Opinión

Los médicos: ¿estresados, quemados o achicharrados?

Llevo más de treinta años siendo médico, ya que ser médico es una forma de vida no sólo un trabajo. He visto en mi práctica asistencial mucho dolor, sufrimiento, frustración, agobio, agonía y también muerte. Me he dedicado, además, durante todos estos años a la docencia entre mis compañeros de profesión, impartiendo clases sobre salud mental y también sobre los aspectos médico-legales de la profesión, que aprendí en mi etapa de médico forense, y nunca había visto y oído lo que en estos últimos tiempos he tenido ocasión de ver y oír.

Llevo más de treinta años siendo médico, ya que ser médico es una forma de vida no sólo un trabajo. He visto en mi práctica asistencial mucho dolor, sufrimiento, frustración, agobio, agonía y también muerte. Me he dedicado, además, durante todos estos años a la docencia entre mis compañeros de profesión, impartiendo clases sobre salud mental y también sobre los aspectos médico-legales de la profesión, que aprendí en mi etapa de médico forense, y nunca había visto y oído lo que en estos últimos tiempos he tenido ocasión de ver y oír.

Un porcentaje muy elevado de los profesionales de la salud en general están desmoralizados e insatisfechos profesionalmente. Según los datos que personalmente manejamos en un estudio de Burnout que venimos haciendo desde hace unos cuantos años, casi el 40 % de los médicos (sobre todo en atención primaria) están muy estresados; es decir, sufren el llamado “burnout o síndrome del quemado” y esto es muy grave.

El profesional sanitario en general, y el médico en particular, percibe cada vez de forma más intensa una falta de consideración social, una ausencia de una retribución económica justa y adecuada y, sobre todo, un ninguneo con el que la Administración (independientemente de la ideología, que para esto son todas muy similares) le trata a la hora de legislar y tomar decisiones que le afectan tanto a él como a sus pacientes. Ser médico hoy ni conlleva bienestar emocional, ni social, ni tampoco crematístico. Y aunque esto último siempre ha sido así, no es menos cierto que había sido tamizado por la consideración y respeto social que tenía como autoridad sanitaria y, para una inmensa mayoría de los profesionales, ya era suficiente.

Ahora las decisiones en materia de salud cada vez se toman más en los múltiples e ideologizados órganos gestores-políticos, que en los  sanitarios. El médico en muchos casos no puede recetar lo que considera mejor, sino aquello que es más barato y que, eso sí, está incluido en algoritmos, carteras de servicios, protocolos de tratamiento, comisiones hospitalarias; en fin, en todo tipo de artilugios económico-administrativos, pero no en los libros de medicina fuente de conocimiento aséptica y rigurosa.

He recorrido toda España dando cursos sobre prevención del estrés laboral, comunicación y autoestima y he percibido últimamente en mis colegas un estado de hastío intenso, de malestar, de insatisfacción y deterioro. Hasta los más jóvenes, los llamados MIR (Médicos Residentes), participan de esta “desgana profesional”. ¡Insisto, esto es muy grave, el estado del bienestar se va a hacer puñetas!, si los encargados de la sanidad están estresados y desmoralizados, ¿quá va a ser de los pacientes?

En mi ultima turné la perplejidad se ha acrecentado, ya que he sido testigo además de las diferencias que hay a la hora de aplicar tratamientos según la autonomía en la que nos encontremos. He visto sanciones que la Administración impone al profesional por salirse de las rígidas y economicistas fichas técnicas y actuar con arreglo a la Lex Artis. Me han mostrado las exiguas nóminas con las que la sanidad pública retribuye a un profesional altamente cualificado, con un trabajo exigente donde los haya y cargado de estrés y de incomodidad. He visto y me han contado la prepotencia política y la escasa calidad profesional de los cuadros de mando intermedios. He visto como el paciente-usuario-cliente, mal informado, reclama derechos que no tiene y tratamientos que el médico no puede prescribir aunque así lo quisiera. En fin, les doy mi palabra que he visto un panorama negro y preocupante.

Espero que por el bien de todos, ya que todos somos potenciales pacientes, los que tienen el poder -independientemente de su color político- sean conscientes de la gravedad de la situación, aunque quizá a estas alturas de la película sea esperar demasiado, optimista que es uno.