Ladridos que salvan vidas: los perros de alerta médica que acompañan a diabéticos y epilépticos

Estos perros adiestrados por la empresa zaragozana Canem son capaces de prevenir con veinte minutos de antelación una subida o bajada de azúcar o con un par de minutos, un ataque epiléptico
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photo_camera Los perros de alerta médica de Canem están entrenados para detectar con antelación las subidas o bajadas de azúcar en personas con diabetes y los ataques epilépticos en personas con epilepsia

Milka y Forque son mucho más que mascotas, animales de compañía o miembros perrunos de la familia. Estos dos caninos son superhéroes de cuatro patas capaces de salvar vidas gracias al desarrollado olfato que poseen. Milka, una labradora, y Forque, un Jack Russel Terrier, son perros de alerta médica entrenados por la empresa zaragozana Canem para detectar con antelación las subidas o bajadas de azúcar en personas con diabetes y los ataques epilépticos en personas con epilepsia.

Hace once años, Lidia Niecuesa y Paco Martín decidieron fundar Canem con el objetivo de adiestrar cachorros de alerta médica para las personas que necesitasen una atención médica más continuada como sucede en las personas diabéticas y epilépticas. Desde entonces han adiestrado a 262 perros para un total de 12 países como Colombia o México. Y a su vez crearon la Fundación Canem para apoyar económicamente a aquellas familias que no se pudieran permitir el coste.

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Han adiestrado a 262 perros para un total de 12 países como Colombia o México

Canem educa a los perros a detectar el olor que desprenden los pacientes ante los cambios de glucosa que se producen en su cuerpo a causa de la diabetes o ante la liberación de neurohormonas minutos antes de un ataque epiléptico.

TRANQUILIDAD EN UN LADRIDO

Unos pocos ladridos y una mirada fija son las señales que hace Milka para alertar a su dueña, Melanie Gallardo, de que en unos veinte minutos aproximadamente va a sufrir una subida o bajada de azúcar. Tiempo de sobra para que Melani compruebe sus niveles y se suministre la insulina o hidratos de carbono según requiera la situación.

Me fio más de mi perra que de mi sensor”, asegura Gallardo. La paciente de Diabetes tipo 1 cuenta que siempre ha sido muy propensa a sufrir bajadas durante la noche mientras duerme, una situación que era difícil de evitar antes de tener a su perra. Sin embargo, Milka la despierta durante la noche para avisarle. Durante el día le alerta todas las veces que sean necesarias sin límite. “Hay casos de perros en los que alertan 18 o 20 veces al día”, puntualiza Nicuesa.

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Milka y Melanie recorriendo el mundo juntos

La madre de Melanie instó a su hija a obtener un perro de alerta médica cuando esta se iba a estudiar un año a Alemania porque se sentía inquieta por si a Melanie le pasaba algo estando sola. Desde ese momento ya son nueve años los que Milka ha acompañado a Melanie. La perra trajo consigo la tranquilidad de los que la rodean porque es “una garantía de que no te va a pasar nada, ya que se ha comprobado que mi perra no falla”, indica. “Puedes viajar tranquilamente a donde sea porque vas seguro”. Así, Melanie se la ha llevado consigo a recorrer todas las ciudades a las que ha viajado.

“Te da mucho margen de actuación, te permite confiarte en momentos en los que normalmente estarías muy alerta y te deja descansar mejor por las noches”, añade Nicuesa.

EL TOQUE QUE EVITA SUSTOS

Canem se encarga también de adiestrar perros para prevenir con unos pocos minutos de antelación los ataques epilépticos. De esta forma, los pacientes “evitan el golpe y se ponen en una posición segura” y “avisan a sus familias de que les va a dar un ataque”, expresa Lidia Nicuesa. Una situación que aporta tranquilidad al entorno familiar, puesto que ya que saben qué les va a pasar.

Marc Campo es un joven de 16 años con una epilepsia generalizada y otra poco común conocida como “epilepsia al susto”. Esta última se caracteriza por dar ataques epilépticos cuando Marc se asusta, ya sea por algún ruido, un estornudo, un golpe u otra causa. Xavi, su padre, cuenta que, gracias a la medicación, ambos tipos de epilepsia están controlados.

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Cuando Marc se asusta, Forque avisa a sus padres para que comprueben cómo se encuentra

Sin embargo, su perro, Forque, trajo la calma a casa de los barceloneses hace cuatro años cuando aún no estaba tratada la epilepsia al susto. Cuando Marc se asusta, Forque se encarga de avisar a sus padres o a cualquier persona que se halle cerca para que comprueben cómo se encuentra porque, en ocasiones, “ha perdido el equilibrio y la consciencia”, indica su padre. Lo peculiar es que avisa dando con el morro en la pierna de manera insistente o en cualquier parte del cuerpo, puesto que si ladra, Marc se asusta. Enseñarle a no ladrar fue uno de los retos de Canem con este paciente porque nunca les había tocado adiestrar a un perro en estas circunstancias.

El perro detecta el olor de Marc ante un caso de epilepsia al susto incluso a 300 metros de distancia de él, por lo que los padres de Marc pueden relajarse y dejar que el joven juegue solo en el jardín.

ADIESTRAMIENTO

El proceso de adiestramiento lo realiza Paco Martín durante tres o seis meses en la sede principal de Canem ubicada en Zaragoza (poseen otra en Barcelona). Primero se encargan de adoptar un perro de la raza Jack Rusell Terrier y familias de acogida se encargan de darle “amor” y “cuidarlo” con todos los gastos pagados cuando no está en Canem.

La psicopedagoga y fundadora de Canem, Lidia Nicuesa, cuenta que el primer paso para adiestrar a los cachorros es tan básico como enseñarles a “comportarse bien, sentarse o tumbarse”. Una vez lo consiguen, llega una de las fases más importante, la del olor. En ese momento, Canem les enseña en un laboratorio el olor que desprenden los pacientes antes de los ataques y a cómo avisar. Posteriormente, salen a la calle “con el objetivo de que sean capaces de identificar los olores y avisarnos, que sean capaces de discriminarlo, sean cuales sean las distracciones”, pues muchos perros tienen que trabajar en lugares públicos, ir en un tranvía o autobús.

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Canem les enseña en un laboratorio el olor que desprenden los pacientes antes de los ataques y a cómo avisar

Cuando termina este proceso de adiestramiento, el paciente y su familia tienen que acudir a la sede para que les enseñen las pautas que deben seguir para que el perro mantenga lo aprendido. “Simplemente, tienen que tener una buena relación con el perro. Suena obvio, pero al final son familias que viven situaciones complicadas derivadas de sus patologías y hay que sumarle el estrés de tener perro”, manifiesta Nicuesa.

Les ayudan a incorporar horarios de salida a la calle, a entender cuando el perro quiere jugar, cuando debe trabajar y a programar los descansos porque “no se puede olvidar de que se trata de un perro de asistencia, que primero es perro y luego de asistencia. Es decir, te suma, pero lo que no se puede olvidar nunca es que es perro. Implica compartir tu vida con un animal y estar dispuesto a darle todo lo que necesita”, indica.

FUNDACIÓN CANEM

Obtener un perro de alerta médica de Canem cuesta en torno a 5.000 euros. Por este motivo, los precursores decidieron crear también la Fundación Canem con el objetivo de becar perros para familias con dificultades económicas. La Fundación se encarga de recaudar fondos, normalmente privados, para que salga una convocatoria de becas. Esa convocatoria puede ser de becas totales o parciales si no se ha podido reunir el dinero suficiente como para hacer un proyecto completo.