Opinión

El terrorismo azota Barcelona

Cuando los psiquiatras vemos a un enfermo que presenta ideas absurdas, ideas que además son irrebatibles a cualquier razonamiento lógico, que impregnan y condicionan toda su vida emocional llegando a dominar gran parte de sus acciones y sin que el enfermo tenga la más mínima conciencia de estarlo, decimos que nos encontramos en presencia de un enfermo psicótico. Es decir, estamos ante lo que se conoce popular y peyorativamente como "locura".

Cuando los psiquiatras vemos a un enfermo que presenta ideas absurdas, ideas que además son irrebatibles a cualquier razonamiento lógico, que impregnan y condicionan toda su vida emocional llegando a dominar gran parte de sus acciones y sin que el enfermo tenga la más mínima conciencia de estarlo, decimos que nos encontramos en presencia de un enfermo psicótico. Es decir, estamos ante lo que se conoce popular y peyorativamente como “locura”.

Los yihadistas serían, a mi entender, enfermos mentales en el sentido amplio del término. Por un lado, su biografía es compleja y se convierten en el caldo de cultivo de las actitudes patológicas ulteriores (rigidez familiar, primitivismo, falta de socialización adecuada, vivencia en guetos, información sesgada, distorsión religiosa, inteligencia emocional precaria).

A todo ello se le unirá un “adoctrinamiento” constante (lavado de cerebro) que va a conseguir una trasformación psicótica, que les lleva a actuar de forma bárbara y criminal, creyéndose ser “soldados del islam”, “libertadores de su pueblo”, estando en guerra contra todos aquellos que no comulguen con sus ideas y criterios de forma absoluta y sin la más mínima brecha o discrepancia.

Cuando hablamos de “fanatismo y de radicalización”, sin darnos cuenta, estamos describiendo dos actitudes patológicas que caracterizan y definen la actitud que presentan los enfermos mentales graves o psicóticos. Al decir que un individuo solo piensa y vive en función de unas ideas extremas, ilógicas, rígidas, inmodificables (eso es el fanatismo), estamos retratando lo que le ocurre al psicótico, cuyas ideas delirantes se convierten en el motor de su existencia. Ideas que no puede abandonar ni modificar, salvo por medio de un tratamiento médico complejo.

La mente humana es así de extraña y puede tanto descubrir la penicilina o la teoría de la relatividad, como también puede enfermar y llenarse de pensamientos irracionales que justifiquen la muerte de los llamados “infieles” porque así lo dice un texto sagrado. Todo es posible según cuáles sean las circunstancias que envuelvan a un sujeto y según también cuáles sean las características de la personalidad de este.

Los terroristas yihadistas están “irracionalmente” convencidos de hacer una obra buena y santa. Están poniendo en práctica lo que dice su libro sagrado eliminando a los infieles, llegando incluso al acto sublime de la inmolación para conseguirlo.

Los yihadistas están “delirantemente convencidos” de que de esta forma liberan a su pueblo de la sumisión y que además contribuyen a propagar la palabra de su dios  destruyendo a los infieles. Los que nosotros llamamos asesinos y que ellos llaman mártires, son héroes cuyo premio será el paraíso y la paz eterna.

Luchar contra los delirios yihadistas utilizando las fuerzas de seguridad, el ejército, los servicios de información, conseguirá quizá ponerles las cosas más difíciles, pero en modo alguno vamos a neutralizar ni acabar con el problema.

Un individuo “delirantemente convencido de una serie de ideas” puede convertirse en una bomba que en cualquier momento puede explotar. Esa es la nueva forma de guerra que este siglo XXI nos depara y que tendremos que afrontar.