Opinión

De la selectividad a la reválida

Miles de jóvenes aragoneses andan estos días matriculándose en la titulación universitaria a la que han tenido acceso tras superar las Pruebas de Aptitud Universitaria (PAU), la popular selectividad. Mientras, los profesores que vamos a impartir asignaturas de segundo de bachillerato el curso próximo seguimos sin saber qué contenidos deberemos explicar o, quizá mejor, de qué materias y contenidos constará la reválida que trae consigo la Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE). Y, por tanto, miles de familias aragonesas tampoco saben qué deberán estudiar y aprender sus hijos para poder estudiar la carrera a la que aspiran, muchos desde hace años.

Miles de jóvenes aragoneses andan estos días matriculándose en la titulación universitaria a la que han tenido acceso tras superar las Pruebas de Aptitud Universitaria (PAU), la popular selectividad. Mientras, los profesores que vamos a impartir asignaturas de segundo de bachillerato el curso próximo seguimos sin saber qué contenidos deberemos explicar o, quizá mejor, de qué materias y contenidos constará la reválida que trae consigo la Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE). Y, por tanto, miles de familias aragonesas tampoco saben qué deberán estudiar y aprender sus hijos para poder estudiar la carrera a la que aspiran, muchos desde hace años.

Lo que sabemos hasta hoy es que la ley otorga al Ministerio de Educación la competencia sobre esa prueba externa que será necesaria para obtener el título de Bachillerato. Si se ajusta a lo legislado, será una prueba única para todas las autonomías y tanto su formato como el control de su ejecución los asumirá el Ministerio. Las universidades pueden organizar una segunda prueba para regular el acceso a las titulaciones que imparten. En teoría, los contenidos objetos de examen han sido detallados en el currículum y publicados en los boletines oficiales.

Sin embargo, se ha publicado que el Ministerio de Educación y las autonomías habían llegado a un acuerdo por el que serán estas las que decidirán, según su criterio, el formato de la Reválida y se encargarán de la realización de la prueba. A la vez, las universidades renunciarían a la prueba selectiva que les atribuye la LOMCE y darían por buena para acceder a sus centros la nota que se obtuviera en la Reválida. Al parecer, la Consejería de Educación tiene ya algunas comisiones trabajando en el formato de la prueba. Y, siendo Vicerrector de Estudiantes, Fernando Zulaica aseguró que los cambios respecto a la PAU vigente serían mínimos y, en ningún momento, perjudiciales para los alumnos.

La cuestión es que las buenas intenciones suelen valer poco ante la fuerza de la ley. Por eso, la referencia sigue siendo la LOMCE y su desarrollo está siendo pantanoso: en lugar de aportar certezas y seguridad a la sociedad, está trayendo inestabilidad y dudas sobre lo que va a venir. Podría decirse que la culpa no es de la ley, sino de la situación política. O sea, de los partidos y del bloqueo para formar gobierno que se viene repitiendo desde diciembre. Sin negar esa variable, no hay que olvidar la paradoja de que los dos principales impulsores de la LOMCE, el exministro Wert y su secretaria de Estado Monserrat Gomendio abandonaron el barco ministerial para vivir su amor en París con el consentimiento de Rajoy.

Las perspectivas tampoco parecen buenas ante la nueva formación de gobierno. Sobre todo, porque todos los partidos menos el PP firmaron en su día un documento con el compromiso de derogar la LOMCE, lo que sugiere que puede ser una de las cesiones que Rajoy deba hacer en su próximo discurso de investidura. Como la ley está ya implantada – el próximo curso cubrirá ya todos los cursos de ESO y Bachillerato –, las pruebas externas parecen el eslabón más débil de esa cadena, por tanto el punto más fácil de negociación y cesión.  Pero, por mucha prisa que se den, se hace difícil imaginar que todo estará ya resuelto el próximo mes de septiembre, al inicio del nuevo curso.

Seguro que a los padres de los alumnos aragoneses matriculados en segundo de bachillerato para el curso 2016-7 les cuesta entender todo esto.  Los mismos profesores sentimos más impotencia que otra cosa ante la incertidumbre del presente y las dudas sobre lo que traerá el futuro en esta cuestión concreta. Suelo decir que, con la configuración actual del sistema educativo, los cursos de bachillerato son los más importantes en la vida escolar del alumno. Sobre todo, si aspira a estudios en los que la nota de corte – por tanto de acceso – está entre las más altas. Es lo que pasa con las titulaciones sanitarias o con las dobles titulaciones.

Este año en la Universidad de Zaragoza solo 8 de las 65 titulaciones que se ofertan han exigido menos nota de acceso que el curso 2014-5. Algunos, como Matemáticas, han pasado de 5.9 a 8.8, es decir tres puntos más. Como el alumno solo sabe la calificación que necesitará para entrar en la Facultad que ha elegido una vez que ha realizado la PAU (o la reválida, cuando toque), está obligado a forzar sus límites para obtener la mejor nota posible. El altísimo número de aprobados en la PAU, no debe hacer olvidar que solo se logra el objetivo si se accede a la titulación que el alumno quiere cursar.

Muchas veces pensamos que los políticos influyen poco en nuestra vida. En estos seis meses se ha dicho unas cuantas veces que España sigue creciendo económicamente sin gobierno. Es posible que a algunos campos de actividad el bloqueo de un gobierno les afecte poco. Como demuestra todo lo expuesto, no sucede eso en la educación. Pueden imaginarse qué preparativos académicos puede hacer un profesor o un alumno que no saben lo que deben explicar o aprender ni el tipo de prueba o examen que van a afrontar para jugarse una parte importante de sus oportunidades de futuro.