El Erzo dice adiós tras 67 años de "taperío": "Mi padre abrió una ventana y yo cierro la puerta"

El próximo 31 de marzo, este bar situado la calle Santa Catalina de Zaragoza bajará la persiana para siempre tras 67 años de fiel servicio
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photo_camera El bar se encuentra en la calle Santa Catalina

Su tostada de pasta de roquefort con jamón lleva haciendo las delicias de los fieles parroquianos del Erzo algo más de 40 años. Podría decirse que es la especialidad de la casa, pero entre tanta vitrina y tanto "taperío" de todos los colores y sabores a Ernesto Zorrilla, dueño del local, le resulta muy difícil decantarse por uno. Aunque la tostada de pan de hogaza con jamón y tomate sea de lo más apetecible. Este jueves por la mañana en este bar de la calle Santa Catalina de Zaragoza todo parecía igual, clientes se saludaban con camareros, camareros con clientes y los cafés, vinos o cervezas y las aceitunas, la tortilla picante y los boquerones ocupaban las mesas. Sin embargo, un jueves más era un jueves menos para este bar zaragozano que el próximo 31 de marzo bajará la persiana para siempre tras 67 años de fiel servicio.

Lo hace, primero, porque "ya va siendo hora de cerrar" y también por una falta de camareros que a Ernesto Zorrilla le hace "estar en dos o tres cosas a la vez". "Lo he hecho durante toda la vida y lo volvería a hacer, pero ahora ya estoy cansado, va siendo hora de tomarse un respiro", cuenta. Fue su padre, Ernesto Zorrilla Cervantes quien abrió el local hace ya 67 años en lo que antes era la calle de Los Sitios y ahora es Josefa Amar y Borbón. En 1977 el Erzo se trasladó a la calle Santa Catalina y allí pueden presumir de llevar 47 años siendo referencia en tapas y pinchos. Y es que sencillamente fueron pioneros en ese arte gastronómico.

"Tuvimos nuestra revolución de taperío porque en ese momento, en los 80, pudimos advertir cómo la gente estaba cambiando, que eso de tomarse un vinito solo y ya está ya no se llevaba. Entonces decidimos innovar y tuve la idea de ofrecer tapas en abundancia aparte de calidad y vistosidad, claro. Jugué con la calidad y ya desde ese momento pues aquí estamos triunfando", cuenta. Recuerda que mucha gente se sorprendía entonces por la cantidad de vitrinas y tapas que descansaban en la barra del Erzo. "Pensábamos que podíamos mover a la gente si arriesgábamos y si ofrecíamos algo diferente. Hacer, en definitiva, lo que ya pasaba en otras ciudades como San Sebastián", cuenta.

"Vosotros sois nuestra historia", se puede leer en uno de los letreros del bar. Y en esa historia de más de siete décadas hay un buen puñado de clientes fieles a los que la noticia del cierre solo les pudo apenar. "Cuando lo comunicamos en las redes hubo gente que se creía que íbamos a hacer una fiesta aquí en el bar, pero cómo vamos a meter aquí a 300 personas", bromeaba Ernesto. Por eso, están optando por despedirse poco a poco de cada uno de esos clientes que casi casi son familia. Si bajamos la mirada, una vitrina rebosante de montaditos de tortilla brava, ensaladilla rusa, manzana con queso, bonito encebollado o piquillo con ajo hacen a la idea de lo que trabajan en el Erzo.

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Ernesto Zorrilla es dueño de este local que bajará la persiana para siempre 

"Creo que no ha habido ni una sola tapa que no haya sido un éxito. Si las hemos dejado de hacer es porque nos hemos cansado y nos aburríamos ya de esa receta pero siempre han triunfado entre la clientela", cuenta el propietario. Sin relevo generacional, pues su hijo Sergio (que ahora es camarero en el bar) se dedica profesionalmente a la escritura y quiere seguir su carrera literaria, Ernesto no venderá ni traspasará el bar porque "para malvenderlo y que te den cuatro pesetas por un negocio que me he currado como un campeón prefiero cerrarlo y ya está". ¿Y qué hará después de una vida tras la barra? "No tengo ni idea, descansar sí, eso seguro, y si puede ser en la playa mucho mejor. Tendré que fijarme a ver en lo que hace la gente por la calle", reconocía entre risas.

De todos estos años se llevan "el cariño de la gente y la buena acogida que hemos tenido siempre. La gente baja al centro y sabe dónde está el Erzo y los que no saben dónde está sí que han oído hablar de él. El boca a boca también hace mucho y, por ejemplo, los recepcionistas de los hoteles de alrededor nos recomiendan. Hemos conseguido ser un bar de referencia en las tapas", culmina.