Opinión

El lío de las reválidas

Los alumnos que vayan a examinarse de alguna de las reválidas el próximo curso ya no tienen de qué preocuparse porque "las pruebas deberán resultar atractivas y motivadoras", según expresión textual del artículo 4.7 del Real Decreto 10/2016, que regula dichas evaluaciones finales de Educación Secundaria Obligatoria y de Bachillerato. Pero, si tienen interés en conocer cómo serán esas reválidas que van a empezar a preparar a mitad de septiembre, deberán esperar a que el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte determine "por orden ministerial" sus "características, diseño y contenido" para este curso escolar, tal como detalla el artículo 2.1.

Los alumnos que vayan a examinarse de alguna de las reválidas el próximo curso ya no tienen de qué preocuparse porque “las pruebas deberán resultar atractivas y motivadoras”, según expresión textual del artículo 4.7 del Real Decreto 10/2016, que regula dichas evaluaciones finales de Educación Secundaria Obligatoria y de Bachillerato. Pero, si tienen interés en conocer cómo serán esas reválidas que van a empezar a preparar a mitad de septiembre, deberán esperar a que el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte determine "por orden ministerial" sus "características, diseño y contenido" para este curso escolar, tal como detalla el artículo 2.1.

Alguien se ha propuesto desorientar todo lo posible a las familias, alumnos y profesores que van a afrontar este año el último escalón de la ESO y el Bachillerato. Por si era poco dilatar decretos y órdenes – el último lo publicó el BOE el día 30 de julio, para que todos pudiéramos deglutirlo en vacaciones o, sea, para que nadie pudiera contestarlo –, ahora llega el Partido Popular y firma con Ciudadanos la derogación de la LOMCE. Un mes después de publicar el Real Decreto citado y sin que se sepa nada de la anunciada Orden que debe detallar cómo serán las reválidas.

El artículo 3 del Real Decreto 10/2016 atribuye a las comunidades autónomas la "Construcción y elaboración material de las pruebas en el marco de lo dispuesto en la orden ministerial anual", la "Determinación de las fechas de las convocatorias y de los procedimientos de revisión de las calificaciones", la "Designación y constitución de los tribunales u otros órganos de calificación", la "Designación del profesorado funcionario del Sistema Educativo Español externo al centro que aplicará y calificará las pruebas"– parece que la privada ha perdido su batalla y no podrán corregir sus reválidas –, la "Adopción de medidas para garantizar la custodia y confidencialidad de las pruebas, así como para asegurar el carácter anónimo de los datos de los estudiantes" y la  "Resolución de reclamaciones".

No es aventurado predecir que las autonomías no van a aceptar la subordinación al Ministerio de Educación que marca el Real Decreto y que debe confirmar cada curso escolar la orden ministerial en la que se va a detallar cómo será cada prueba. Parece cuando menos ventajista, y cuando más un estrambote, aprovechar la paralización política y el gobierno en funciones para desarrollar una ley que el propio partido del Gobierno dice estar dispuesto a derogar. En las próximas semanas vendrá el lío político entre autonomías y el Ministerio, pero mientras tanto miles de alumnos y cientos de profesores tendrán que plantearse, más allá de lo que fija el currículum oficial, qué enseñan y evalúan este curso a los grupos que acaban la ESO y, sobre todo, el Bachillerato.

Y digo esto, porque el lío no acaba aquí. La LOMCE reconoce a las universidades la capacidad de fijar sus propias pruebas y criterios para regular el acceso de los alumnos a las distintas facultades. Hasta ahora, a través de un armonizador o coordinador, la Universidad de Zaragoza venía acordando con el profesorado encargado de cada asignatura los contenidos sobre los que realizaría cada prueba de la PAU y el tipo de examen a realizar. Aunque el sistema era mejorable, sobre todo porque cada autonomía ha seguido sus criterios y realizado pruebas distintas cuando luego la nota valía para toda España – distrito único –, de momento solo está siendo sustituida por el vacío.

Fuentes de la Universidad de Zaragoza han asegurado que la prueba iba a cambiar muy poco – lo que no casa con lo reglamentado hasta ahora por el Ministerio – y que los alumnos en ningún caso se iban a ver perjudicados. Quizá acabe siendo así, pero ahora ni siquiera se sabe si habrá una única prueba para acceder a la universidad – la reválida– o habrá dos – la reválida que este primer curso no vale para titular en Bachillerato y la que cada universidad o todas las universidades decidan –.  Teniendo en cuenta que la nota de acceso a las facultades más solicitadas viene siendo cada curso más alta y que, por tanto, se está multiplicando el riesgo de frustración en muchos jóvenes – vale recordar el examen de química en la convocatoria de junio de la PAU en el distrito de Zaragoza –, no sé cómo me sentiría si mis hijos estuvieran matriculados ahora mismo en segundo de bachillerato. Tranquilo no estaría, desde luego.