Opinión

¡UNIZAR: mal empezamos!

Creo que todos nos hemos quedado perplejos cuando la noticia llegó a las redacciones y después saltó a los medios, no solo locales, sino también nacionales. La Universidad de Zaragoza (UNIZAR) había suspendido la apertura oficial del curso académico por temor del rectorado a las algaradas y manifestaciones que se venían anunciando en el horizonte, coincidiendo todo ello con ese día tan señalado. Solo puedo describir este hecho con dos palabras: vergonzoso y patético.

Creo que todos nos hemos quedado perplejos cuando la noticia llegó a las redacciones y después saltó a los medios, no solo locales, sino también nacionales. La Universidad de Zaragoza (UNIZAR) había suspendido la apertura oficial del curso académico por temor del rectorado a las algaradas y manifestaciones que se venían anunciando en el horizonte, coincidiendo todo ello con ese día tan señalado. Solo puedo describir este hecho con dos palabras: vergonzoso y patético.

Vergonzoso, patético e indignante me parece que se tenga que suspender un acto académico tan tradicional, y además en uno de los lugares mas emblemáticos de la tolerancia y del conocimiento como es la Universidad, por temor al vandalismo y al alboroto de unos cuantos. Unos, ya no podemos llegar a menos, y otros, no podían pensar ni por asomo llegar a más, ni que tuvieran tanta fuerza y poder.

Algunos dicen, incluida la señora consejera de Educación, la profesora Dolores Serrat, que ha sido una medida desproporcionada, excesiva y hasta injustificada. Otros, en cambio, la consideran apropiada debido a las insistentes amenazas que sonaban y al “caldeado” ambiente que reinaba en el mundillo universitario los días previos. Qué mal me suena todo esto. Qué despropósito, qué mal agüero planea en el ambiente, qué síntoma tan significativo el tener que suspender un acto tan importante, al menos simbólicamente, como la apertura del año académico universitario, y hacerlo por temor a la violencia y al tumulto.

Que yo sepa esto no ha pasado en ninguna otra universidad española y me resulta muy triste que haya tenido que ocurrir en nuestra Comunidad. Precisamente en nuestra noble, heroica e inmortal ciudad de Zaragoza. En una tierra conocida y admirada por su gran tolerancia y talante liberal en el sentido más amplio de la palabra.

Si las protestas, siempre normales y a veces deseables de la sociedad civil, se tornan en actos violentos; si impera la ley de la fuerza bruta y no de la razón y del conocimiento; si los energúmenos toman las calles y campan a su antojo aplicando la ley del más fuerte, esta sociedad está mucho más enferma de lo que yo pensaba y debe reflexionar muy seriamente sobre su futuro.

Malos tiempos corren debido a la inacabable crisis económica, pero más preocupante a mi entender es la falta de ética social existente. Parece que estamos en una sociedad cada vez más anárquica, donde el valor imperante, además del mercantilismo radical, es la fuerza y la presión de la masa.

Los valores cívicos se están perdiendo y, con la fácil y manida coartada de la “libertad de expresión”, estamos sufriendo conductas antidemocráticos y carentes del elemental y necesario civismo. Como decimos los médicos, es mejor siempre prevenir que curar; pero también utilizando el mismo símil, es preferible amputar un miembro que morir con los dos.