Opinión

Un nuevo Figueruelas

Hace unos días el presidente de la Comunidad Autónoma, Javier Lambán, presentó el nuevo proyecto empresarial de BonÀrea en el término municipal de Épila como la llegada a Aragón de un nuevo General Motors. La comparación se justificó por el impulso económico y social que iba a suponer –cuatro mil empleos directos y otros tantos indirectos– y por su papel transformador del sector agroalimentario aragonés.

Hace unos días el presidente de la Comunidad Autónoma, Javier Lambán, presentó el nuevo proyecto empresarial de BonÀrea en el término municipal de Épila como la llegada a Aragón de un nuevo General Motors. La comparación se justificó por el impulso económico y social que iba a suponer –cuatro mil empleos directos y otros tantos indirectos– y por su papel transformador del sector agroalimentario aragonés.

Cuando se anunció la llegada de General Motors a Figueruelas gran parte de la izquierda aragonesa rechazó su proyecto empresarial, haciendo hincapié especial en los riesgos medioambientales que suponía e, incluso, en que podía ser un instrumento del aparato militar de Estados Unidos en caso de guerra. Tres décadas de experiencia diaria permiten afirmar que General Motors ha sido decisivo en el desarrollo económico de Aragón e, incluso, en la modernización de su sector industrial, capaz de competir con los mejores a nivel global. 

Por eso, parece un recurso fácil promocionar una nueva inversión empresarial, haciendo analogía con esa imagen tan nítida y fuerte en el imaginario de los aragoneses.  Pero, a la vez, tiene un alto riesgo porque puede despertar expectativas superiores a la realidad del proyecto. O, lo que es peor, alejadas de lo que va a ser esa inmensa suma de centro logístico y matadero de animales –cien campos de fútbol, han dicho– pensado para atender la demanda cárnica de todo el norte de España, tomando Madrid como su límite al sur.

Es posible que el sector agroalimentario aragonés vaya a vivir un antes y un después de que este proyecto inicie sus actividades. Pero, de momento, solo se sabe que la Administración autonómica va a expropiar los terrenos próximos a la A-2 pagando el justiprecio para ponerlos a disposición de Guissona, la empresa propietaria de BonÀrea, y que va a mejorar la carretera autonómica –dicen que tres rotondas– que conectará el centro logístico y matadero con las autopistas. Parece lógico pensar que se ha presupuestado ya esa inversión pública, pero hasta ahora no se ha dicho. Solo se ha indicado que Guissona invertirá 400 millones de euros.

Para alimentar ese enorme matadero serán necesarios muchos proveedores y potentes, lo que sugiere que en esa zona sur de la provincia de Zaragoza se van a multiplicar a medio plazos las granjas de aves y cerdos. Un horizonte medioambiental poco halagüeño, si se tiene en cuenta que la ciudad de Zaragoza estará apenas treinta kilómetros más abajo y que a un lado de la planta va a estar el Jalón y al otro, un poco más cerca de La Almunia, hay regadíos muy fértiles gracias al agua del subsuelo. No hay que descartar que el Valle del Aranda vea en este proyecto una oportunidad ni tampoco que aumente la presión social por llenar ya Mularroya.

Las zonas aragonesas con agricultura de secano, más aún si son de media montaña, han hecho de las granjas uno de sus recursos de subsistencia. La depuración de sus residuos ha dado lugar a polémicas intensas que han llegado repetidas veces a Las Cortes y que no han sido bien resueltas. Con este macroproyecto ese problema se extiende a la zona más atractiva de Aragón como localización industrial, lo que va a condicionar el resto de empresas que puedan implantarse a su alrededor. Cuesta pensar que vaya a ser foco de atracción de empresas con tecnología y generadoras de valor añadido, por más que, como se ha hecho notar, Guissona cuide al máximo su cadena de proveedores, desde la alimentación de los animales hasta la calidad de las granjas.

Metidos en febrero, Aragón no tiene proyecto de presupuesto para este año porque el Gobierno autonómico carece de apoyo parlamentario suficiente para afrontar el debate de totalidad. Hasta ahora, la fuerza política que hizo presidente a Lambán, Podemos, se está comportando como dura oposición parlamentaria y no resulta aventurado prever que estos riesgos industriales y medioambientales en el centro neurálgico del Valle del Ebro no les van a gustar demasiado. Y, sin ellos, no cabe imaginar que hallen otro apoyo. Entre otras cosas, porque el PP tuvo este proyecto encima de la mesa en la legislatura pasada y no lo atendió.

A lo mejor, este complejo panorama explica la grandilocuencia con la que el presidente de Aragón ha presentado el centro logístico y el gran matadero de Guissona. Y, por eso mismo, se hace más imprescindible una información precisa y exhaustiva de lo que va a suponer el proyecto, sin eludir su cara menos afable.