Opinión

El laberinto de las reválidas

Este pasado miércoles 26, los alumnos de ESO y Bachillerato hicieron huelga en toda España en protesta contra la LOMCE y las pruebas de evaluación externa que incluye las famosas reválidas. Un día antes se filtró el borrador de la Orden ministerial que debe concretar cómo son esas pruebas este curso. Mientras tanto, ni los profesores saben qué deben enseñar y cómo, ni los alumnos tienen seguridad de que lo que estudian será de lo que les preguntarán en la reválida.

Este pasado miércoles 26, los alumnos de ESO y Bachillerato hicieron huelga en toda España en protesta contra la LOMCE y las pruebas de evaluación externa que incluye las famosas reválidas.  Un día antes se filtró el borrador de la Orden ministerial que debe concretar cómo son esas pruebas este curso. Mientras tanto, ni los profesores saben qué deben enseñar y cómo, ni los alumnos tienen seguridad de que lo que estudian será de lo que les preguntarán en la reválida.

Las administraciones educativas vienen dando un espectáculo penoso desde hace meses. El Ministerio dice negociar con las autonomías, aunque esperó a que llegarán las vacaciones – 30 de julio – para publicar el Real Decreto que, en desarrollo de la LOMCE, regulaba las reválidas. Para sorpresa general, ese texto aplazaba a noviembre la publicación de la Orden que iba a concretar qué contenidos se iban a evaluar, cómo se iba a puntuar cada bloque y qué criterios de evaluación se iban a seguir. Aún estamos esperando.

En estos dos meses las autonomías, entre ellas el Gobierno de Aragón, y las universidades, en Aragón la Universidad de Zaragoza, se han cansado de decir que este curso no iba a cambiar ni el temario ni el formato de la prueba; es decir, iba a seguir la Prueba de Aptitud Universitaria (PAU) con otro nombre. El problema está en que han prometido algo que no está en su mano, porque esa voluntad expresada en titulares periodísticos depende de lo que les permita hacer la famosa y aún gestante Orden. Entre tanto, esas declaraciones han confundido a los alumnos y sus familias –también a los profesores –, porque se ha dado por hecho algo que está por ver.

Lo que se ha filtrado de la Orden confirma que los alumnos se examinarán de siete materias – en la PAU eran seis – y la media aritmética de esas notas supondrán el 40 % de la calificación final – en la PAU promediaban cuatro –.  El 60 % restante lo aportará la media de las notas obtenidas en Bachillerato, o sea, en esto no va a haber cambio. Tampoco lo habrá en que solo los alumnos que quieran acceder a la Universidad estarán obligados a hacer la prueba, porque esta vez no se exige para obtener el título de Bachillerato.

En cambio, el proceso de evaluación se basa en los estándares de aprendizaje que se enumeraban en el Real Decreto 1105/2014, de 26 de diciembre, sobre el currículum de ESO y Bachillerato. Sorprende esto porque en sus instrucciones para este curso la Secretaría General Técnica del Departamento de Educación, Cultura y Deporte daba a los profesores un plazo de tres cursos para aplicar en sus programaciones – por tanto en sus clases y evaluaciones – todas las innovaciones de la LOMCE y muchos profesores se han acogido a ese plazo para no introducir ahora algunos aspectos de la nueva normativa o todos.  Es decir, salvo que se corrija la situación, muchos alumnos aragoneses serán formados y evaluados con unos criterios en sus centros y después examinados en la reválida con otros.

Y, aunque las autonomías elaboren los exámenes de las siete pruebas de la reválida y organizarán tanto los tribunales como el proceso de reclamaciones, y cada universidad decida cómo calcula la calificación que ha de servir para el acceso a sus facultades – ese baremo afecta al reparto de 4 puntos –, la Orden del Ministerio les pone difícil cumplir su promesa de que este curso no habrá cambios sobre lo que era la PAU.

Por ejemplo, en Lengua Castellana y Literatura la Orden fija tres bloques de contenidos (Comprender y producir textos, Conocimiento de la Lengua y Educación Literaria) que aportan a la nota 4, 3 y 3 puntos, respectivamente. Esta ponderación replica la de la PAU, pero los contenidos de los dos primeros bloques no coinciden –el segundo solo incluía el análisis sintáctico de una oración compuesta y ahora integra todos los niveles de la Lengua –, están más bien mezclados. Además, ha de haber al menos dos preguntas por bloque y de estas un porcentaje tiene que ser abiertas, semiabiertas o de respuesta múltiple, lo que no se ajusta al formato de la PAU. Es decir, si quieren prolongar la PAU, autonomías y universidades deberán saltarse el Real Decreto de julio y la Orden por venir. O lograr que se derogue la nueva normativa.

Mientras, alumnos y profesores seguiremos caminando a oscuras. Los políticos, tan preocupados por sus cosas, deberían ser conscientes de la inseguridad que situaciones como esta generan en los ciudadanos que dependen de sus decisiones. Y, sobre todo, no habrían de olvidar la transcendencia que sus batallitas e intereses tienen en el futuro de la gente, en este caso estudiantes de 18 años que se juegan en un examen muchas de sus oportunidades de lo que serán mañana.