Opinión

¿De qué se quejan?

¿De qué se quejan queridos conciudadanos? ¿Por qué se irritan con las largas, tediosas e inacabables obras del tranvía si todo estaba previsto? Aquí no hay nada de improvisación, ni mucho menos de negligencia. El Consistorio municipal piensa en nuestra salud física y mental integral, y como no puede ser de otra manera, en este su gran proyecto de transformación y cambio del urbanismo zaragozano no ha dejado nada al azar. ¡Qué mal pensados somos los aragoneses!

¿De qué se quejan queridos conciudadanos? ¿Por qué se irritan con las largas, tediosas e inacabables obras del tranvía si todo estaba previsto? Aquí no hay nada de improvisación, ni mucho menos de negligencia. El Consistorio municipal piensa en nuestra salud física y mental integral, y como no puede ser de otra manera, en este su gran proyecto de transformación y cambio del urbanismo zaragozano no ha dejado nada al azar. ¡Qué mal pensados somos los aragoneses!

La lentitud de la circulación que estas obras ya han creado y que previsiblemente aumentará cuando el “supermoderno tranvía” funcione no es casual; la dificultad para llegar en taxi a lo largo de todo el recorrido de la Gran Vía y Fernando el Católico no es un imprevisto; la pericia y habilidad que los conductores de transportes sanitarios o de bomberos tendrán que demostrar para sortear los obstáculos de llegada a los grandes hospitales de la ciudad no es algo inesperado; la imposibilidad  para la carga y descarga de los vecinos de la zona en todo este recorrido, o el polvo y los ruidos que han tenido que soportar los que allí viven o los que por allí pasean no es algo impróvido ¿Creen que se debe a una mala planificación? En absoluto. Todo estaba y está muy bien pensado. Si me lo permiten se lo cuento.

Dejando un solo carril en una arteria tan importante de nuestra ciudad se conseguirá reducir al máximo el estrés de los conductores, que podrán admirar el paisaje urbano, los árboles, incluso charlar con los viandantes, o entretenerse e informarse oyendo la radio mientras hacen ese recorrido que ha aumentado en unos quince minutos de media.

Por otro lado, los accidentes por atropello disminuirán de forma muy notable e incluso pueden llegar a desaparecer, con el prestigio que eso nos puede dar en todo el Estado. Con una velocidad máxima de 10-15 kilómetros por hora, el frenado de cualquier vehículo es muy sencillo y eficaz. Eso sí, un pequeño y sutil inconveniente ya que probablemente se incrementen los accidentes por atropello de tranvías, algo demostrado en todos los municipios que adoptan tan moderno y eficaz sistema de transporte, y que recuerda a la Rusia de la Perestroika.

Además, los que critican el plan no se han dado cuenta de que otro de los objetivos latentes es incrementar la masa muscular de los vecinos de la zona, ya que si pretenden descargar cualquier objeto desde su vehículo a casa, al tenerlo que hacer desde una cierta distancia (a veces considerable), ejercitarán sin querer los diferentes grupos musculares y reducirán sus niveles de colesterol, ácido úrico y triglicéridos. O sea, de forma gratuita se pondrán hechos unos “cachas” y estarán cada vez más sanos.

Y, ¿qué me dicen ustedes de la enorme pericia que alcanzarán los conductores de ambulancias y del cuerpo de bomberos de esta inmortal ciudad? Estoy seguro de que en pocas metrópolis existe un camino tan dificultoso y lento para llegar a los grandes hospitales, pero eso les dará una habilidad con la que podrán superar cualquier récord por difícil que sea, o una cualificación profesional extraordinaria que les dará una seguridad laboral difícil de superar. ¿Qué no hay trabajo aquí?, pues a otro lado que con ese currículo seguro que lo tienen “chupao”.

Y he dejado para el final lo mejor. ¡Qué mal pensados los que se han quejado tanto de la incomodidad, el polvo y el ruido existente! Eso tenía una finalidad clara. Hay que preparar a la población para una posible contienda bélica. Tal y como están las cosas, el día menos pensado nos vemos metidos en un “fregao” descomunal, y no vean la ventaja que van a tener después de tanto entrenamiento en decibelios, trincheras, y riesgos varios.

¿Se dan cuenta? Y nosotros pensando mal. Si a eso le añaden que el tranvía es el medio más ecológico, seguro, cómodo, rápido, económico, moderno, y además el deseado por la mayoría de la población aragonesa, “miel sobre hojuelas”. Desde luego qué gran verdad recoge ese aforismo que dice: “De desagradecidos está el mundo lleno”. Viva la ironía y olé.