Opinión

Crisis, ¿pero qué crisis?

Cuando escribo estas líneas es el comienzo del puente y me encuentro sentado en un avión de Air Europa desde hace una hora esperando la salida, Al parecer hay una huelga salvaje de los controladores de Barajas (qué raro y curioso), según nos dice el comandante de nuestra aeronave, disfrazada de “un incidente imprevisto en la torre de control”.

Cuando escribo estas líneas es el comienzo del puente y me encuentro sentado en un avión de Air Europa desde hace una hora esperando la salida, Al parecer hay una huelga salvaje de los controladores de Barajas (qué raro y curioso), según nos dice el comandante de nuestra aeronave, disfrazada de “un incidente imprevisto en la torre de control”.

El avión va hasta “las cachas”, como diría un castizo, todos vamos, o al menos eso es lo que queríamos, a Palma de Mallorca. Servidor de ustedes a trabajar, ya que tengo que dar un curso sobre psicogeriatría, pero por lo que puedo ver, o mejor dicho oír, la mayoría del pasaje van a disfrutar de este maravilloso, fantástico y relajante acueducto que no puente, de la famosa, y hoy tan cuestionada, Constitución Española.

Hace unos días me asomaba a los medios aragoneses y nacionales presentando un estudio que hemos hecho sobre la influencia de la crisis en la salud mental. Los datos, aunque provisionales, eran concluyentes: la salud mental de la muestra estudiada estaba tocada y se resentía por los avatares económicos. Entonces, ¿cómo se explica esta alegría desbordante y la migración vacacional?, ¿cómo es posible, si estamos en crisis, que estén los hoteles llenos, los vuelos con overbooking, los controladores en huelga encubierta y las agencias de viajes haciendo su agosto? Pues precisamente por eso, por que estamos en crisis, en una grave y profunda crisis, que nos incita a relativizar la vida y a seguir al pie de la letra la famosa frase tan repetida, manida y mal usada de Carpe Diem.

Cuanto peor van las cosas, sobre todo en algunos estratos sociales, más alarde se hace y más se vive al día. Ello no es contradictorio, sino lógico. Refranes, es decir sabiduría popular basada en la experiencia, hay muchos que lo explican y justifican como el que dice: “Al mal tiempo, buena cara”.  Eso se llama mecanismo de defensa, es decir, ante la adversidad y el infortunio la reacción es echar la casa por la ventana, o lo que es lo mismo, “de perdidos al río”. Lo malo, o lo peor, es que luego hay que volver a la dura, triste y cruda realidad.

La crisis existe aunque pretendamos ocultarla con estos “excesos”; la crisis económica nos hace pupa, aunque disimulemos, sobresimulemos o simulemos; la crisis está cambiando el panorama social, aunque todavía haya recursos para seguir aparentando que aquí no pasa nada, que España es diferente y que la alegría mediterránea puede con todo.

Dicho lo dicho, y sin negar la evidencia ya que sería de necios, lo que es incuestionable a mi entender es que también se llama “crisis” a vivir con más normalidad. Que es más un ajuste que un drama; que estábamos en una burbuja, no sólo inmobiliaria, sino psicológica; que, siguiendo con los refranes, “hemos estirado el brazo más de lo que da de sí la manga”; que era muy difícil mantener un nivel de vida, mejor dicho de “vidorra”, como el que había, máxime cuando este país no es ni rico en cuanto a sus recursos naturales, ni opulento en tecnología o investigación.

Pero la crisis se contagia, como lo hace la gripe, y de tanto hablar de ella llega un momento en el que además del factor objetivo, esto es, se despiden a 900  trabajadores en la GM, existe un elemento subjetivo, “si crees, creas”, es decir, si pienso que me voy a caer, al final se acaba cumpliendo mi premonición.

No es de recibo que los controladores aéreos, para ayudar al Gobierno, hagan una huelga encubierta justo al comienzo del “acueducto”, pero tampoco es eficaz hablar y hablar de la crisis y transmitir una actitud negativa a nuestros semejantes. “Obras son amores que no buenas razones”, o, como dijo aquel famoso presidente americano de final trágico: “No te preguntes que puede hacer tu país por ti, pregúntate que puedes hacer tú por tu país”.