Opinión

Nos los educan otros

¿Podemos educar a nuestros adolescentes? Caminaba hace unos días por el Paseo de la Independencia cuando me topé con un compañero que no veía hacia años. Nos dimos un abrazo y comenzamos a hablar de cómo nos iba a los dos. En mitad de la conversación mi compañero con un gesto como de querer hacer memoria, me dijo: “Por cierto, tú eras psicólogo, ¿no?” a lo que respondí que sí, que eso no se pierde con la jubilación. Y, a continuación, le digo con mucha seguridad: “Y, ¡tú tienes un hijo de 15 años!” a lo que me dijo también que sí. Entonces me volvió a preguntar: “¿Cómo lo sabes?”. Yo le respondí: “Porque soy psicólogo, y porque cuando él tenía 6 años no te importaba que yo fuera psicólogo”. Efectivamente, como dice el refrán “Nos acordamos de Sta. Bárbara cuando truena”.

¿Podemos educar a nuestros adolescentes? Caminaba hace unos días por el Paseo de la Independencia cuando me topé con un compañero que no veía hacia años. Nos dimos un abrazo y comenzamos a hablar de cómo nos iba a los dos. En mitad de la conversación mi compañero con un gesto como de querer hacer memoria, me dijo: “Por cierto, tú eras psicólogo, ¿no?” a lo que respondí que sí, que eso no se pierde con la jubilación. Y, a continuación, le digo con mucha seguridad: “Y, ¡tú tienes un hijo de 15 años!” a lo que me dijo también que sí. Entonces me volvió a preguntar: “¿Cómo lo sabes?”. Yo le respondí: “Porque soy psicólogo, y porque cuando él tenía 6 años no te importaba que yo fuera psicólogo”. Efectivamente, como dice el refrán “Nos acordamos de Sta. Bárbara cuando truena”.

La evolución psicológica de nuestros hijos viene determinada por la biología, por la maduración progresiva de su sistema nervioso marcando entre otras tres fases decisivas: la primera, la fase de oposición cuando tienen los dos años que es cuando aprenden a decir “no” y se oponen ya a comer, dejar de jugar, o irse a dormir. Más tarde, de los 6 a los 13-14, o antes, tenemos la fase que Freud denominaba como “fase de latencia”, esto es, cuando nuestra mayor preocupación son los estudios y es como si las emociones de rabia estuviesen dormidas. Finalmente, en esa edad de la pubertad aparece de nuevo la rabia, la oposición, la negación y el enfrentamiento sobre todo con los padres; es la fase de autoafirmación necesaria para convertirse en personas autónomas. Y, ahí, es cuando echamos de menos la mano de un profesional que vuelva a nuestros hijos a la época de la docilidad y de la obediencia. Bien, pues eso, es imposible.

¿Por qué he titulado el artículo: “Nos los educan otros”? Porque en esta edad de oposición a los padres y madres los chicos se sienten seguros con otros chicos y chicas, pero, sobre todo, con los/as “malotes”. Son ellos quienes nos educan a los nuestros que, sin darnos cuenta, han dejado de ser niños.

De ahí, mi consejo como psicólogo. Primero, cuando son pequeños, a partir de los tres o cuatro años, recomiendo las fiestas pijama en casas, con los amigos y así hasta la etapa de juventud. Segundo, cuando se encuentran en la “fase de latencia” lo mejor es que vayan a campamentos, practiquen con regularidad deportes y se hagan de clubes y asociaciones, tipo scouts, que tengan actividades mixtas todo el año porque allí aprenderán a relacionarse de forma positiva con otros chicos y chicas. Y, tercero, cuando sean adolescentes y no hayamos hecho lo anterior debemos conseguir que nuestros hijos se relacionen lo más posible con otros de su misma edad en ambientes controlados como pueda ser la familia extensa, primos, el vecindario conocido, etc. Que no nos preocupen tanto las notas como los amigos con los que sale. Y, si fuera necesario, por qué no, vayamos al psicólogo antes de que sea demasiado tarde. Porque, no lo olvidemos, en la adolescencia “nos los educan otros”.