Manuel Duplá, comerciante de sellos: "La magia de escribir con puño y letra no la tiene un mail"

Acaba de cumplir 82 años pero sigue la misma rutina que cuando abrió la persiana de su tienda por primera vez en el ya lejano diciembre de 1975
Manuel Dupla
photo_camera Manuel Duplá ha coleccionado sellos desde niño. Fotos: Andrés García

Manuel Duplá es afortunado. No todo el mundo puede dedicarse a lo que ama y además, continuar haciéndolo pasada la edad de la jubilación. Mientras sus amigos llevan casi dos décadas jubilados, Manuel, que acaba de cumplir 82 años, sigue la misma rutina que cuando abrió la persiana de su tienda por primera vez en el ya lejano diciembre de 1975. Muy activo, continúa trabajando de lunes a sábado incluidos los meses de agosto. Puede presumir de atesorar cientos de anécdotas fraguadas en el interior de su filatelia situada en la calle Espoz y Mina 34 de Zaragoza, un local lleno de historias, de desorden ordenado y, por supuesto, de sellos.

PREGUNTA.- ¿Cuáles son los orígenes de este negocio?
RESPUESTA.- Empecé a vender algún sello en 1960, con 18 años. Ya llevaba tiempo coleccionando, era una afición que me encantaba. Posiblemente me influyó mi padre, que ya coleccionaba y me gustaba observarlo. Al principio, yo no pensaba que me fuera a dedicar a esto de lleno, porque estudiaba Medicina y creía que ganar dinero vendiendo sellos sería algo esporádico. Pero vi cómo el negocio iba creciendo y con el tiempo acabé dedicándome de lleno. En 1975 abrimos la filatelia donde está ahora, con la ayuda de Ana, mi mujer. Y aquí seguimos.

P.- ¿Cómo empezó su colección filatélica?
R.- De niño, como tantos otros de mi generación. Entonces era muy frecuente coleccionar, puesto que todas las cartas llevaban sellos que se despegaban poniéndolos en agua. En mi caso recuerdo que mi padre me regaló unos sellos y un clasificador, que aún conservo. Y aquello me hizo crecer la curiosidad. No me imaginaba lo que me iba a influir en mi vida.

P.- ¿Es una tradición que se ha ido transfiriendo de generación en generación?
R.- Sí. Empezó con mi padre como aficionado, él nunca comerció. Yo, sin embargo, llevo como comerciante 64 años, y de mis tres hijas la pequeña trabaja aquí conmigo. Así que está claro que somos una familia de filatélicos. ¡Y quién sabe si con los años alguno de mis nueve nietos quiera coger el testigo!

tienda
Este negocio se ubica en la calle Espoz y Mina número 34

P.- ¿Cuáles son sus sellos más preciados?
R.- A lo largo de los años han pasado por mis manos ejemplares muy valiosos, otros muy raros, incluso uno del que solo se conocía en su momento el que yo tuve. A la mayoría de los coleccionistas nos gusta ver y conocer piezas especiales. Sin embargo, yo no atesoro esos sellos de gran valía, recuerde que soy comerciante. He sido feliz teniéndolos un tiempo, investigando sobre ellos y vendiéndoselos a algún cliente muy interesado. El sello del que le hablaba es una pieza extremadamente rara de España del año 61, sin dentar. En realidad eran dos sellos sin separar, como si fueran siameses. Comencé a indagar y en ese momento era una estampilla desconocida, no aparecía en ningún catálogo ni ningún experto lo había visto nunca. Sabíamos que no era una falsificación, y me lo acabó comprando un coleccionista de Madrid que posee sellos únicos y al que le encantó.

P.- ¿Cómo sabían que era auténtico? ¿Cómo distinguen las falsificaciones?
R.- Después de tantos años, distingo un sello falso en cuanto lo veo. Pero no solo yo, cualquiera que entienda de filatelia. Se percibe por el tipo de papel, que no es el mismo; la impresión, que es mucho más tosca... hay muchos detalles. Además, los sellos que tienen un valor determinado, a partir de 800 euros aproximadamente, se venden con un certificado de autenticidad. Existen comisiones que certifican que un sello es auténtico. Yo fui parte de la comisión de Madrid durante años. Y siempre aconsejo a quien me pregunta que pida certificado si quiere comprar un sello de determinado valor.

P.- Entiendo que no es lo mismo que un sello pueda tener un gran valor sentimental a que un sello pueda tener un gran valor monetario o histórico. ¿Cuáles serían los más destacados de su colección en este sentido?
R.- Yo no puedo valorar económicamente como más caro un sello porque a una persona le haya gustado, eso es algo subjetivo. Y eso es diferente a que un ejemplar despierte más interés por la dificultad de encontrarlo. En mi caso, de entre todos mis sellos destaco los que me quedan de la época de mi padre, por su valor afectivo.

P.- En sus escaparates también pueden verse monedas. ¿Cuándo decidió que su negocio abarcase también este campo?
R.- Son dos negocios muy parecidos. Llevaremos más de 30 años con monedas, aunque no soy tan especialista en numismática como en filatelia. Las monedas no me atraen tanto como los sellos. A mí me gusta la dificultad de encontrar un sello, el reto de hallar una pieza especial. Pero personalmente a las monedas no les encuentro el mismo encanto cuando son piezas raras, porque depende enormemente del estado de conservación para que valgan más o menos. El sello bueno tiene siempre que estar impoluto.

sello
Por las manos de Manuel Duplá han pasado sellos de todo el mundo

P.- ¿Tiene sellos o monedas con un valor histórico significativo para Zaragoza o, incluso, para Aragón? ¿Cuáles son y cuál es su historia?
R.- Los primeros sellos relacionados con Aragón son los de la serie dedicada a Goya, del año 1930, que tiene un valor de unos 200 euros. También hay una dedicada al Pilar, en 1940, emitida al acabar la guerra, que vale entorno a los 600 euros. Se hicieron 84.000 ejemplares, pero eran tan caras que el propio gobierno debió de destruir una gran cantidad porque no tenían salida. Por eso ahora hay muchas menos y eso les confiere un valor especial. También hay una serie dedicada a Fernando el Católico en plena guerra civil.

P.- En plena era digital, ¿qué magia sigue teniendo todo aquello que tiene que ver con las cosas hechas a mano?
R.- En realidad, los sellos siempre se han hecho con máquinas, en imprentas del Estado. Pero está claro que los sellos evocan el correo postal de antaño, recibir una carta que llegaba de lejos y que tardaba en llegar, escribir unas líneas de puño y letra… la magia de todo aquello no la puede tener un mail, por muchas ventajas que ofrezca la comunicación digital. Por mis manos a lo largo de los años han pasado sellos de todo el mundo y los temas no pueden ser más variados. Con la filatelia se aprende de historia, de política, de geografía, de arte… La filatelia, hoy en día, es un hobby igual que a quien le gusta coleccionar minerales, leer o viajar. Llevo décadas diciéndolo, para mí siempre ha sido una afición. En realidad, la gran afición de mi vida.