Opinión

Aragón: capital Peñíscola

¿Dónde vas de vacaciones?, oí como le preguntaba una señora a otra mientras hacían la compra en el Mercado Central. A Peñíscola, le contestó con tono eufórico y radiante, como todos los años, hace tan buen clima y estamos tan a gusto que año tras año volvemos allí, añadió para dejar claro su incuestionable elección.

¿Dónde vas de vacaciones?, oí como le preguntaba una señora a otra mientras hacían la compra en el Mercado Central. A Peñíscola, le contestó con tono eufórico y radiante, como todos los años, hace tan buen clima y estamos tan a gusto que año tras año volvemos allí, añadió para dejar claro su incuestionable elección.

Muchísimos aragoneses pasan, mejor dicho pasamos, las vacaciones en Peñíscola. La "Ciudad en el Mar", la tierra de Benedicto XIII, más conocido como el Papa Luna. Peñíscola, agraciado rincón del Mediterráneo donde García Berlanga rodó su entrañable película Calabuig o donde paseó su apuesta figura Charlton Heston interpretando el Cid Campeador. "Penyíscola la terra més bonica del mond", como se dice en la lengua valenciana.

Hace 45 años que un servidor de ustedes intenta pasar siempre una buena parte de las vacaciones en la muy noble, querida y singular ciudad de Peñíscola. Es siempre un placer pasear por sus blancas y empinadas callejuelas llenas de flores y de sosiego; es un deleite para los sentidos dejarse invadir por el aroma que el "mare nostrum despide" al chocar contra sus costas; es toda una delicia recorrer su paseo marítimo, o degustar un buen "Suquet a Peix" que en esta tierra se hace como en ningún otro sitio. En fin, reconozco que soy un enamorado de ese pueblo mediterráneo donde se exilió y acabó sus días hace cientos de años el tozudo aragonés Don Pedro Martínez de Luna, y donde miles de aragoneses hoy disfrutamos nuestro merecido descanso veraniego.

Pero mi amor hacia la tierra donde ejerció su cismático pontificado el Papa Luna no es ciego, ni sordo, ni mucho menos mudo. Mi cariño por esa tierra no es el de un quinceañero que sólo ve lo maravilloso de su primer lance sentimental. Al contario, es, o al menos eso intento, un amor maduro y sosegado, más propio del que tiene la madre por un hijo. Por eso, precisamente porque quiero a esa tierra y a sus gentes, tengo que reconocer que ese peñón valenciano, a la sazón trocito de España, tiene que trabajar duro para no quedarse en el vagón de cola de su gran y mejor industria: el turismo.

Para algunos, sin duda los más pesimistas, en Peñíscola hay una "mano negra" que impide su progreso y avance. Otros afirman que hay una "conspiración" para que sus accesos no mejoren, para que no se construya ese puerto deportivo tan necesario y que tanto impulso daría a un turismo de calidad, para que se dilate "sine die" la cesión a la corporación local de unos terrenos estatales ubicados en el centro del pueblo e infrautilizados, y ello quizá, sólo quizá, porque el color ideológico de su alcalde no coincide con el que hay en la Administración estatal. Dicen que hay un complot para que no se construya una depuradora adecuada para un pueblo que, de sus casi ocho mil habitantes censados, pasa en verano a ser una gran ciudad cosmopolita con más de cien mil. En fin, una "maquinación" que oscurece todavía más si cabe un futuro que es incierto ya para todos. 

Yo no creo en manos negras ni tampoco en blancas. Creo en el trabajo, en la constancia y en la lucha. Creo en la honestidad y honradez. Creo en la preparación y en el estudio. Creo que si uno se lo propone, se puede conseguir "casi" todo.

¡Ánimo peñiscolanos! Ánimo y a ponerse las pilas, ya no vale sólo con tener ese sol maravilloso, ese mar regalo de la naturaleza y ese castillo templario. Hay que competir para no perder el puesto de honor que la ciudad de Peñíscola se merece.

Peñíscola, ciudad en el mar, Peñíscola la capital de Aragón durante este cálido y "crítico" verano.