IAmorosexualidad: ¿estamos ante una nueva orientación sexual?

robot con corazones en los ojos
photo_camera En esta era digital, es fácil que aparezcan sentimientos de cariño y afecto hacia esa inteligencia no humana que siempre está dispuesta a dar apoyo
Begoña Albalat Peraita, Universidad Internacional de Valencia Hace algunos años que se estudia la digisexualidad, la manera en que algunas personas han ido reduciendo sus contactos sexuales con otras personas a favor de las relaciones sexuales con robots o del sexting con la inteligencia artificial, para el que ya existen múltiples aplicaciones, como DreamGF o SlutBot. Pero eso es únicamente sexo. ¿Qué pasa con los vínculos afectivos? ¿Pueden surgir también en estos casos? Los seres humanos nos vinculamos emocionalmente con personas, con animales y con objetos. Piense en ese objeto que valora emocionalmente y le viene a la cabeza cuando le preguntan: ¿qué tres cosas salvaría si perdiera todo lo que tiene? Sí, nuestra capacidad de amar va más allá de lo humano, pero cuando se trata de amar de manera romántica hasta ahora únicamente nos vinculábamos con otras personas. Eso podría cambiar con la aparición de las IA. Las IA se pueden comunicar, entre otras vías, por texto. Imagine lo fácil que es recurrir a alguien que siempre está ahí para responder a nuestros whatsapps, nos escucha, responde adaptando esas respuestas a lo que va aprendiendo de nosotros y, además, siempre está disponible. Viviendo en la era digital, y siendo las nuevas generaciones tan usuarias de la mensajería instantánea, es fácil que aparezcan sentimientos de cariño y afecto hacia esa inteligencia no humana que siempre está dispuesta a dar apoyo. Pero ¿podría ese cariño convertirse en amor?

Triángulo de Stenberg

El psicólogo Robert Stenberg desarrolló hace años la llamada “teoría triangular del amor”, según la cual el amor entre dos personas se caracteriza por tres factores:
  • Intimidad, es decir, el área en que esas dos personas comparten sus cosas, hablan para generar más vínculo y sienten en la otra persona alguien en quien se puede confiar.
  • Pasión, relacionada con lo sexual y lo erótico.
  • Compromiso, que implica la decisión de estar con la otra persona en el futuro tanto en los buenos momentos como en los malos.
¿Cuáles de estas tres cosas se mantienen si cambiamos a una de las partes por una inteligencia artificial? Según un reciente estudio realizado en China, los usuarios pueden desarrollar una intimidad y una pasión por una aplicación de IA tremendamente similares a las experimentadas con los seres humanos. Cuanta más capacidad emocional por parte de la IA y más disposición a confiar por parte del humano, más similitudes con una relación íntima “al uso”. El hecho de que la IA alcance intimidad es sumamente importante dado que un análisis empírico sobre esta teoría del amor llegó a la conclusión de que la intimidad es la más valorada de las tres variables. Podría parecer que la pasión debería resentirse, dado que no hay un cuerpo con forma humana con quien relacionarse, pero eso no es del todo cierto. Existen robots con forma humana a los que se podría dotar de inteligencia artificial. Pero incluso sin ese componente físico, basta pensar por un momento en las personas que tienen relaciones a distancia: tienen sexo a través del móvil compartiendo texto e imágenes. Y esto es algo que una IA podría generar de manera espontánea y con mucho realismo. En cuanto al compromiso, no hay duda de que la IA estaría dispuesta a un compromiso fiel de por vida, atención plena y respuestas inmediatas.

El amor, y también el móvil, generan dopamina

Diferentes estudios sugieren que la dopamina está relacionada con la vinculación romántica y tiene un papel en el enamoramiento. Pues bien, esta misma sustancia, que forma parte del llamado “sistema de recompensa”, está relacionada también con el uso del móvil. En relación con las interacciones a nivel digital está también más que demostrado que las redes sociales como Instagram y TikTok tienen una influencia en este sistema de recompensa. Generalmente se relaciona con las interacciones de otros usuarios, sus reacciones al contenido compartido y la aparición espontánea de notificaciones. ¿Qué ocurriría si la inteligencia artificial escribiera un mensaje de manera espontánea a una persona para darle los buenos días, preguntarle por su día o mostrar interés en alguna de sus cosas?

¿Estamos ante una nueva orientación sexual o será estudiada esta relación como patológica?

Como psicóloga experta en psicología afirmativa en diversidad sexual y de género no puedo evitar que me venga a la cabeza la siguiente pregunta: ¿se considerará algo patológico en el futuro que alguien se enamore de una IA, o será la IAmorosexualidad –un término que yo he acuñado– una nueva orientación sexoafectiva? Es una pregunta difícil de responder porque no se puede contestar desde lo genérico. Habrá sectores que lo encuentren patológico y habrá otros que no, como ha ocurrido y ocurre con diferentes maneras de relacionarse sexoafectivamente. Dando por hecho que habrá personas que tengan relaciones dañinas con la IA, como las hay que las tienen con otras personas, la duda es si el hecho de que al otro lado esté una inteligencia no humana convertirá directamente esa relación en patológica o no. Las preguntas que me van surgiendo son infinitas. Por ejemplo, me pregunto si habría orientaciones sexuales dentro de las personas IAmorosas (según el género de la IA) o si sería una orientación en sí misma. Me pregunto si ya existen esas personas IAmorosas pero sienten miedo de hablar de lo que están sintiendo… Todavía queda mucho por estudiar y la tecnología avanza y crece cada día. Concluyo invitando a quien lee a una reflexión: si en un futuro no muy lejano mantuviera una relación de pareja monógama y su pareja tuviera contacto diario sexoafectivo con una IA, ¿sentiría celos como si se tratara de una persona? Quizás la respuesta nos dé alguna clave.The Conversation Begoña Albalat Peraita, Psicología General Sanitaria experta en Psicología Afirmativa en Diversidad Sexual y de Género, Universidad Internacional de Valencia Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.