Opinión

"Querer no siempre es poder"

Hace unos días apareció en esta misma tribuna de opinión un excelente artículo sobre las ventajas del positivismo vital. En resumen se nos informaba de que, según decían expertos en Psicología y en Inteligencia Emocional, con el pensamiento positivo mejoraba la salud, que lo esencial es el talante con el que nos enfrentamos a los acontecimientos, y que, en definitiva, "querer es poder". Sin pretender negar la mayor, y sin ningún ánimo de confrontación, ya que parte de lo que se dice lo suscribo plenamente, les voy a dar otro punto de vista que someto a su consideración.

Hace unos días apareció en esta misma tribuna de opinión un excelente artículo sobre las ventajas del positivismo vital. En resumen se nos informaba de que, según decían expertos en Psicología y en Inteligencia Emocional, con el pensamiento positivo mejoraba la salud, que lo esencial es el talante con el que nos enfrentamos a los acontecimientos, y que, en definitiva, “querer es poder”. Sin pretender negar la mayor, y sin ningún ánimo de confrontación, ya que parte de lo que se dice lo suscribo plenamente, les voy a dar otro punto de vista que someto a su consideración.

Como ya saben los lectores asiduos de esta tribuna, mi actividad profesional desde hace unos treinta años es consolar, aliviar y, a veces, curar el sufrimiento humano, especialmente el psíquico. Por lo tanto ser médico psiquiatra me hace ser algo más escéptico, si lo prefieren más desconfiado, incluso hasta más negativo sobre la capacidad del ser humano para modificar conductas y comportamientos.

La práctica profesional me ha enseñado que no todo el mundo tiene las mismas capacidades, y no me refiero a las intelectuales, que también, sino a las emocionales. Hay “tontos emocionalmente” hablando. No tienen ninguna responsabilidad por ser así, les han gestado de esta forma, y aunque pueden con constancia y tesón mejorar su “involuntaria torpeza emocional” si se someten al adecuado entrenamiento, no es menos cierto que la realidad se impone y como reza el clásico aforismo: “Lo que natura no da, Salamanca no presta”.

Por lo tanto no siempre “querer es poder”, es más, esa frase puede llegar a ser hasta un tanto perniciosa y perjudicial para la salud mental. Una cosa es que animemos a una persona al esfuerzo y a la lucha para conseguir cierto bienestar, y otra muy distinta que se le proponga un reto inalcanzable, que de no obtenerlo le puede frustrar y condicionar negativamente su existencia.

El articulista nos decía que las emociones positivas nos ayudan a vivir saludablemente, por supuesto, nada que objetar. Pero poseer esas emociones llamadas positivas no es solo, insisto, un tema de actitud, de aprendizaje o de entrenamiento. Es también una cuestión biológica, genética, cromosómica, y por tanto ajena, al control de nuestra voluntad. Tan ajena como es tener un cociente intelectual muy alto o muy bajo, un determinado temperamento, o una tendencia a ser hipertenso. Y los datos objetivos, empíricos y actuales abundan tozudamente en esa dirección.

Si aprendemos a modificar ciertos pensamientos irracionales, si valoramos los acontecimientos de una forma objetiva, si nos esforzamos en coger el “timón del barco” y controlar el rumbo de nuestra vida, está claro que seremos mentalmente más sanos. Pero no olvidemos que hay circunstancias vitales que son tan demoledoras que nos dejan en jaque; que hay personas muy débiles o hipersensibles que perciben inevitablemente la realidad de una forma deformada y agobiante; que no todos podemos enfrentarnos ante los acontecimientos de igual manera, y, que en definitiva, a pesar del esfuerzo personal que podamos hacer no todos podemos conseguir ser plena y eficazmente maduros, estables, equilibrados y armónicos, emocionalmente hablando.

Por lo tanto hay que esforzarse en ser feliz, por supuesto, pero si no lo consigue, no se eche la culpa. No piense que usted es un abúlico que no hace lo que debe, no crea que es solo su responsabilidad. A lo mejor, solo a lo mejor, la biología le ha hecho una mala pasada dándole una inteligencia emocional baja. Aun con todo, tenga la que tenga, póngala a funcionar y se sorprenderá, como acertadamente decía mi compañero de tribuna y autor del artículo, de lo que puede conseguir.