Opinión

Participación en el Estado de Bienestar

El Gobierno de España está desarrollando una intensa actividad política para explicar las reformas realizadas encaminadas, dice, a corregir el desastre de la etapa socialdemócrata. Europa y España muestran sus cartas para insistir en que el juego de la partida no tiene otra vertiente: el permanente sacrificio de los trabajadores.

El Gobierno de España está desarrollando una intensa actividad política para explicar las reformas realizadas encaminadas, dice, a corregir el desastre de la etapa socialdemócrata.

Europa y España muestran sus cartas para insistir en que el juego de la partida no tiene otra vertiente: el permanente sacrificio de los trabajadores.

La espiral de la bajada de los salarios en España no sólo es contraproducente, como pone de manifiesto la Organización Internacional del Trabajo (OIT), también refleja, con claridad, el fracaso del modelo productivo.

Por muchas preguntas que formulemos, no habrá solución si no logramos desmontar el núcleo duro del capitalismo salvaje, que con su estrategia económica está logrando -aparentemente- minar sus propios cimientos y revolucionar al mundo globalizado, dejando miles y miles de empleos perdidos todos los días.

En estas circunstancias, los mandamases o portavoces del imperialismo capitalista no tienen ninguna credibilidad en las clases populares. A esto se une que las posiciones socialdemócratas europeas tampoco ofrecen soluciones ni alternativas que florezcan con fuerza y generen la suficiente ilusión y plenitud moral, capaz de emprender un camino de transformación social potente.

Aquí, en España y en Aragón, múltiples declaraciones de gobernantes, políticos y representantes sociales salen al paso del ataque al Estado de Bienestar, el soporte fundamental para que la sociedad -se diga lo que se diga- esté más equilibrada y, sobre todo, para que a la pobreza existente no se añadan más ciudadanos expulsados del mercado laboral.

La participación en el Estado de Bienestar -hoy- para ciertos dirigentes políticos es pagar más y privatizar los servicios sociales y situar la naturaleza de la participación en una cuestión eminentemente política. Deberíamos discutirla y analizarla, desde una visión más amplia, para que la democracia avance hacia la transformación de la economía y de la sociedad ¿qué modificaciones son necesarias desde el punto de vista interno?, y ¿legislativo?

Estoy indignado, desde hace años, por ciertos comportamientos que he visto y he vivido en el mundo político y sindical, y que he tratado de combatir desde la participación y militancia política.

En el año 1978 -en Dinamarca- vi lo que quería la socialdemocracia y que Olof Palme explica en sus libros, dando una visión y clarividencia sobre la sociedad y la participación de la ciudadanía.

En Europa y en España nos engañan. Sus dirigentes están encorsetados, se han plegado a los intereses de las grandes multinacionales, sobre todo al inmenso poder de la industria farmacéutica, siendo la máxima representante pública en Europa la canciller alemana, la señora Merkel. De nuevo Alemania perturbando el orden europeo, de nuevo contribuyendo a la guerra económica y de nuevo con predisposición de ir más allá. Ojalá que no lo consiga; pero Rajoy y su política no ayuda en nada.

El PP no está gobernando para la mayoría de la ciudadanía, lo hace para los suyos, los de siempre, los del capitalismo salvaje.