Opinión

¿A la caza y captura del profesional sanitario?

Los médicos, y otros profesionales de la salud, se sienten “maltratados” por su entorno social (administración, empresas sanitarias, medios de comunicación, justicia, pacientes, usuarios), ello puede explicar la noticia que ha saltado a los medios: faltan médicos y enfermeras en nuestras consultas, y los que ya están trabajando huyen hacia otros países, donde se les da un trato personal y social más correcto.

Los médicos, y otros profesionales de la salud, se sienten “maltratados” por su entorno social (administración, empresas sanitarias, medios de comunicación, justicia, pacientes, usuarios), ello puede explicar la noticia que ha saltado a los medios: faltan médicos y enfermeras en nuestras consultas, y los que ya están trabajando huyen hacia otros países, donde se les da un trato personal y social más correcto.

Dedicarse a la medicina no es un trabajo cualquiera, ya que además de ser la carrera profesional más larga de cuantas se pueden cursar en nuestra universidad, es también un trabajo que requiere además de ciencia, poseer una personalidad “especial”, capaz de soportar, convivir y enfrentarse directamente y todos los días con el dolor, la enfermedad y la muerte. Es decir, con lo más desagradable de la existencia humana.

Ejercer la medicina en nuestro entorno es realmente complejo. Por un lado está el patrono mayoritario, es decir, la administración que, independientemente de la ideología política que tenga, todas exigen a los profesionales de la salud trabajar a destajo, mirando el presupuesto más que la calidad, sobrecargando sus consultas y listas de espera, prometiendo al ciudadano lo que no se puede cumplir, y ocultando que la asistencia sanitaria global, integral y gratuita, tal y como la tenemos establecida, resulta en la actualidad difícilmente soportable con los presupuestos públicos que tiene asignados.

Por otro lado nos encontramos con un usuario, antes llamado paciente, que cada vez más informado (aunque no mejor), exige la infalibilidad de la ciencia medica, llegando a distorsionar la realidad y a creer que cuando alguien fallece, o cuando una intervención sanitaria no da el resultado esperado, es “siempre culpa del profesional que le ha atendido”, sin darse cuenta de que por importante que sea el avance científico la fragilidad de nuestra vida es consustancial con la naturaleza humana.

Por último, y para complicar si cabe mas la situación, existen medios de comunicación de masas sensacionalistas y torticeros que se hacen solo eco a bombo y platillo de los llamados “errores médicos”, sin reflejar, en cambio, que cada día en España se hacen mas de un millón de actos médicos con resultados satisfactorios, que el nivel de nuestros médicos y enfermeros no tiene nada que envidiar a los países del entorno, y que disponemos de un sistema de salud que, con todos los defectos que se quiera y sobre todo a costa del esfuerzo del personal que lo compone, sigue prestando una asistencia envidiable y admirable.

Aviso a navegantes: es urgente cambiar la situación si no la cuerda se romperá. Algo se estará haciendo mal cuando ni los profesionales ni los usuarios, se sienten satisfechos con una de las actividades claves y esenciales de la llamada “sociedad del bienestar”.