Opinión

Envidia

He estado en Valencia y he sentido envidia, sana, pero envidia al fin y al cabo, de ver la red de metro que tiene. He estado también paseando por sus calles y sus plazas, he disfrutado de sus jardines y de sus flores, de su luz y del amor de sus gentes, como dice el clásico pasodoble. He estado en Valencia y he visto una ciudad armónica, bella, bien planificada y, sobre todo, bien comunicada.

He estado en Valencia y he sentido envidia, sana, pero envidia al fin y al cabo, de ver la red de metro que tiene. He estado también paseando por sus calles y sus plazas, he disfrutado de sus jardines y de sus flores, de su luz y del amor de sus gentes, como dice el clásico pasodoble. He estado en Valencia y he visto una ciudad armónica, bella, bien planificada y, sobre todo, bien comunicada.

Una ciudad sin obras, ¡qué maravilla!, casi no lo podía creer. Una urbe cosmopolita, en la que si uno lo desea puede ir de punta a punta en no más de veinte minutos y pasar desde la zona industrial llena de febril actividad al “mare nostrum” azul y cálido. Qué delicia, el metro, ese transporte moderno, eficaz, rápido, limpio y  que nosotros los maños, los zaragozanos, los “cheposos”, como algunos dicen irónicamente por el cálido y suave viento que a veces nos rachea, nunca llegaremos a disfrutar por los delirios de unos y las obsesiones de otros.

El metropolitano es una delicia y una eficaz forma de transporte que permite un desplazamiento veloz, pulcro, seguro, cómodo y eficiente. Es una manera de desplazarse e incluso de “viajar” por cualquier ciudad que pretenda ser vanguardia de este país-nación-conjunto de nacionalidades-estado llamado, por ahora, España.

Aragón ha perdido el metro, aunque también es cierto que ha ganado el tranvía. ¡Aplausos por favor! Ha conseguido un bonito, ecológico y anticuado medio de paseo, que no de trasporte. Con el tranvía hemos cerrado a la circulación rodada la arteria más importante de la ciudad. Hemos condenado a muchos vecinos, comerciantes, taxistas, repartidores, conductores, funcionarios; es decir, “ciudadanos-contribuyentes” a otra forma de vida. Pero eso sí, hemos salvaguardado todas las infinitas ruinas romanas que en los subsuelos de nuestra urbe duermen y dormirán el sueño eterno.

Hemos conseguido quizá una ciudad mas bucólica, puede ser que mas nostálgica, a lo mejor mas “vintage” como dicen los “snobs”, una ciudad del pasado, pero me temo que no para el futuro. Hemos creado un guirigay de transbordos, que, aun sin estar a pleno funcionamiento, el “controvertido tranvía” ya están generando problemas y críticas de los afectados. Veremos lo que pasa cuando las nuevas viviendas proyectadas en “Arcosur” se llenen de ciudadanos-contribuyentes y tengan que desplazarse-transportarse hasta el centro de “Cesaraugusta”.

Yo vivo en el centro y uso el tranvía. Me gusta ese medio, pero no por ello dejo de reconocer su obsolescencia. Me agrada, pero como una forma de paseo, no de comunicación. Me atrae, pero veo sus múltiples inconvenientes. Me parece curioso, romántico, hasta sentimental. Me trae recuerdos de la niñez, del otro tranvía que yo viví y disfruté, ¡qué tiempos aquellos! Tiempos que puedo volver a vivir gracias “al buen hacer” de nuestros gobernantes municipales.

Pero claro está, yo no soy gestor, ni político, ni dirigente, ni manejo los fondos públicos y no puedo permitirme esos y otros lujos.