Opinión

¿Ansiedad…?

Hace solo unos días me asomaba por primera vez a estas páginas para presentarme y para manifestar mi felicidad por volver con mis gentes y a la tierra que me había visto nacer y crecer. Manifesté públicamente mi orgullo por ser aragonés, tierra de “gigantes y cabezudos”, y felicité a quienes habían conseguido que Zaragoza, se haya convertido en una capital bella e interesante.

Hace sólo unos días me asomaba por primera vez a estas páginas para presentarme y para manifestar mi felicidad por volver con mis gentes y a la tierra que me había visto nacer y crecer. Manifesté públicamente mi orgullo por ser aragonés, tierra de “gigantes y cabezudos”, y felicité a quienes habían conseguido que Zaragoza, se haya convertido en una capital bella e interesante.

Hoy me asomo a estas páginas lleno tristeza y, sobre todo, de preocupación. Una atleta aragonesa, presuntamente como se dice ahora, nos ha dejado en muy mal lugar, no sólo a los maños, sino a España entera. Y mi rabia e inquietud no son porque nuestra compatriota haya perdido una competición, o porque no haya dado la talla en un deporte, o porque se haya hecho una injusticia con ella. No, ha sido por algo mucho más preocupante como es el haber dado positivo en un control de sustancias a los que se deben someter quienes practican estas actividades a nivel olímpico.

Y digo preocupación más que indignación porque con esta actitud, además de quebrar ciertos aspectos éticos y morales en los que creo que no debo entrar, lo que sí se pone de manifiesto es que hoy todo vale para conseguir una meta. Es decir, el mundo al revés: “el fin justifica los medios”.

Me preocupa como médico el que una persona ingiera sustancias que dañan su salud al provocar unas reacciones anormales y romper el equilibrio que posee nuestro organismo. Me preocupa como médico psiquiatra que una persona arriesgue su salud para obtener un rendimiento ficticio, para de esta forma, a lo mejor, conseguir un triunfo. Me preocupa como persona el que otra persona engañe, mienta y haga trampas para obtener un éxito profesional. Me preocupa como padre de familia el ejemplo que esta deportista está dando a aquellos jóvenes que creen que de forma natural y con el trabajo y la constancia se puede llegar al éxito. Me preocupa el que este caso sea sólo la punta del iceberg y que haya otros personajes dispuestos a jugar sucio con tal de obtener los resultados que se han propuesto.

Lo que “presuntamente” ha hecho nuestra compatriota esta mal. Pero la responsabilidad no es toda suya. Alguien le ha incitado, le ha ayudado, incluso le ha proporcionado esa sustancia. Ella, en el uso de su libertad, ha cometido un error y probablemente deberá pagar por ello. Pero detrás, con toda probabilidad me temo que habrá otros, quizá más maduros, con más conocimientos o con más malicia, que le han ayudado a dar ese paso equivocado. Éstos son tan responsables o más que la ingenua ciclista, que en su afán por llegar a la meta la primera ha caído en el descrito y en el deshonor.

No, no era ansiedad, era vergüenza, temor, culpabilidad, miedo, preocupación, dudas, desasosiego, tribulación lo que le hizo abandonar la competición y regresar a España con antelación. No tengamos duda, en el pecado le irá la penitencia.

Pero, “aviso a navegantes”, el consumo de sustancias es un gravísimo problema de la sociedad actual, y con la marcha que llevamos lo será también de las futuras, que por frecuente, se está menospreciando. Si este fiasco sirve para hacernos reflexionar sobre esta situación, hasta se podría dar por bueno el error que se ha cometido.

Estamos viendo los médicos un incremento del consumo de las sustancias que llevan al individuo a evadirse, a competir sin medida, a tener aparentemente más vitalidad y energía, a rendir más y a dormir menos. Estamos viendo con gran impotencia como algunos jóvenes y no tan jóvenes, se destruyen para conseguir algo tan imposible como absurdo: dejar de ser humanos y convertirse en dioses.