Ternasco, el manjar que alimenta a los quebrantahuesos que habitan en las montañas de Aragón

El Ternasco de Aragón es uno de los sellos de la calidad gastronómica de la comunidad que destaca por su carne jugosa y sus propiedades
Montañesa y Hueso, la pareja de quebrantahuesos del Ecomuseo de Aínsa. Foto: Cooperativa Pastores
photo_camera Montañesa y Hueso, la pareja de quebrantahuesos del Ecomuseo de Aínsa. Foto: Cooperativa Pastores

El Ternasco de Aragón es uno de los sellos de la calidad gastronómica de la comunidad que destaca por su carne jugosa, sus propiedades y sus múltiples posibilidades a la hora de cocinar. Sin embargo, lo que muchos no saben es que no solo los humanos se alimentan de ternasco, sino que también es el suplemento alimenticio de los quebrantahuesos que habitan las montañas del Pirineo. Gracias a un acuerdo entre la Cooperativa Pastores y la Fundación para la Conservación de los Quebrantahuesos, desde 2018 hasta 2022 se han repartido 50.000 kilos de huesos entre los comederos de Ordesa, Aínsa y La Garcipollera (Jacetania), a los que acceden estas aves, y la mayoría provienen del Ternasco de Aragón.

En la comunidad hay un total de 92 parejas de quebrantahuesos, una población que se ha duplicado en los últimos 20 años gracias a las labores de la Fundación. La peculiaridad de estas aves es que se alimentan de huesos, principalmente de ovino, lo que les aporta una proteína llamada osteína. Son capaces de tragar hasta cuatro o cinco patas de golpe y gracias a sus potentes jugos gástricos pueden digerirlas y convertirlas en unas deyecciones que se conocen comúnmente como tizas, ya que se puede pintar con ellas.

LOS QUEBRANTAHUESOS PUEDEN INGERIR HASTA CINCO PATAS DE CORDERO

Estas aves llevan los huesos o las articulaciones más grandes, como las partes traseras, a las pedreras de las montañas para romperlas y directamente ingerirlas. Sin embargo, con el alimento que consiguen de forma natural no es suficiente, por lo que se han habilitado tres comederos repartidos a lo largo del Pirineo aragonés. Entre ellos se reparten unos 200 kilos semanales de huesos.

Principalmente se dividen en tres tareas, una es la alimentación suplementaria de parejas reproductoras que habitan por todo el Pirineo y luego para los dos comederos. Hay uno en Aínsa y otro en Ordesa, que es uno de los más importantes de Europa porque allí se aglutina la mayor densidad de quebrantahuesos de prácticamente todo el continente”, ha indicado Juan Antonio Gil, secretario de la Fundación.

UN ATRACTIVO TURÍSTICO: EL ECOMUSEO Y VISITAS GUIADAS A LOS COMEDEROS

Además, los quebrantahuesos se han convertido en un atractivo turístico muy importante en el Pirineo aragonés. Desde la Fundación impulsaron la creación del Ecomuseo de la Fauna Pirenaica en Aínsa que recibe unos 25.000 visitantes al año. Allí se puede conocer mucho más sobre estas aves y observar especies únicas que no pueden ser devueltas a su espacio natural debido a problemas como fracturas irreparables en sus alas. Este es el caso de Montañesa, que vive en cautividad junto a Huesos a esperas de que, en un futuro, puedan tener crías y preservar la especie.

El Ecomuseo de Aínsa atrae a más de 25.000 visitantes al año. Foto: Fundación para la Conservación de quebrantahuesos

Otro atractivo turístico son las visitas guiadas a los comederos, que se realizan en grupos reducidos y atraen a unos 1.900 visitantes cada verano. “Nos sorprendió porque para nosotros es algo cotidiano ver aves necrófagas, pero cuando empezamos con este programa vimos la aceptación y ahora es un atractivo turístico de primera índole. Hace una cuadratura muy buena de economía circular porque es un matadero local, con producto de la zona que se vende en restaurantes de aquí y a la vez se fomenta el ecoturismo y la preservación de la especie”, ha indicado Óscar Díez, presidente de la Fundación.

Hay visitas guiadas a los comederos de aves necrófagas del Pirineo. Foto: Fundación para la Conservación de quebrantahuesos

Como próximo paso, desde la Fundación están trabajando en proyectos de reintroducción, para que los quebrantahuesos vuelvan a las zonas donde estuvieron históricamente como el Sistema Ibérico, el Sistema Central o la Cordillera Cantábrica. “Lo ideal es crear pequeñas poblaciones para no tener todos los huevos en la misma cesta, por ejemplo, ante un problema vírico, así que en eso estamos trabajando”, ha concluido Díez.