Opinión

La lucha contra el terrorismo machista debe ser eje prioritario en cualquier agenda política

"El 7 de noviembre de 2015 confluiremos en Madrid miles de personas de todo el Estado, convocadas por el Movimiento Feminista, para manifestarnos contra las violencias machistas". Así comenzaba la moción que muchos ayuntamientos aprobaron en 2015, referida a la marcha estatal contra las violencias machistas. La marcha fue un gran éxito de convocatoria. Los medios la definieron como un multitudinario clamor.

"El 7 de noviembre de 2015 confluiremos en Madrid miles de personas de todo el Estado, convocadas por el Movimiento Feminista, para manifestarnos contra las violencias machistas". Así comenzaba la moción que muchos ayuntamientos aprobaron en 2015, referida a la marcha estatal contra las violencias machistas. La marcha fue un gran éxito de convocatoria. Los medios la definieron como un multitudinario clamor.

En el momento que escribo este artículo, en 2016 han sido asesinadas 37 mujeres, víctimas de la violencia machista. Otros datos hablan de 42 asesinadas. En cualquier caso, cifras intolerables.

El terrorismo machista debe ser cuestión de estado, algo prioritario. Son asesinatos sistemáticos de una parte de la población. Si las víctimas de este tipo de asesinatos formaran parte de otro tipo de colectivo, nuestras instituciones y nuestra sociedad tendrían un nivel de convulsión muy superior. 

El pasado 29 de octubre en el Congreso hubo un minuto de silencio por las muertas en 2016 víctimas de la violencia machista. Bien, perfecto. Pero habrá que ver cómo encara el PP esta nueva legislatura, porque en la anterior, con su política de austericidio, la prevención de la violencia machista no fue ajena a los recortes, y el dinero destinado a la misma se redujo de forma brutal, igual que el destinado al programa de igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres.

Francisca Verdejo, jueza especializada en violencia machista, afirma que nos tenemos que acostumbrar a utilizar el término terrorismo machista. Hay que tratar esos crímenes como actos de terrorismo, se trata de delitos públicos. 

La nuestra es una sociedad patriarcal, con unos clichés claramente asentados. La violencia machista no podría desarrollarse en una sociedad basada en la igualdad. Vemos cómo los estereotipos se acuñan desde la infancia en el ámbito familiar y de socialización, y vienen incentivados desde los medios de comunicación y la publicidad. España es el único país europeo que no tiene un consejo de control audiovisual, y los medios hacen muy poco caso de las estipulaciones de la ley. 

Respecto a la infancia y adolescencia, es fundamental lo que viven en su entorno social y familiar, y lo que transmiten los medios. Aunque en la escuela se eduque en igualdad, si en casa, en el entorno más próximo y en los medios de comunicación y publicidad lo que ven son estereotipos, desigualdad y violencia, difícilmente se puede trabajar contra el machismo de una forma integral.

Las tecnologías audiovisuales y las nuevas formas de transmisión de la información y la comunicación hacen que elementos ajenos sean más importantes en la forma de asentar valores personales y colectivos. Añadiendo ingredientes distintos a modelos antiguos de violencia.  

Debemos trabajar por una sociedad donde las personas no sean objeto de exhibición y consumo, donde no se trate a la mujer como objeto de uso, disfrute y abuso. Una mujer no es propiedad de nadie, es sujeto de derechos, y no puede ser maltratada, ninguneada, objetivada, asesinada.

El 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, recordaremos esta forma de violación de los derechos humanos y en los balcones de muchos ayuntamientos volverán a colocarse las pancartas contra las violencias machistas. Es una llamada de atención, un símbolo. Pero la lucha contra la violencia y la desigualdad tiene que abordarse de forma integral. Debe ser transversal y un eje prioritario en cualquier agenda política.