Opinión

¡Éramos pocos y parió…!

Querido lector, hoy me asomo a esta tribuna como presunto damnificado, quizá como posible víctima, puede que como ciudadano sufriente. O, si lo prefieren, como un simple contribuyente que, además de pagar impuestos y soportar no sólo la petulancia de algunos políticos (tanto de uno como de otro bando) incapaces de hacer un gesto de moderación y de ejemplo ante el ciudadano prescindiendo de ciertos privilegios, tengo que sobrellevar también la voracidad recaudatoria de nuestros dirigentes municipales, que nos han llenado la Inmortal ciudad de Zaragoza de radares fijos y, ahora también de móviles, no para prevenir accidentes, sino para conseguir los euros que les niegan desde el estado central y poder seguir con sus habituales "inversiones sociales" que a algunos, sin lugar a dudas los mal pensados, llaman despilfarro y derroche.

Querido lector, hoy me asomo a esta tribuna como presunto damnificado, quizá como posible víctima, puede que como ciudadano sufriente. O, si lo prefieren, como un simple contribuyente que, además de pagar impuestos y soportar no sólo la petulancia de algunos políticos (tanto de uno como de otro bando) incapaces de hacer un gesto de moderación y de ejemplo ante el ciudadano prescindiendo de ciertos privilegios, tengo que sobrellevar también la voracidad recaudatoria de nuestros dirigentes municipales, que nos han llenado la Inmortal ciudad de Zaragoza de radares fijos y, ahora también de móviles, no para prevenir accidentes, sino para conseguir los euros que les niegan desde el estado central y poder seguir con sus habituales “inversiones sociales” que a algunos, sin lugar a dudas los mal pensados, llaman despilfarro y derroche.

Vivo en el Paseo María Agustín y hace días que vengo observando como un coche de esos que llaman “camuflados” se coloca en un lateral de la amplia avenida con premeditación, nocturnidad y alevosía. Agazapado cual cazador ante su presa dispara periódicamente el “flash” de su aparatito recaudador, y otro incauto más al bote. Todavía no me ha ocurrido, pero es cuestión de tener paciencia y más pronto que tarde pasaré a engrosar la nueva lista del contribuyente cabreado, forzoso e indignado. 

Parece que no es suficiente con reducir el límite de velocidad a 110 kms/hora en nuestras autopistas, medida que va a originar probablemente más accidentes que a evitarlos, dado el sopor que se produce y el incremento en la distracción; no es suficiente con convertir a una buena parte de los agentes de la benemérita en eficientes agentes tributarios encubiertos; parece que no basta con la elevada presión impositiva que tenemos que  soportar desde el estado central, autonómico, provincial y local. No, ahora también, la Policía Local, faltaría más, tiene su juguetito particular y ¡hala!… como decía el insigne Joaquín Prat, aaaaajugarrr.

Me parece excelente hacer cumplir las normas, pero eso sí, todas y para todos. Creo que es adecuado controlar los límites de velocidad en las grandes vías, para que la convivencia ciudadana sea lo mejor posible, pero no creando un problema mayor de seguridad al aumentar la distracción debido al tedio y la monotonía. No seré yo quien cuestione la necesidad del orden, de autoridad e incluso del castigo severo ante una infracción de circulación por una imprudencia grave. Pero esto no es lo que se está consiguiendo al utilizar las modernas tecnologías para “cazar” más a los despistados que a los imprudentes, para sablear más a los incautos que a los temerarios, para, en suma, conseguir unos “eurillos” extras que de seguro irán muy bien para la gasolina de sus “discretos coches oficiales”, seguir viajando en “businessclass” y mantener un envidiable salario y una jubilación dorada, como justa retribución a la delicada y compleja tarea política de acudir periódicamente y con esfuerzo sobrehumano, “pretar” el botón del “sí”, del “no” o de la “abstención”.
 
Querido y respetado Señor Alcalde, le propongo una idea más sencilla para moderar la velocidad de esos “locos del volante” y de paso disminuir el paro juvenil, aumentar el PIB y modernizar la ciudad. Ponga un nuevo tranvía en el citado paseo. Le aseguro que circular a más de 30 por hora es imposible. Y esos agentes que emplea para los menesteres recaudatorios, ésos a buscar traficantes de droga, regular el tráfico, o, si lo prefiere, a ayudar a una ancianita a pasar entre el “fluido tráfico” de nuestra inmortal y en verdad que “heroica” ciudad de Zaragoza.