de la representatividad de los representantes políticos en las distintas instituciones, que se concretó en el eslogan tan repetido en las manifestaciones celebradas de “...que no, que no nos representan”.

Es también conocido que el asociacionismo vecinal se mantuvo respetuoso en el surgimiento de este movimiento de contestación procurando no interferir en su desarrollo, aunque por iniciativa del propio movimiento y por la proximidad en los planteamientos se ha acabado confluyendo en muchas de sus iniciativas. De tal modo es así que en muchos barrios de Zaragoza se han creado plataformas de base ciudadana que pretenden continuar con muchos de los planteamientos iniciales.

Sí es bueno precisar que el asociacionismo vecinal siempre ha defendido y practicado la intervención comunitaria, la democracia participativa en sus distintas versiones y metodologías. Pero, al mismo tiempo, siempre hemos sido fervientes defensores de la democracia representativa que durante casi 40 años la dictadura nos privó y que los ciudadanos conseguimos recuperar en los años 70 del siglo pasado. Es más, consideramos que son perfectamente compatibles ambas formas de democracia y que cuanto más intensa es la participación de los ciudadanos en la vida social y política más se fortalece la democracia institucional. Lo cual no quita para que igualmente seamos partidarios de perfeccionar las actuales formas de democracia, garantizando fórmulas más representativas que garanticen la igualdad del voto de todos los ciudadanos, evitando la actual situación bipartidista.

Por eso, desde la FABZ, no podemos coincidir con un eslogan que no pretende mejorar la situación de nuestra democracia actual sino que directamente se deslegitima. Pero se empieza negando a los políticos, se sigue con los partidos políticos y se acaba negando la necesidad de la pervivencia de la democracia. Ya se oyeron propuestas de creación de un gobierno de técnicos como alternativa al gobierno de electos, lo cual sencillamente nos conecta con soluciones autoritarias y fascistas. Es decir, el gobierno de los mejores, de los más fuertes, que ya se pusieron en práctica en muchos países de Europa en los años 30 del siglo pasado, con el conocido final en la II Guerra Mundial.

Por este motivo, nos produce una profunda desazón que frente al descrédito de los partidos políticos y sus representantes se haya desaprovechado la ocasión de conectar con las ansias participativas y democratizadoras del Movimiento 15M, con ocasión de la precipitada e impuesta reforma constitucional, al no convocar un referéndum que permitiera que los ciudadanos se pronunciaran sobre la misma. Bien es cierto que la propia Constitución no lo exige, pero el profundo calado de la reforma que conecta con el mantenimiento del modelo de sociedad de bienestar en la que vivimos, aconsejaría abrir ese debate social que culminara en la reclamada consulta popular.

Desde la ciudadanía se acaba teniendo la sensación de que pesan más las imposiciones políticas de instituciones financieras internacionales de fuerte componente ideológico (como el Fondo Monetario Internacional) o de gobiernos hegemónicos de la Unión Europea (como Francia y Alemania) o finalmente de los enigmáticos mercados, que la voluntad de los ciudadanos españoles en una cuestión tan importante como la primera reforma de la Constitución Española de 1978 que ha permanecido bloqueada durante 33 años.

No parece un buen final para un presidente que en el 2004 prometió no decepcionar a sus electores.