Opinión

De héroe a villano

No hace todavía dos años cuando saltó a todos los medios de comunicación un hecho que llamó poderosamente la atención: un ciudadano herido muy grave por defender a una mujer del maltrato de su novio. Ese ciudadano anónimo dejó pronto de serlo y se convirtió en un héroe nacional condecorado oficialmente, ensalzado públicamente y puesto de ejemplo ante una sociedad hedonista y en la que la ética "brilla por su ausencia". ¡Todos a una con el profesor Neira, ejemplo de hombre cabal y de defensor de los débiles!

No hace todavía dos años cuando saltó a todos los medios de comunicación un hecho que llamó poderosamente la atención: un ciudadano herido muy grave por defender a una mujer del maltrato de su novio. Ese ciudadano anónimo dejó pronto de serlo y se convirtió en un héroe nacional condecorado oficialmente, ensalzado públicamente y puesto de ejemplo ante una sociedad hedonista y en la que la ética "brilla por su ausencia". ¡Todos a una con el profesor Neira, ejemplo de hombre cabal y de defensor de los débiles!

A los pocos meses, y todavía cuando el interfecto se encontraba hospitalizado debatiéndose entre la vida y la muerte, empezaron los dimes y diretes televisivos, los pronunciamientos de unos y las justificaciones de otros. La agredida defendiendo a su agresor; la mujer del profesor dando explicaciones en los medios, y acusando sutilmente a los médicos de una cadena de presuntos errores que habían llevado a su marido a tan delicada situación; el agredido intentando sobrevivir, ajeno por completo a lo que ocurría en “el circo mediático” y con frecuentes altibajos que nos hicieron a todos temer lo peor.

Pasados los meses, vimos una imagen impactante del profesor Neira saliendo de la clínica postrado en una silla de ruedas y con aspecto que indicaba claramente el mal trance pasado y el largo camino que le quedaba por recorrer hasta su total recuperación. Pero, afortunadamente, el tiempo pasó rápido y pronto pudimos ver al “héroe” homenajeado por sus conciudadanos, citado por los políticos como ejemplo de la comunidad y designado para un puesto público como agradecimiento y reconocimiento a su virtuosa actuación. ¡Todos a una con el profesor Neira! y la maltratada sola ante todos por defender a su agresor, el mundo al revés, como diría un filósofo de pacotilla. Todo un caso clínico para un psiquiatra y esperpéntico para cualquier mente equilibrada.

Pero el tiempo ha seguido pasando inexorablemente y el “héroe”, en un cerrar y abrir de ojos, ha pasado a ser un “villano”. El ejemplar ciudadano ha sido cuestionado, criticado y vapuleado. Su delito: conducir bajo los efectos del alcohol y, sobre todo, su falta de arrepentimiento y arrogancia ante tan burda tropelía. ¡Intolerable, decía una señora a otra en la pescadería mientras esperaba su turno! ¡Si ya lo decía yo- añadió su interlocutora- a mí no me daba buena espina este señor!

Pronto han aparecido los expertos intentando explicar, justificar e incluso diagnosticar la personalidad del sujeto sometido a otro “juicio rápido” televisivo, además del que se estaba haciendo en los tribunales de Justicia. A ese coro de periodistas, psiquiatras, psicólogos, criminólogos, juristas, tertulianos, filósofos, antropólogos y expertos varios se han unido las voces de los políticos. Unos, precisamente los mismos que le habían nombrado, sugiriendo tímidamente su dimisión. Otros, los de la oposición, solicitando enérgicamente su cese. Y eso sí, ahora: ¡Todos contra Neira, el héroe es un engaño!

Prepotente, orgulloso, desequilibrado, rígido, altivo, incoherente, trastornado han sido sólo algunos de los adjetivos que hemos oído y leído, del que hasta hace sólo unos días, quizá sólo unas horas, era un ejemplo de civismo. No es posible una transformación así, salvo que estemos ante Doctor Jekyll y Mister Hyde, y eso sería lo mismo que aceptar que estamos ante un enfermo mental grave, afirmación temeraria, inoportuna y carente del mínimo rigor científico si se hace sólo por la información que aparece en los medios.

Una vez más somos testigos de lo voluble que es eso que se denomina “gente”; de lo fácil que cambiamos de opinión los seres humanos; de lo cruel que puede llegar a ser la notoriedad y la fama; de lo terrible que puede ser la popularidad. Permítanme que a estas alturas de la película les recuerde la frase del Eclesiastés, que aunque conocida se olvida con frecuencia: “Vanidad de vanidades, todo es vanidad”.