Opinión

La libertad de prescripción amenazada

Si estuviéramos en un país más democráticamente maduro, que no lo estamos, y si hubiera mucha más ética social, que no la hay, lo que voy a escribir levantaría no sólo ampollas, sino que sería suficiente para que alguna de las muchas autoridades existentes, y que dicen velar por nuestra salud, se pusiera manos a la obra para esclarecer lo que de verdad hay en este comentario y actuar en consecuencia.

Si estuviéramos en un país más democráticamente maduro, que no lo estamos, y si hubiera mucha más ética social, que no la hay, lo que voy a escribir levantaría no sólo ampollas, sino que sería suficiente para que alguna de las muchas autoridades existentes, y que dicen velar por nuestra salud, se pusiera manos a la obra para esclarecer lo que de verdad hay en este comentario y actuar en consecuencia.

Desde hace unos 10, además de mi actividad asistencial como psiquiatra clínico, también me dedico a la docencia en una materia poco usual pero que considero muy interesante: la Medicina Legal. A fecha de hoy me he recorrido España de punta a punta y he dado seminarios, cursos y talleres sobre esta materia en todas las provincias de la “piel de toro”, incluidas las islas y las ciudades autónomas.

Durante mi periplo docente de este año he hablado una vez más con colegas del norte, centro y sur. De atención primaria y de especializada. Médicos en formación, y también con aquellos que están ya jubilados. Con hombres y con mujeres. Con profesionales pro-administración y con los que piensan que es esta la responsable del caos que vivimos. Con médicos interinos, eventuales y “propietarios”. En fin, que he contactado con un grupo nutrido y heterogéneo de médicos, lo que me permite tomar el pulso de la realidad. El resultado muy preocupante. La mayoría de mis colegas están desgastados, muy insatisfechos e incluso “quemados” profesionalmente.

Creía que a estas alturas lo había visto todo, pero estaba equivocado. Esta semana pasada he estado en dos zonas distantes y distintas. Por un lado, en esa maravillosa parte de nuestro país, el “Ándalus” de Séneca, Maimonides y Averroes. De ahí he subido al noreste para impartir un curso en la “Tarraco Romana”, hoy Tarragona ciudad imperial, cálida y mediterránea, con la que los aragoneses tenemos una intensa relación al ser uno de nuestros destinos vacacionales preferidos.

Tanto en uno como en otro sitio he podido escuchar las quejas y sinsabores de mis compañeros de profesión, por una presión asistencial insostenible, por la incomprensión de la administración y por la falta de libertad a la hora de prescribir un determinado medicamento. También me han transmitido una cierta desesperación al ver cómo los gestores sanitarios utilizan métodos controvertidos, rayando la ilegalidad, para conseguir el ahorro del gasto, que por lo visto, y en opinión de los galenos asistentes, es hoy por hoy lamentablemente, lo único importante.

Por ejemplo, nos han contado cómo algunos coordinadores modifican las recetas de los médicos que están bajo su supervisión para conseguir incrementar las prescripciones de “principio activo”, siempre mucho más económico, en lugar de los productos elegidos por el profesional, que es el único que conoce al enfermo y a su dolencia. De esta forma, algunos centros consiguen obtener la gratificación que la administración otorga a los “buenos”; es decir, a los que más ahorran en gasto farmacéutico. Como además ahora hay recetas electrónicas, el usuario tampoco es conocedor del cambio que se ha producido hasta que el farmacéutico le dispensa el producto, y en ese momento se le dice que no se preocupe, que es lo mismo pero con otro nombre y problema resuelto.

Si lo que nuestros colegas han contado se produce de esa forma y maneras, no sé jurídicamente cuál puede ser la denominación. Lo que sí tengo claro, como médico, es que conculca los principios deontológicos más básicos y que sin duda es una infracción de la “Lex Artis” muy grave, además de peligrosa.

Nunca el fin puede justificar los medios, y eso es lo que parece nos quieren hacer tragar desde algunos sectores político-sanitarios. Para mas “inri” y preocupación, resulta que los “maravillosos y económicos principios activos”, adjudicados previamente mediante subasta, proceden de países de cuando menos dudosa reputación farmacológica, y que tienen vetada la entrada en naciones de nuestro entorno. En fin, “blanco y con asas”, los españoles, algunos españoles al menos, estamos sanitariamente hablando, a niveles tercermundistas.

Soy consciente de que corren malos tiempos y también de que hay que contener racionalmente el gasto. Nadie duda de que la economía nacional está maltrecha y que todos debemos empeñarnos en la tarea de su reconstrucción. También reconozco el abuso que ha habido en la prescripción y receptación de medicamentos. Pero eso no puede confundirse con saltarse las normas básicas, invocando la coartada del “ahorro” y del “control” y cortar por lo sano pagando justos por pecadores. La salud es muy importante, yo diría que lo más importante que tenemos, y hay que cuidarla con esmero.

En todo caso, si los responsables sanitarios creen que lo que hacen es lo correcto, que no hay ningún riesgo en esas prácticas, y que la eficacia es la misma de un “principio activo” que la que tienen productos de marca registrada, no habrá ningún inconveniente, primero en afirmarlo públicamente y sin tapujos; en segundo lugar, defenderlo y explicarlo con claridad y sin ambages para que los ciudadanos lo sepan y, de esta forma, puedan sacar sus propias conclusiones. ¿No les parece?