Opinión

A vueltas con la política energética

La angustiosa escalada inflacionista, determinada por el incremento de los precios de los productos y servicios, así como de las materias primas, es en gran parte consecuencia del incremento de los costes energéticos que, desde hace más de un año y medio (mucho antes de la guerra contra Ucrania) soporta el tejido empresarial.

La angustiosa escalada inflacionista, determinada por el incremento de los precios de los productos y servicios, así como de las materias primas, es en gran parte consecuencia del incremento de los costes energéticos que, desde hace más de un año y medio (mucho antes de la guerra contra Ucrania) soporta el tejido empresarial.

Como resultado de ello, la capacidad adquisitiva, es decir, la riqueza de las familias aragonesas, así como el desarrollo económico de nuestras pymes, micropymes y autónomos, se está viendo mermada de forma drástica.

Si hubiera que buscar la razón y el origen a este incremento de costes y su derivada inflacionista, no cabe ninguna duda, en base a la lógica de los hechos, que esta es debida a la errática transición del modelo energético, que plantea reducir las emisiones de dióxido de carbono en plazos imposibles implantando por el camino nuevos impuestos y tasas verdes, así como derechos de emisión. El resultado de todo ello ha supuesto un alza obscena de los precios finalistas de la energía, que acaban pagando los de siempre: autónomos, pymes y especialmente los consumidores.

En esta coyuntura de cambio urgente de modelo se ha renunciado a realizar una planificación que determine un mix energético eficiente para España, es decir, que pondere fuentes de energía que, en su conjunto, sean baratas, accesibles, estables y respetuosas con el medio natural.

Desde el inicio de esta legislatura, que ahora está a punto de terminar, VOX ha sido el único partido que ha defendido la soberanía energética como criterio básico sobre el que cimentar toda la planificación energética a implementar en ritmo realista, no excluyendo ninguna fuente energética que, ponderadas en la medida adecuada, asegurara las cuatro características citadas.

En Aragón, Javier Lambán, haciendo seguidismo de las políticas erráticas de Pedro Sánchez, recogidas en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), pretende que el territorio aragonés se convierta en el mayor parque temático de molinos de viento y placas solares de Europa en menos de siete años y todo ello, sin la planificación adecuada.

El futuro de Aragón, de seguir la línea marcada por Sánchez, dista mucho del pronosticado por Lambán, el pasado 18 de enero en la jornada “Aragón con Luz propia”, donde anunciaba que “tendremos unos beneficios inconmensurables, del que se beneficiarán los consumidores, se abaratará el coste de la energía y permitirá un desarrollo sin precedentes como factor de atracción de inversiones para Aragón”.

La realidad actual, que marca el camino del futuro de Aragón, pasa por un Plan Energético caducado (el actual está vencido desde 2020) que deja al albur normativo el emplazamiento de macroparques; por la inexistencia de una normativa eficaz para la implantación de comunidades energéticas locales (la única constituida en Luco de Jiloca lleva dos años sin posibilidad de suministrar energía); por la imposibilidad (en base al PNIEC) de explotar recursos energéticos subterráneos, como son las reservas encontradas de Helio e Hidrogeno natural entre Barbastro y Monzón; y por un planeamiento de transportar la energía generada en Aragón, en base a un fuerte impacto ambiental y paisajístico, a las regiones colindantes, con mayor peso demográfico e industrializadas, como lo prueban las proyectadas líneas de Muy Alta Tensión (MAT), a las cuales en VOX nos hemos opuesto, presentando por ejemplo alegaciones al proyecto que vierte electricidad en Valencia obtenida en la provincia de Teruel, a través de una línea de 188 kilómetros proyectada por FORESTALIA.

Solamente a través de una normativa que permita la explotación de todas las fuentes de energía disponibles (incluyendo la nuclear), que reduzcan la dependencia del exterior y por tanto las fuertes fluctuaciones de precios; solamente con una estrategia de cambio de modelo energético que sea consciente de la realidad de las familias, autónomos y pymes para fijar plazos amplios y creíbles de adaptación, que no plantee añadir mayor presión fiscal con nuevos impuestos y tasas verdes, y que no sobrepondere las fuentes de energía renovables en el mix energético, ya que estas carecen de estabilidad de flujo, acercando además la generación de energía a los consumidores finales, para evitar pérdidas y efectos dañinos, favoreciendo, por tanto, el autoconsumo y la implantación de comunidades energéticas locales, puede ser beneficiosa para Aragón y para el resto de España.

Con todo ello, en VOX proponemos reconducir la realidad actual de la política energética que asegure energía estable y precios baratos a medio plazo, pensamos que todo lo que no vaya en esta dirección, no es más que ensoñaciones en arcadias increíbles, como la que propone Javier Lambán, que acaban en la ruina de la inflación y en la pobreza para Aragón.