Opinión

Consumismo o con-su-mismo

Me critican muchas veces porque yo soy una persona adicta al consumismo, al “con su mismo” traje, pantalón, coche…etc. Pero, ¿qué es el consumismo y por qué nos atrae tanto?

Me critican muchas veces porque yo soy una persona adicta al consumismo, al “con su mismo” traje, pantalón, coche…etc. Pero, ¿qué es el consumismo y por qué nos atrae tanto?

Nos dice el diccionario de la RAE que consumismo es la “tendencia inmoderada a adquirir, gastar o consumir bienes, no siempre necesarios”. Es en esta última parte de la definición donde se encuentra la raíz del consumismo: “No siempre necesarios”. Debemos entender que las cosas son necesarias o no relativas al nivel socioeconómico de una sociedad y así podremos evaluar si una determinada cosa es o no necesaria. Pongamos, por ejemplo, en una tribu de África donde casi no pueden comer, los zapatos no serán necesarios porque la alimentación será lo más prioritario. Sin embargo, en nuestra sociedad tener zapatos es una necesidad de primer orden. Ahora bien, tener unos zapatos de diseño exclusivo por un valor de 1.500 euros entenderemos que no es algo necesario.

Por tanto, salvando que lo necesario siempre tiene relación con la media de los objetos usados por una sociedad, aquello que se vaya de precio, muy por encima de esa media, podrá ser considerado innecesario. Mas resulta que esos objetos que “nadie tiene”, que se llaman “exclusivos”, son los que más nos atraen.

La Psicología nos explica que las decisiones del ser humano, a pesar de ser racionales, esto es, fruto de las conexiones en la zona orbitofrotal del cerebro, están muy influidas por los centros neuronales del sistema límbico según el siguiente proceso. De este modo, cuando vemos, por ejemplo, unos zapatos que nos gustan en un escaparate, nuestro cerebro segrega dopamina que es el neurotransmisor de la felicidad. Éste pone en marcha el circuito de la acción a través de otros neurotransmisores como son la adrenalina, noradrenalina y el cortisol que nos hacen sentir insatisfechos porque todavía no los poseemos. Y, cuando ya los hemos adquirido, entonces sentimos un estado de relajación y felicidad fruto de otro neurotransmisor llamado serotonina.

El problema es que la cosa no queda ahí, sino que enseguida nuestra atención se dirige a otro estímulo que nos hace repetir el proceso anterior. Y, así, una vez, y otra, y otra. El ser humano, como animal que es, está diseñado para la insatisfacción, en un estado permanente de búsqueda de satisfacción. Pero, todavía hay más. Resulta que el cerebro humano, cuando le damos continuas satisfacciones con cada vez más cosas atrofia los receptores de la dopamina y necesita que se le proporcionen cada vez más estímulos. De este modo, al igual que un drogadicto en el síndrome de abstinencia necesita la droga, el comprador compulsivo necesita un nuevo producto para su satisfacción.

Y, ¿qué solución tiene esto? La Psicología nos habla de regulación emocional, que no es más que aprender a “aguantarse” las ganas. Efectivamente, el cerebro límbico tiene una gran influencia en las decisiones que toma la corteza cerebral frontal, pero ésta puede regular esa influencia. Es tan sencillo como buscar la felicidad más que el placer. Cuando buscamos sin parar el placer comprando cosas, acabaremos con una adicción consumista que nos provocará continuos estados de abstinencia cuando no compremos. De otra parte, si buscamos la felicidad, esto es, nos conformamos con una menor excitación, buscando situaciones placenteras como un encuentro con un amigo, una buena lectura, un paseo entre los árboles, o el abrazo a un niño, tendremos un estado permanente de dopamina que no será superexcitante, pero que, sin duda, será maravilloso. Por ello, para este 2024 os deseo mi tipo de “con su mismo”; es decir, aprender a disfrutar de lo que ya tenemos.