Más que collares y pulseras: un taller de bisutería como desafío al tiempo y la soledad

La profesora del taller, Pilar Sanz, con una gran vitalidad a sus 80 años enseña a otras mujeres mayores a crear bisutería con el objetivo de impulsar un envejecimiento activo entre risas, aprendizaje y nuevas amistades. Rosa, Pili o Marifé no solo estimulan su creatividad, sino que también encuentran la fórmula para vencer el aburrimiento y regalar unas sonrisas.
15 mujeres mayores que se reúnen cada martes para realizar el taller de bisutería en el Centro de Convivencia para Mayores de Pedro Lain Entralgo.
photo_camera Un total de 15 mujeres mayores se reúnen cada martes para realizar este taller

Para Maricarmen acudir al taller de abalorios supone pasar un buen rato con sus amigas, reírse, aprender y dejar de lado las preocupaciones. Gloria, sentada unos asientos más allá, se cansó de las clases de pintura y decidió aprender una nueva disciplina, desde ese momento ya han pasado tres años. Para las mellizas Marifé y Esperanza las horas de taller son una razón para salir de casa y dejar de ver la televisión. Y así hasta 15 motivos distintos de un total de 15 mujeres mayores que se reúnen cada martes para realizar el taller de bisutería en el Centro de Convivencia para Mayores de Pedro Laín Entralgo. Aunque hay que reconocer que todas coinciden en que lo que más las motiva “es pasar un rato agradable en compañía”.

Sobre la mesa se pueden observar cientos de complementos de bisutería como anillos con piedras brillantes, pulseras de colores o colgantes de formas ambiciosas, eso sí, no hay ninguno igual a otro. También hay miles de cuentas de diferentes colores y tamaños, accesorios de decoración, y más de 100 folios con los modelos que pueden seguir. En definitiva, todo lo necesario para dejar volar la imaginación (o inspirarte en alguna idea de otra compañera) y crear nuevas joyas para la colección personal, bajo las directrices de la veterana profesora.

“Pili, creo que me he equivocado”, “Ven aquí, Pili” o “¿Me puedes ayudar en esta parte?” son las frases habituales a las que está acostumbrada la profesora del taller, Pilar Sanz, puesto que todas sus alumnas reclaman su ayuda. “Voy a tener que ir a sacar turno”, bromea una de ellas. Pilar realizó un curso de bisutería en el que descubrió que “se le daba muy bien” y pensó que debía enseñar a otras personas, y ese pensamiento la ha llevado a enseñar a personas mayores durante veinte años. A sus 80 años continúa esta labor con la vitalidad, las ganas y la ilusión de una persona joven.

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Evitar la soledad, conocer nuevas caras y estimular la memoria son algunos de los beneficios que tiene la clase.

PROMOVER LA PARTICIPACIÓN DE LOS MÁS MAYORES

Es precisamente esa vitalidad lo que impulsan los Centros de Convivencia para Mayores como el de Pedro Laín Entralgo, cuyo principal objetivo es promover el envejecimiento activo de las personas mayores. Pilar y las participantes de este taller reconocen que es una manera de obligarse a sí mismas “a salir de casa y mantenerse activas”. Evitar la soledad, conocer nuevas caras y estimular la memoria son algunos de los beneficios que tiene la clase, explica su profesora. La única condición es estar jubilada o ser mayor de sesenta.

El taller de abalorios es tan solo uno de los muchos que existen en estos centros. Las actividades se organizan según el área que desarrollan, como comunicación y cultura en la que los mayores tienen clases sobre historia aragonesa o teoría musical, el de expresión artística engloba actividades como bailes de salón, pintura, teatro o patchwork, y salud y calidad de vida trabaja la relajación, la memoria o la psicomotricidad.

Lo ideal es que las personas se apunten a una actividad de cada área para poder cumplir con ese “envejecimiento activo”. Es el ejemplo de Esperanza que, además de acudir semanalmente al de abalorios, está apuntada al de memoria en el que “vuelve al instituto” para aprender sobre materias que creía olvidadas como la prehistoria o los ríos de España.

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Estos son algunos de los collares, pendientes y pulseras que crean en el taller.

APRENDER UNOS DE OTROS

El taller de bisutería es todo un triunfo del centro, Pilar asegura que todos los años se apuntan tantas personas que muchas quedan en la lista de espera, incluso acuden de barrios más alejados como es el caso de las mellizas que viven en San José. La profesora atribuye el éxito a que “la convivencia es extraordinaria” y al “compañerismo” que hay entre todas las mujeres, siempre “aprenden unas de otras”.

Para algunas es el primer año realizando esta actividad artística como es el caso de Pili, que siempre tuvo “el gusanillo de aprender bisutería” y a sus 65 años lo ha cumplido. Aunque su energía no acaba en el taller, puesto que está apuntada también a bailes en línea, sevillanas, yoga y alemán. Esperanza ha terminado aquí porque su hermana, a quien le encanta la joyería, la animó a realizarlo con ella, y aunque a veces le cuesta, confiesa riéndose que su hermana le echa una mano siempre. Marifé, quien lleva cuatro años apuntada, está viviendo una segunda juventud porque “cuando mis hijos eran pequeños no podía hacer nada, ahora que son mayores vuelvo a tener tiempo para mí”.

Más de cinco años lleva viniendo Rosa cada semana cargada, como si se fuera de excursión, con un pesado maletín lleno de accesorios para crear nuevos complementos. Aunque la verdadera razón de que no se haya cansado nunca es que se ríe “muchísimo” porque “cuando una hace una broma, la otra la sigue, y así nos lo pasamos genial”. Y la verdad es que no miente, pues el ambiente de la sala está lleno de risas.

Pese a que las sonrisas son las protagonistas de la tarde, todas aseguran que el secreto para que los complementos queden bien es tener “mucha concentración y, sobre todo, paciencia”, aunque “tener una buena vista ayuda muchísimo”.

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Gloria no confecciona nada que no vaya a usar, por eso llega todos los días ataviada con diferentes conjuntos a juego.

Sin embargo, la gran incógnita es ¿qué hacen con tanta joyería tras tantos años creándola? La respuesta es simple: las regalan. Rosa, que en casa podría poner una tienda de colgantes, las va regalando a sus hijos y Pilar coincide en que es una gran ventaja no tener que comprar regalos para sus amistades. En cambio, Gloria no confecciona nada que no vaya a usar, por eso llega todos los días ataviada con diferentes conjuntos a juego, en esta ocasión lleva un collar y una pulsera de piedras blancas y negras.

Actividades y talleres como este animan a personas mayores como Lourdes, Maricarmen, Gloria, Pilar, Marifé, Rosa, Esperanza… y una larga lista de personas a levantarse del sofá y a vencer el aburrimiento mientras pasan un rato divertido, se relacionan y conocen gente nueva. Sobre todo, contribuyen a mantener un espíritu joven pese a los problemas físicos que sufren por la edad. Pili manifiesta que estos centros los ayudan bastante porque “al ser sin coste” todos se pueden permitir hacer múltiples actividades que en otros sitios no podrían.